Siglo Nuevo Reportaje Arte Nuestro Mundo

Reportaje

La conquista del sueño: los efuerzos por comprender a la mente dormida

Es importante explorar los múltiples rostros del sueño contemporáneo y su poder subversivo frente a un mundo que ya no permite el lujo de "perder el tiempo" durmiendo.

Se le llama realismo onírico a la experiencia de percibir sensorialmente, de forma vívida, lo que ocurre en un sueño. Imagen: Unsplash/ Mohammado Shokoofe

Se le llama realismo onírico a la experiencia de percibir sensorialmente, de forma vívida, lo que ocurre en un sueño. Imagen: Unsplash/ Mohammado Shokoofe

ABRAHAM ESPARZA VELASCO

Recuerdo que visité un lugar abandonado donde había objetos antiguos, un sinfín de figuras de apariencia religiosa y for mas labradas en madera que se veían con una gran nitidez porque a aquella estructura laberíntica le llegaban rayos de luz. El espacio era enorme y misterioso, pero no era peligroso, sino que invitaba a explorarlo con una sensación de quietud y completo silencio. Las imágenes oscurecidas por el tiempo gozaban de una belleza que jamás había experimentado. Cada pieza contenía la historia de un mundo inexistente que se perdió al despertar.

Más de una tercera parte de nuestra existencia la pasamos durmiendo, en el terreno del sueño. Transcurrimos décadas enteras en realidades que no recordamos, sin saber que esta segunda vida podría ser definitoria.

EL SUEÑO AUDIOVISUAL

Estrellas de mar, frascos, escaleras y figuras huma nas difusas y sin rostro pasean por habitaciones en blanco y negro que se llenan de un silencio pacífico. Aparecen frases como “estamos perdidos en la eter niebla” o “no estás soñando”, que, por el contrario, nos hacen pensar que sí lo hacemos. Estas son algu nas imágenes de los cortometrajes que conforman la antología El retorno a la razón (1923), del surrealista Man Ray, un poema visual repleto de texturas, efectos lumínicos, vidrios deformados por la lente y luces y sombras que viajan por la pantalla. El con junto de tomas construye ambientes y sensaciones en vez de estructuras narrativas legibles.

“Los sueños son las primeras películas que vemos” es una frase atribuida a Luis Buñuel y citada por el catedrático Román Gubern, quien concluye que el sueño muta dependiendo de la época, lo que nos hace pensar que en los tiempos del cine mudo, las personas soñaban frecuentemente en blanco y negro. Tal vez por eso en el artículo Cine y surrealismo (1925), el teórico Jean Goudal afirmó que “el blanco y negro es más onírico que el color”.

La creación de universos imaginarios, la sus pensión temporal de la incredulidad y el escape de la realidad son características de los sueños, pero también del cine. Tanto al dormir como al ver una película nos alejamos del mundo que nos rodea, apa gamos las percepciones exteriores y, básicamente, nos entregamos a imágenes que el cerebro percibe vívidamente.

Christian Metz, pionero de la semiología del cine, indica en El significante imaginario (1977) que la experiencia cinematográfica posee una estructura comparable al sueño, donde el espectador desarrolla formas de identificación similares a las de la vida onírica y, en general, asimila las convenciones narra tivas para creer la historia que se le presenta, por lo menos de forma temporal.

Ningún movimiento artístico gozó de tanta idoneidad para unir al séptimo arte con lo onírico como el surrealismo, que prometía liberarse de la lógica para realizar asociaciones inconscientes de ideas. Un perro andaluz (1929), cortometraje de Luis Bu ñuel y Salvador Dalí que se ha vuelto crucial para definir esta corriente, se caracteriza por renunciar a la narrativa lineal para producir rupturas espacio temporales.

Fotograma de Un perro andaluz (1929), de Luis Buñuel y Salvador Dalí.
Fotograma de Un perro andaluz (1929), de Luis Buñuel y Salvador Dalí.

En Materia y memoria (1986), el filósofo francés Henri-Louis Bergson concibe la conciencia como un cúmulo de imágenes que se recuperan de las experiencias vividas. Los sueños, para el teórico, implican una liberación parcial de las exigencias de la percepción cotidiana y, por esta razón, toman elementos de la memoria, los cuales se organizan de manera inesperada.

