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La Cueva de Alí Babá

JUAN VILLORO

El cuartel de la FIFA en Zúrich es una metáfora de sus ocultamientos: dos pisos reciben la luz del día y los otros cinco están bajo tierra.

Estamos ante la versión VIP del crimen organizado. Esto explica a personajes como Chuck Blazer, directivo estadounidense con barba de gambusino y 130 kilos de peso que rentaba en la Torre Trump un departamento de 18 mil dólares al mes y otro de seis mil dólares para sus gatos.

Blazer fungió como secretario general de la Concacaf. En 2015, la investigación del FBI conocida como "FIFAgate" descubrió una red de sobornos por 150 millones de dólares instrumentada por el rollizo representante del futbol en nuestra región. Blazer fue declarado culpable, junto con otros 13 funcionarios, y murió de cáncer en 2017.

Afecta a la opacidad y al control autoritario, la FIFA no ha vacilado en pactar con dictadores. Mussolini, Franco, Videla, Putin, el emir de Qatar y el autócrata Mohammed bin Salman de Arabia Saudita han estado en su lista de amigos.

De acuerdo con el brillante análisis de Quico Toro, politólogo venezolano, la FIFA es un parásito rapaz que explota al cuerpo en que se aloja hasta casi extinguirlo.

Después del escándalo de 2015, Gianni Infantino se hizo cargo de la institución. Acabó con los sobres abultados de dólares que ayudaban a conseguir sedes y encontró una forma más lucrativa de explotar el deporte más popular del mundo. En uno de sus frecuentes gestos delirantes, dijo que se identifica con quienes critican a los poderosos porque de niño fue discriminado por tener pecas. ¿Alguien se conmovió con esta epidérmica relación con la injusticia? Cuando lo criticaron porque los precios de los boletos alcanzan miles de dólares, ofreció llevarle una Coca-Cola y un hot dog a quien los pagara, como si esa magra recompensa sirviera de algo.

Su antecesor, Joseph Blatter, era un gángster refinado que supo aliarse a uno de los mayores futbolistas de la historia, Michel Platini. Infantino, en cambio, es un charlatán que beneficia a la élite dueña del futbol planetario. Quico Toro lo compara con Gordon Gekko, protagonista de la película Wall Street convencido de que "la codicia es legítima".

La FIFA exigió que las sedes de Estados Unidos cancelaran todo evento de relevancia durante un año previo al Mundial y hasta tres meses después. Lo mismo aplica para Canadá. De acuerdo con Toro, Montreal tuvo que cancelar su festival de Jazz y su Gran Premio de automovilismo.

En México, la FIFA opera como una fuerza de ocupación y exigió la creación de un perímetro de "limpieza social" de dos kilómetros en torno al Estadio Azteca que obliga a los habitantes de Santa Úrsula a entrar y salir de sus casas con un salvoconducto. Además del estado de sitio, se impusieron obras para sustituir los adoquines por asfalto. La lluvia, que antes encontraba desfogue en las junturas de los adoquines, ahora causa inundaciones.

México ha hecho una inversión pública de unos 53 mil millones de pesos para el Mundial. De esta suma, 23 mil millones pertenecen a la Ciudad de México. Durante meses padecimos obras para llegar a un Tren Ligero que no funciona, a una estación Hidalgo del Metro decorada con candelabros dignos del palacio de plástico de Juguetibici y a un aeropuerto en el que cada columna se convirtió en un anuncio. Para colmo, las inundaciones revelan que no se destinó lo suficiente para destapar coladeras.

Tomada por los maestros, la capital tiene una ocupación turística de apenas el 60 por ciento. Los grandes beneficiarios del Mundial serán las televisoras y, por supuesto, la FIFA, que cuenta con exención de impuestos en nuestro país. En conjunto, la mafiosa "organización no lucrativa" administrará de 11 mil a 14 mil millones de dólares, que, para efectos fiscales, califican como donaciones.

Infantino viaja en un avión proporcionado por Qatar sin saber qué ofrece a cambio. Uno de sus rasgos más cuestionables es su falsa política de concordia. Inventó un Premio de la Paz para Trump en vísperas del ataque a Venezuela y el bombardeo a Irán, y prohibió la camiseta de Haití días antes del torneo porque le pareció "bélica" (el diseño recordaba a los héroes que enarbolaron la bandera de la independencia). Sólo hay un criterio para los castigos y las recompensas: qué da dinero.

¡Que alce la mano quien quiera compartir la más reciente Cueva de Alí Babá: el palco de "honor" de la FIFA!

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