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Juan José Arreola, el último juglar

Visitaba los estados de México. No llevaba guion, siempre improvisaba. Era un juglar que transmitía sueños y verdades convertidos en orfebrería de palabras.

Juan José Arreola, el último juglar

Juan José Arreola, el último juglar

RAÚL ADALID
RAÚL ADALID

Todas las noches, allá por 1979, veía por televisión el programa Vida y voz. El mago hechicero era el gran escritor y actor Juan José Arreola. Yo tenía diecisiete años. En ese tiempo no era más que un vago lagunero que anhelaba terminar cuanto antes la prepa para irme a Ciudad de México a estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación.

Un día mi papá me invitó a ver el programa; me dijo: “Ve a este viejito, a lo mejor te gusta”. Aun siendo yo tan vago e inculto —“naco”, como decía mi gran maestro Raúl Zermeño—, el señor me llamó la atención. Su manera de hablar y gesticular, su grandilocuencia, su mecer de rizada cabellera en el máximo exabrupto emocional, me cautivaron. Fue una flauta hindú que hechizó a la desaforada serpiente. Cada noche, mi padre y yo lo vivíamos. Él me gritaba: “¡El viejito!”, y eso significaba que ya iba a comenzar.

Arreola me habló de Segismundo. Me arrebató sin entender. Solo intuía aquel monólogo de protesta del gran príncipe polaco: “¡Ah!, mísero de mí, apurar cielos pretendo”. Arreola me hizo entender el término cultura: es aquello que se siente, es la vida, no datos que se aprenden de memoria, decía poco más o menos el poetaactor de Zapotlán el Grande, Jalisco. Arreola me hizo amar Zacatecas “y la gala rizada de sus nubes”, como lo dijo en su visita al Cerro de la Bufa.

Aquel programa fue mágico. Recuerdo que en ese momento pasaba a lo lejos, por las montañas, el tren Ciudad Juárez-México. La cámara se posó en el ferrocarril y se escuchó a Arreola en total éxtasis sublime, recordando al poeta jerezano López Velarde, decir: “Y tu tren que recuerda a esos de las jugueterías”. La estrofa del poema “Suave Patria” fue dicha en el momento justo. El tren, a esa distancia, se veía como una pieza de juguetería.

Arreola visitaba los estados de México. No llevaba guion, siempre improvisaba. Era un juglar que transmitía sueños y verdades convertidos en orfebrería de palabras. Cuando fue a España, con su musa compañera de programa, Rosenda Monteros, el bardo actor se desbordó en La Mancha, en la Universidad de Salamanca, en Ávila, en un recuerdo místico mayor al de la gran Santa Teresa. En la supuesta casa de Dulcinea, Arreola dijo: “Todos somos el Quijote y todos somos Sancho, y qué bueno, Sancho, que nunca le rompiste la ficción a tu señor”.

El recuerdo vivo de Juan José vino porque ayer terminé de leer Memoria y olvido de Juan José Arreola, una antología de entrevistas hechas por el escritor Fernando del Paso a Arreola en Guadalajara. El autor del libro transcribió 36 horas de grabación para reunir las páginas que hablan de la niñez y juventud del talentoso jalisciense.

Arreola fue una inspiración para mí. Esa mezcla de actor y escritor me hizo seguir su camino, no a la sombra, sino a la luz de aquellos lúdicos y subyugantes programas que mi padre y yo tanto disfrutábamos. Después de aquellas inspiraciones literarias, teatrales y de la vida, la carrera de Ciencias de la Comunicación fue vista de lado y mi camino se dirigió hacia la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro, en la gloriosa Universidad Autónoma de México.

Gracias siempre, Juan José; fuiste un Prometeo en el camino de un atisbado ciego en busca de luz.

El pasado 21 de septiembre, Juan José hubiera cumplido 108 años. Un hecho, una palabra, una inspiración, pueden cambiar tus decisiones para siempre. Así es el llamado de la vocación del ser humano.

Debo agregar que un día, allá por 1990, vi a Arreola en el Sanborns de Reforma y Tíber. Desayunaba en una mesa de gabinete. Mi asiento estaba a su espalda.

Desayunábamos compartiendo retaguardias. Al verlo de frente, me sonreí; no supe qué decirle. La imagen en vivo era demasiado fuerte. Quizá preferí aquella de tantos sueños y ficciones donde él ya me había confesado tantas y tantas cosas.

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