El cine, en comparación con el sueño, tiene la capacidad de presentar una subjetividad, memorias y un tiempo específicos, propuestos por los autores. A través del filme, guionistas y directores comparten vivencias y ángulos de las mismas que no pueden ser experimentados de otra forma, según explica Gilles Deleuze en La imagen-movimiento (1983). Esto nos permite ver a través de los ojos de alguien más.

Al ver una película, el espectador actúa, según el sociólogo Edgar Morin, como participante y no como receptor pasivo, por lo que se proyecta e identifica y, en general, experimenta las emociones y vivencias de los personajes: ama y sufre con ellos en una especie de sueño colectivo que materializa imágenes nacidas de la imaginación.

El cine, para Morin, es un “sueño industrializado” y presenta escenas con una intensidad y presen cia no vista en otras artes. La cercanía y realismo logrados por factores técnicos como la fotografía y los efectos especiales equipara al séptimo arte con la experiencia onírica o, incluso, con la real.

La imagen en movimiento se asemeja, según el sociólogo, a los juegos de sombras y reflejos con que los seres humanos representaban a los muertos en la antigüedad. Y es que las imágenes tienen un valor antropológico que las relaciona con el pensa miento mágico, ya que conservan una parte de la presencia de las personas, espacios o espíritus que representan. Hoy en día seguimos queriendo preservar una impresión, ilustración o fotografía como un gesto simbólico que hace que, de alguna forma, nos pertenezca aquello que retratan. De la misma manera, pareciera que nuestra mente se aferra a personas, lugares o momentos cuando los soñamos.

Los procesos humanos son sociales, biológicos y racionales, pero también imaginarios, puesto que lo simbólico, lo narrativo y lo fantástico constitu yen parte crucial de su subjetividad. Sin embargo, no conformes con los relatos orales primigenios, hemos desarrollado la tecnología para construir experiencias cada vez más inmersivas y cercanas a lo alucinatorio.

Capturas del videojuego experimental 2:22AM, que 
utiliza una estética de error digital para evocar la sensación de irrealidad de los sueños. Imágenes: Umbrella Isle
Capturas del videojuego experimental 2:22AM, que utiliza una estética de error digital para evocar la sensación de irrealidad de los sueños. Imágenes: Umbrella Isle

LA ENSOÑACIÓN DIGITAL

Si bien el cine no siempre fue fácilmente accesible para los espectadores, pronto llegó a la televisión, que no permitía una sensación inmersiva tan mar cada debido al tamaño reducido de la pantalla. Además, las tomas fijas características de las primeras series televisivas eran mucho más simples que el lenguaje visual del séptimo arte, lo que reducía las posibilidades narrativas.

Hoy las pantallas están en muchas más manos y las imágenes que emiten muchas veces utilizan valores cinematográficos. El formato audiovisual es más cotidiano que en cualquier otra época, y ha evolucionado de modo que actualmente incluye la capacidad de decisión y de acción por parte del es pectador, como es el caso de los videojuegos o de la realidad virtual.

Según la psicóloga e investigadora del sueño Jayne Gackenbach, los videojuegos están relacionados con la experiencia onírica más de lo que imaginamos. Al parecer, la simulación de mundos virtuales funciona de manera similar a la mente dormida, dando como resultado que los jugadores más acérrimos tengan más probabilidades de tener sueños lúcidos y de controlar su cuerpo en ellos.

Se le llama realismo onírico al momento en que un sueño se vive de modo verosímil en todos los sentidos, evocando sensaciones físicas, emociones, pensamientos y otros estímulos que nos hacen creer que estamos en la vida real. Sin embargo, la forma en que se presenta este tipo de sueños, irónicamente, muchas veces no es realista. Es decir, el durmiente puede sentir que de verdad está volando, percibiendo detalladamente todo lo que ello implica, cuando eso sería imposible durante la vigilia.

En una actualidad caracterizada por lo hiperreal —donde las simulaciones de la realidad (como la mayor parte del contenido que hay en Internet) se vuelven más importantes, convincentes o influyen tes que la realidad misma—, la representación de los sueños también encuentra caminos que, comprensiblemente, se alejan de esta tendencia.

