"A mí no me hablen de perros", dijo Alma, y supimos que sería la única en hablar del tema. Su pasión canina no admite interrupciones. Agradecí que así fuera porque reveló curiosas facetas de la conducta contemporánea.
Empezó por referirse a otra especie. Acababa de leer un artículo con el revelador título de "Ellas los prefieren... neandertales". De acuerdo con un descubrimiento paleontológico reciente, hace 250 mil años mujeres sapiens salieron de África rumbo a Europa y tuvieron la mala suerte de cruzarse con neandertales. Eso explica los rastros de ADN primitivo que perduran en algunos miembros de nuestra especie.
"¡Me casé con un neandertal!", exclamó Alma: "Rodri morirá sin conocer la vida interior". A continuación, describió las virtudes físicas de su ex, que la hicieron perdonar sus carencias y pusieron en duda su propia vida interior.
Gracias a una terapia de pareja, se separó sin otro daño colateral que la pérdida del microondas. Lo más difícil fue establecer la custodia compartida de Matías, border collie de pelaje blanquinegro.
El arreglo resultó ser como los acuerdos de paz en Medio Oriente. Algo podía estallar. Matías regresaba a casa de Alma con mirada esquiva, olfateaba con desconfianza y se orinaba en el pasillo. "No te compliques: busca otro perro", le dijeron amigos incapaces de entender que cada criatura es única e irrepetible.
Los perros de padres divorciados aprovechan que sus amos compiten por su cariño para salirse con la suya. Antes de la separación, Matías tenía prohibido subir a la cama. Al día siguiente, durmió al lado de Alma y poco después pudo hacerlo bajo las cobijas.
En su más reciente libro, Perros y personas: una historia de amor, Julieta García González demuestra que el comportamiento canino es tan variado como el de los seres humanos, pero se distingue del nuestro por su inquebrantable lealtad.
Matías adoraba a Alma, pero algo lo entristecía. ¿Padecía angustia de separación? ¿El divorcio lo afectaría al grado de dificultar el trato con sus crías? Mi amiga entró a una terapia inter-especies y descubrió que proyectaba en la mascota su propia bipolaridad: los días sin perro eran deprimentes y la euforia estallaba al primer ladrido.
La ecuación del divorcio se vuelve de tercer grado con la llegada de otra persona. La nueva pareja de Rodri era una nutrióloga vegana que de modo casi proselitista se llamaba Magnolia. Descubrió que el perro tenía alergias alimentarias y modificó su dieta. Para no quedarse atrás, Alma se esforzó en conseguir proteínas hidrolizadas y botanas hipoalergénicas.
Estuvo a punto de cambiar su propia dieta, pero en la terapia inter-especies entendió que eso significaría competir con la novia de su ex marido. Comió más jamón que nunca (a escondidas de Matías).
Ser moderno es ser enredado. Alma lo comprobaría con su nueva pareja, Carlos Raúl, experto en mecatrónica que había jugado basquetbol y cuyo temperamento rozaba la perfección. "Demasiado bueno para ser cierto", profetizó ella, y tendría razón.
Cansado de diseñar sistemas de automatización electrónica, Carlos Raúl sintió un deseo irrefrenable de acercarse a la naturaleza. Se incorporó a la subcultura therian y estableció contacto con su perro interior: "Soy un chihuahua", le anunció a Alma.
A ella le resultó entrañable que un basquetbolista asumiera la espiritualidad de un ser diminuto, pero Matías odió al humano que se rascaba la cabeza con una pata y aullaba o gruñía en el comedor. El perro imaginario hizo que el perro real perdiera pelos en el tapete.
Alma no quiso rebajarse a hablar del tema con su ex, así es que se rebajó a hablar con Magnolia. La nueva pareja de Rodri asumió la actitud triunfal de quien se da el lujo de ser comprensiva: "Cambia de terapia, amiga", aconsejó. La frase era molesta porque de amigas no tenían nada, pero ciertamente la terapia inter-especies había dejado de funcionar.
Alma se inscribió en un retiro con una entrenadora de perros y participó en sesiones para "amos que quieren ser personas". Ahí supo que ella había provocado la conducta de Matías. "No me gustan los chihuahuas", confesó, y cortó con su novio. Matías recuperó el pelo de inmediato.
Alma pertenece a una época marcada por preocupaciones inútiles. Lo que parecía un problema, representaba una solución.
Dejó de buscar remedios de moda y entendió que el perro era su terapeuta.