EL ESTRÉS EN EL QUE VIVIMOS
En la vida tan acelerada que nos ha tocado vivir, y que promete ser peor en cuanto a andar siempre de prisa, esto producto de las actividades que cada quien realice, aunado a las enormes distancias que tenemos que recorrer para desplazarnos a nuestro trabajo o escuela, sumémosle, además, la competencia por conseguir un espacio en la vida, el afán de reconocimiento por nuestra labor, las jornadas extenuantes en los trabajos y escuelas, la enorme competencia a la que todos nos enfrentamos ante quien desarrolla nuestra misma actividad, las enfermedades, la falta de oportunidades, etc.
Todo esto nos lleva a buscar situaciones, deportes o pasatiempos que nos sirvan para liberarnos, en la medida de lo posible, de la ansiedad, del mal humor, de la depresión, del miedo… Es decir, del estrés.
Hay quienes tienen afición por los deportes, a otros les gustan las bellas artes, otros más coleccionan objetos, a otros les gusta la música, hay quienes disfrutan de la buena comida y del buen vino con los amigos, pero todas estas actividades y otras más tienen en común, para quienes las llevan a cabo, liberar o disminuir sus niveles de estrés.
A últimas fechas se ha demostrado, con exámenes de la presión sanguínea -que es la primera que se altera ante situaciones de estrés-, que al tener una mascota, como puede ser un perro o un gato, ya sea para pasearlo o bien con el simple hecho de su compañía o el contacto con él, cuando lo acariciamos o acicalamos, hace que cuando menos un poco nos baje la presión.
Todo aquel que tiene una mascota y que tiene el hábito de convivir con él o ella sabe a lo que me refiero.
Si tuvimos un día pesado, en el que hubo muchas actividades o eventos en los que las cosas no nos salieron bien, y lo único que queremos es que el día acabe para descansar, y si en ese momento, al final del día, sacamos a un largo paseo a nuestro perro, el ánimo que tendremos al terminar será muy diferente y más relajado, pues aparte del ejercicio tan necesario, sumado a la presencia y contacto de nuestro perro, será suficiente para cambiar para mejor, cuando menos un poco, nuestro estado de ánimo.
Otras personas refieren incluso que, al término del día, aún sin sacar a pasear al perro, con el simple hecho de estar con él un buen rato, abrazándolo, acariciándolo o hablándole, es suficiente para sentirse mejor y ver los mismos problemas que traía antes de estar con su perro, pero ahora desde un ángulo más positivo.
Lo importante siempre será tratar, cada uno en la medida de lo posible, de manejar de la mejor manera y con la actividad favorita escogida por cada persona, los niveles de estrés, ya que al hacerlo estaremos invirtiendo en nuestra salud, pues nuestro cerebro libera endorfinas naturales que nos hacen sentir placer.
Estas, por supuesto, sin ningún costo y sin el riesgo de una mala adicción. Ahora que, si en esto nos ayuda algún perro o gato, pues qué mejor.
Y ahora, para terminar, una gota de filosofía:
Lucha por lo que quieres. Valora lo que posees. Conserva lo que tienes. Olvida lo que te duele y disfruta con los que te quieren.