Por ejemplo, 2:22AM es un videojuego que aprovecha sus gráficos poligonales y estética del error digital, mejor conocida como glitch, para plantearse como una experiencia onírica. Propuesto como un umbral desde la vigilia, el sueño en 2:22AM presenta espacios de transición o liminales, que evocan la sensación de estar perdido, y utiliza imágenes vaporosas, grano de película, estática de televisión y otros elementos para mantener un relato dislocado, sin aparente lógica pero con un propósito sensorial. Alejado de la narrativa convencional, este videojue go experimental no contiene diálogos o villanos, y se desarrolla en primera persona, sin un desenlace que explique lo que acabamos de presenciar.

Las estéticas de Internet están profundamente marcadas por un efecto nostálgico o, más aún, por la llamada anemoia, neologismo que define una nostal gia sentida por un momento que no se vivió.

El sueño es una experiencia completa que difícilmente logramos evocar al despertar, un momento difuso en el que apenas recordamos ha ber estado. La estética dreamcore une esa sensación difusa con la anemoia al utilizar grano de película, ecos, baja fidelidad, gráficos poligonales y asociaciones poco lógicas que construyen escenarios de naturaleza intrigante y extrañamente reconfortante.

Esta estética, una de las tantas existentes en la vastedad de Internet, surgió en el año 2020, cuando colectivamente teníamos pesadillas del fin del mundo debido a la pandemia por covid-19.

Gracias a una recopilación de sueños realizada por la doctora Deidre Barrett (The Science of Men tal Health, 2020), se concluyó que durante aquellos meses de confinamiento se extendió la fase REM (de movimientos oculares rápidos al dormir) de muchas personas, provocando sueños más vívidos, pero también repletos de situaciones ansiosas y metafóricas relacionadas con la pandemia: desde aglomeraciones de gente y ausencia de espacio personal hasta ataques de insectos, invasiones de zombies o la caída de un meteorito.

Representando la ensoñación digital contemporánea, el dreamcore nació en un momento de crisis mundial para fabricar sueños menos cargados de ansiedad, más contemplativos, pero sin dejar de lado el componente extraño. Espacios vacíos, objetos descontextualizados, paisajes imposibles, colores vaporosos y una atmósfera que combina lo nostálgico con la inquietud componen esta estética.

La magia inherente del dreamcore recae en que presenta lugares reconocibles, como escuelas, parques infantiles, centros comerciales, pasillos y habitaciones, pero con un toque ilusorio. El efecto brumoso transforma los espacios y nos devuelve el reflejo difuso de un mundo anterior, uno que ya se ha quedado atrás, en un pasado analógico, lo que genera esa sensación nostálgica tan característica de esta estética. Es como si no hubiera bastado tener la tecnología más avanzada y realista para representar los sueños, sino que era necesario volver a la familiaridad de un pasado digital deliberadamente irreal.

El dreamcore transmite una paz poco común que invita al escapismo o el refugio emocional y, además, configura una ambigüedad que genera interés.

Hoy las personas sueñan diferente, puesto que han visto un sinfín de imágenes digitales con estéticas diferentes y han alimentado su propia mente dormida con ellas. El sueño de la era digital es uno repleto de texturas y dinámicas que no podría imaginar alguien de los tiempos del cine mudo.

El dreamcore es una estética que se caracteriza por evocar una reconfortante nostalgia a través de atmósferas vaporosas, tonos cálidos y lugares familiares, pero transformados por la imaginación. Imágenes: Instagram: @anotherworldcore
El dreamcore es una estética que se caracteriza por evocar una reconfortante nostalgia a través de atmósferas vaporosas, tonos cálidos y lugares familiares, pero transformados por la imaginación. Imágenes: Instagram: @anotherworldcore

LA PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA

“En mis sueños recientes estoy en una casa —que no conozco— que se hace un laberinto y paseo por sus interminables pasillos, invadido de una sensación de paz”, relata el entrevistado León C. Los lugares laberínticos son frecuentes en la experiencia onírica. Habitaciones, pasillos y escaleras suelen estar presentes como metáforas de la trastienda de la mente humana, que se ramifica y complejiza de maneras infinitas. Es en el psicoanálisis que lo onírico tocó de forma notable, por primera vez, el terreno de la ciencia, teorizándose como material residual de la vigilia y, por lo tanto, como un elemento simbólico y analizable.

Lo reprimido en la vigilia, es decir, todas esas emociones, vivencias y deseos que se dejan de lado en pos de seguir las normas sociales, se relega al inconsciente y, entonces, regresa en los sueños, pero tomando otras formas.

De acuerdo con el psicoanalista Sigmund Freud, los sueños son una “vía regia hacia el inconsciente”, un camino privilegiado para acceder al material que ha sido reprimido y enviado a la parte profunda de la psique, el cual expresa deseos que no pueden manifestarse de forma consciente.

Según el psicoanálisis existe un contenido manifiesto en el sueño, es decir, el relato que se puede vislumbrar y que se recuerda al despertar, y un conte nido latente, conformado por deseos, conflictos y significados ocultos relacionados con anhelos infantiles, problemas afectivos o temores profundos. El trabajo del sueño transforma todo el contenido latente en manifiesto, condensando y desplazando información, o trayendo a flote lo reprimido (La represión, 1915).

En el sueño aparecen manifestaciones de terrenos indómitos para el individuo, como síntomas neuróticos, lapsus lingüísticos, actos fallidos, fantasías recurrentes e incluso comportamientos compulsivos.

Se puede decir, entonces, que existe un lenguaje onírico. Según el psiquiatra Jacques Lacan —quien reformuló la teoría freudiana—, el inconsciente y el sueño pueden leerse como metáforas, metonimias y desplazamientos simbólicos. Para él, el sueño está constituido por producciones del inconsciente que no deberían entenderse únicamente como procesos psicológicos, sino como operaciones lingüísticas y relaciones entre significados y significantes. Lejos de comunicarse a través de símbolos estables, la psique dormida se expresa mediante una red de asociaciones completamente personales.

El proceso mediante el cual se construye una ima gen fusionando varios significados se conoce como condensación. Lacan la entiende como una metáfora en la que un término sustituye a otro produciendo un nuevo significado y abarcando, simultáneamente, varios conceptos que mantienen una relación entre sí. Por ejemplo, un personaje que soñamos puede condensar rasgos de un padre, un maestro o hasta el jefe del trabajo al mismo tiempo, constituyendo un significado sobre cómo entendemos la autoridad.

El gran Otro, un concepto característico de Lacan, designa estructuras simbólicas, como el lenguaje y la cultura, que hacen posible la vida social y que aparecen en los sueños como situaciones en las que el individuo se confronta con lo que otros esperan o quieren de él. Por lo tanto, cuando soñamos algo relacionado con el reconocimiento, la identidad o el deseo, se trata de un relato que tiene que ver con tensiones externas o sociales.

A veces lo real irrumpe en el terreno onírico, por ejemplo, las experiencias traumáticas o que nos han marcado profundamente por su importancia. Para buscar un significado en los sueños, habría que sepa rar lo imaginario y lo simbólico, pero más importante aún, habría que determinar cómo lo imaginario y sim bólico se relacionan con estas irrupciones de realidad

La neurociencia, sin embargo, da la espalda a lo teorizado por el psicoanálisis en el campo de lo onírico. Los estudios más recientes indican que los sueños tienen un papel vinculado a la consolidación de la memoria, las emociones y la información en ge neral, es decir, funcionan como un filtro de todos los estímulos que se experimentan durante la vigilia. Esta perspectiva implica que, al dormir, el cerebro arroja escenarios aleatorios sin construir ningún significado preciso ni profundo. Por lo tanto, para la neurobiología los sueños no son más que una mane ra de repasar estímulos y adaptarse a ellos.

Los sueños lúcidos se consideran un tipo de metaconciencia, es decir, la capacidad de reflexionar sobre un estado mental propio mientras este ocurre. Imagen: Unsplash/ Alex Shuper
Los sueños lúcidos se consideran un tipo de metaconciencia, es decir, la capacidad de reflexionar sobre un estado mental propio mientras este ocurre. Imagen: Unsplash/ Alex Shuper

LA LUCIDEZ ONÍRICA

man, se convierten en nubes y se pierden entre la bruma de lo irreal. Un niño recibe una predicción en un adivinador de papel: “Sueño es destino”, y comienza a flotar, por lo que se aferra de la manija de un auto; sin embargo, pronto se da cuenta de que no puede sostenerse por demasiado tiempo y vuela en el cielo vasto, admirando el mundo desde arriba. Estas son las primeras imágenes del largome traje animado Despertando a la vida (2001), de Richard Linklater.

Desarrollándose como una recopilación de momentos y discursos, en esta película el protagonista viaja de un relato a otro sin importar que permanece perdido en el cielo. A veces, incluso, desaparece para dar lugar a escenas enteramente enfocadas en personas incidentales, pero vuelve a aparecer cada cierto tiempo y regresa al suelo para recordarnos que este gran sueño es experimentado, al final, por una sola persona. Existe por lo menos esa constante entre esta serie de instantes aparentemente inconexos.

Realizados con rotoscopía, los personajes de Despertando a la vida se nos muestran inicial mente dibujados de manera realista, pero de cuan do en cuando pierden detalles o cambian de color dependiendo de sus emociones; sus trazos se deforman, se convierten en nubes y se pierden entre la bruma de lo irreal.

En esta historia, el protagonista encuentra una especie de mentor que le muestra que sus sueños son lúcidos y que, una vez que pueda reconocer que está soñando, podrá controlarlos.

“Cuando sueño, sean persecuciones o laberintos de los que tengo que salir, o lo que sea que me ponga ansioso, hay un momento en que llego a una playa negra donde las olas, el cielo y la arena son de tonos que no suelen tener las playas rea les… Cuando estoy ahí, siempre puedo recordar que estoy en un sueño; me doy cuenta de que no es real y que estando en esa playa todo está tranquilo”, cuenta Oscar T., quien proviene de una familia con una larga tradición de religiosidad yoruba que le ha permitido una habilidad imaginativa importante.

Los sueños lúcidos constituyen un fenómeno en el que el durmiente se percata de que está soñando y, en muchos casos, adquiere injerencia en su propio sueño, modificando escenarios, tomando decisiones y experimentando con formas de control voluntario.

Los investigadores suelen considerar la lucidez en el sueño como una forma particular de metaconciencia: la capacidad de reflexionar sobre el propio estado mental mientras este ocurre. En los sueños ordinarios, el juicio crítico suele estar reducido, pero en los lúcidos reaparece parcial mente la autorreflexión característica de la vigilia, explica el artículo Ciencias del comportamiento y del cerebro (2000), publicado por la Universidad de Cambridge.

Los sueños lúcidos se pueden provocar. Tadas Stumbrys, neurocientífico e investigador enfocado en este tema, señala métodos como el entrena miento de la memoria, la programación del sueño, la estimulación sensorial en la fase REM o la auto sugestión. Todo lo anterior puede funcionar más o menos bien para inducir la lucidez, dependiendo de la atención, memoria y otros rasgos cognitivos de la persona.

Ir en busca del sueño lúcido implica utilizar la mente de formas poco convencionales. Es por eso que meditar es no solo una manera de desconectar se de la cotidianidad para conectarse con el mundo interior, sino de mantener sana la mente y llegar a la lucidez en el sueño, a la que también se puede llegar eventualmente llevando bitácoras.

De vez en cuando, cuestionar la realidad, observar la forma de los objetos, notar las sensaciones o invocar la pregunta “¿estoy soñando?”, aun cuando estamos seguros de que no es así, es una práctica que puede reflejarse en el territorio onírico, dando como resultado el sueño lúcido.

Lograr esto no es una simple curiosidad anecdótica, sino que implica un mayor control de nuestra conciencia para alcanzar este espacio que algunos presumen puede liberarnos de las limitaciones de la vida cotidiana y llevarnos a construir con la imaginación.

En el mundo científico, la inducción del sueño lúcido promete ayudar a tratar las pesadillas recurrentes del estrés postraumático, reducir la ansiedad y favorecer el autoconocimiento. La filósofa Jennifer Windt, por ejemplo, ha utilizado esta habilidad para investigar la experiencia consciente y la creación de mundos subjetivos.

No es coincidencia que llamemos “sueños” a los cambios de paradigma. Niels Bohr soñó el modelo atómico, Otto Loewi soñó la neurocomunicación, Elias Howe la máquina de coser y Mary Shelley a la criatura de Frankenstein. La mente dormida permite ver el mundo de manera diferente.

En términos prácticos, alcanzar el sueño lúcido implica vivir más allá de la vigilia. Alimentar la ima ginación, leer, ver cine o jugar videojuegos cuya trama gira en torno al sueño o lo surreal son prácticas que funcionan para investir la posibilidad de otros mundos.

El filósofo Juan Evaristo Valls Boix propone despatologizar el cansancio y, en lugar de oponerse a él, entregarse al descanso para desarrollar una imaginación política que permita mejorar las condiciones de vida colectivas. Imagen: Unsplash/ Angelo D Costa
El filósofo Juan Evaristo Valls Boix propone despatologizar el cansancio y, en lugar de oponerse a él, entregarse al descanso para desarrollar una imaginación política que permita mejorar las condiciones de vida colectivas. Imagen: Unsplash/ Angelo D Costa

EL SUEÑO COMO RESISTENCIA

En la película animada Paprika (2006), un hombre ha sido víctima de la intervención de una especie de hackers del sueño y termina lanzándose por la ventana de un rascacielos. La perdición de los personajes en esta obra está en el sueño descontrolado, el que no se distingue de la realidad. Vivir demasiado en lo imaginario significa malograr el mundo real.

La ficción ha imaginado formas de instrumentalizar lo onírico, pero eso no implica que no se esté llevando a cabo un proceso parecido en la vida real. Las alteraciones del sueño son un mal que afecta a una cifra cercana a la mitad de la población.

En ¿Por qué no podemos dormir? (2019), el psicoanalista Darian Leader señala que en las últimas décadas aumentó drásticamente la prescripción de somníferos, la aparición de clínicas del sueño y la utilización de medicamentos para mantenerse despierto. El sueño se ha vuelto un bien de consumo, y la depresión y ansiedad son una consecuencia de la falta de un descanso reparador.

El tiempo de dormir, según Leader, ha sido instrumentalizado y se ha comprimido en un solo blo que nocturno a partir de la era industrial para favorecer la productividad y dar prioridad a las horas de trabajo. Antes del siglo XIX, el sueño era bifásico, es decir, se realizaba en dos “tandas”: generalmente una comenzaba temprano por la noche (alrededor de las 21:00 horas) y la otra iniciaba por la madru gada (alrededor de las 02:00 horas), de acuerdo con investigaciones realizadas por el historiador Roger Ekirch en distintas culturas preindustriales.

Entre ambas fases ocurría un periodo de vigilia de un par de horas que era empleado para realizar diversas actividades, desde tareas domésticas hasta socializar o tener sexo, algo bastante conveniente, ya que para entonces se había descansado lo suficiente y todavía quedaba por delante un buen rato de sueño antes de tener que preocuparse por las labores más arduas del día.

Ekirch también encontró registros de que ese tiempo era utilizado por algunas personas para escribir sus ideas, aquellas que rara vez podían desarrollar durante el ajetreo diurno. Además, en religiones como el cristianismo se solía dedicar al menos una parte de ese periodo para orar.

No obstante, con el advenimiento de la Re volución Industrial, las jornadas laborales se ex tendieron y, al proliferar la iluminación artificial, las personas pudieron quedarse despiertas hasta más tarde para realizar sus actividades fuera del trabajo. Sin embargo, como de todas formas se tenían que levantar temprano para ganarse la vida, comenzaron a juntar ambas fases de sueño en un solo bloque.

Las ciudades y su iluminación también han transformado el sueño en las últimas décadas. Las luminarias cálidas de antaño han sido sustituidas por luces LED blancas que favorecen un estado de alerta constante. Así, el descanso ha sido dejado en un segundo plano para construir un mundo activo 24/7, donde las expectativas de rendimiento producen la sensación constante de estar perdiendo el tiempo, lo que, en última instancia, termina por patologizar la vida cotidiana.

Ante esta realidad, el teórico Juan Evaristo Valls Boix propone la despatologización del cansan cio, es decir, dejar de verlo como algo a combatir y, en cambio, desarrollar la capacidad de parar. En lugar de buscar la emancipación a través del traba jo, argumenta que es en el descanso donde puede surgir la imaginación política para pensar en nuevas formas de vivir colectivamente.

Es inevitable sentir nostalgia —o anemoia— por aquella época en que soñar era un acto libre de las prisas del mundo, pero quizás el mismo sueño ahora sea la clave para resistir los embates de la agitada era contemporánea y comenzar a defender nuestra libertad.

Instagram: @esve_brio

Leer más de Siglo Nuevo

Escrito en: sueño dormir teoría arte

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Siglo Nuevo

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Se le llama realismo onírico a la experiencia de percibir sensorialmente, de forma vívida, lo que ocurre en un sueño. Imagen: Unsplash/ Mohammado Shokoofe

Clasificados

ID: 2497970

elsiglo.mx