Siglo Nuevo OPINIÓN NUESTRO MUNDO TENDENCIAS

Ciencia y tecnología

La dismorfia de Snapchat y la búsqueda del rostro uniforme

Antes, la gente llevaba fotos de celebridades al cirujano plástico. Hoy, llevan sus propias selfies con filtros.

 Imagen Freepik

Imagen Freepik

ALESSA RODRÍGUEZ

La dismorfia de Snapchat (o dismorfia del fil tro) es un término que fue popularizado por el doctor Tijion Esho y documentado por in vestigadores de la Universidad de Boston, quienes advertían que los filtros desencadenan el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC). No se trata sólo de vanidad; es una desconexión psicológica donde la persona ya no reconoce (o no acepta) su rostro real frente al espejo porque no coincide con su versión digital.

LA MATEMÁTICA DE LA “BELLEZA”

Los filtros suelen estar programados basándose en la proporción áurea o un estándar de belleza occidentalizado genérico. Al aplicarlos, se “empujan” los rasgos reales hacia ese molde matemático pro medio. Por eso se borran los rasgos étnicos o únicos: el algoritmo busca la homogeneidad.

Entonces, hay una presión por tener una piel sin poros, pómulos altos, ojos felinos. A este conjunto de atributos algunos le denominaron “cara de Instagram”. Al uniformizar los rostros, se pierden las herencias genéticas y culturales. La nariz aguileña, los ojos caídos o las características raciales se “corrigen” digitalmente, creando una generación que aspira a ser parte de esa homogeneidad asimilada como una “belleza global”.

Para comprender por qué los filtros nos hacen sen tir que nuestra cara real es incorrecta, primero debemos entender qué es lo que la cámara está viendo. No ve una sonrisa o una mirada; ve geometría pura.

La tecnología base se llama visión por computa dora. En milisegundos, la aplicación (TikTok, Instagram, Snapchat) escanea el rostro y proyecta una malla facial 3D invisible sobre él. El software detecta entre 400 y mil puntos de referencia: la punta de la nariz, las comisuras de los labios, el arco de las cejas, la línea de la mandíbula. Una vez anclada esa máscara, no sólo se “pinta” maquillaje encima, sino que utiliza algoritmos de deformación de imagen (warping) para estirar o encoger los pixeles hasta que coincidan con la malla prediseñada del filtro.

Cuando el algoritmo detecta que una nariz es más ancha que el promedio matemático de su base de datos, lo interpreta como una desviación estadís tica —un “error”— y automáticamente la encoge para ajustarla al modelo ideal.

Los filtros hacen desaparecer los rasgos distintivos para hacer que el rostro se adapte a la uniformidad matemática del algoritmo. Imagen Universidad de los Andes
Los filtros hacen desaparecer los rasgos distintivos para hacer que el rostro se adapte a la uniformidad matemática del algoritmo. Imagen Universidad de los Andes

EL BUCLE DE RETROALIMENTACIÓN

El problema técnico se agrava con el algoritmo de distribución de contenido en redes sociales —el feed diseñado “para ti”. Estas plataformas están programadas para maximizar el tiempo de visualización. Estudios han demostrado que los rostros simétricos y de altos contrastes —como los generados por filtros— retienen la atención humana milisegundos más que los naturales. Y hay un ciclo de refuerzo: • El algoritmo nota que las fotos con filtros reciben más likes y atención.

• Promociona más ese tipo de contenido.

• El usuario percibe que ese es el estándar para ser visto y validado.

• El usuario usa el filtro para encajar en el patrón que el algoritmo premia.

NADIE SE SALVA DE LA PRESIÓN

Las figuras públicas que se han consolidado como íconos para la generación Z, tales como Kylie Jenner, Bella Hadid o Ariana Grande, frecuentemente se someten a intervenciones estéticas con el objetivo de replicar la perfección artificial de los filtros. Posterior mente, sus seguidores utilizan dichas herramientas digitales para asemejarse a las celebridades, generando así un círculo vicioso entre la realidad y la virtualidad.

Dentro de este panorama, el caso de Selena Gómez emerge como un ejemplo lleno de matices. Lejos de pro mover estándares de belleza inalcanzables, se posiciona más como alguien que ha tenido que combatir la presión sistémica. Ella ha mantenido una postura de transparencia respecto a cómo el escrutinio público —incluyendo las burlas hacia los efectos del lupus en su cuerpo— han impactado negativamente su salud mental. Incluso ha confesado haber pensado en eliminar Instagram de su dis positivo móvil al sentir que dicha plataforma le generaba un sentimiento de insuficiencia.

No obstante, recientemente se desató una controver sia tras el estreno de su videoclip In the dark, lanzado el 22 de octubre de 2025. Lo que capturó la atención masiva no fue sólo la música, sino la evidente transformación de su rostro: una gran cantidad de usuarios señaló que sus pómulos lucían considerablemente más elevados, su bar billa presentaba una definición y delgadez inéditas, y su estructura ósea general parecía haber sido modificada. Durante más de diez años, Selena Gómez fue cele brada como uno de los rostros más hermosos de la industria del entretenimiento a nivel mundial; sus líneas suaves, mirada cálida y mejillas redondeadas representaban una anomalía refrescante en un mercado que glorifica la angularidad y los contornos afilados. Su cara parecía desafiar la norma imperante, encarnando una apariencia tranquila y carente de artificios, un recordatorio de que la humanidad, sin correcciones ni retoques digitales, seguía siendo bella.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esa misma suavidad que la distinguía fue utilizada en su contra. Las redes sociales hicieron de sus rasgos únicos un blanco de ataques constantes. Comentarios reiterati vos que la tildaban de “parecer una niña” o de “no ser atractiva” fueron creando un clima hostil alrededor de su imagen, logrando que su diferencia fuera percibida como un defecto. Esos comentarios incesantes erosionan el terreno sobre el cual se edifica la autoestima.

Este escenario pone de manifiesto una realidad inquietante: incluso aquellas mujeres que son catalogadas como las “más bellas” del mundo están sucumbiendo ante la presión de modificar su apariencia. El problema de raíz no reside en la cirugía plástica, sino en la narrativa social que desgasta la seguridad personal hasta el punto de hacer que la intervención estética parezca no sólo una opción, sino una salida inevitable.

Los algoritmos están entrenados con bases de datos de rostros considerados normativamente bellos, generalmente rasgos caucásicos, simétricos y jóvenes. Imagen Freepik
Los algoritmos están entrenados con bases de datos de rostros considerados normativamente bellos, generalmente rasgos caucásicos, simétricos y jóvenes. Imagen Freepik

LOS RIESGOS

El impacto psicológico y social que provocan estas diná micas es tan profundo que las personas encuentran cada vez más difícil sentir satisfacción al mirarse en un espejo Imagen: Unsplash/ Sam Moghadam real. Se ha vuelto común valorar más la propia imagen cuando está mediada por filtros digitales que el reflejo crudo y natural que devuelve el cristal.

Las nuevas generaciones no sólo experimentan la tristeza y la frustración de no encajar en los cánones hegemónicos de belleza, sino que esta insatisfacción ha escalado hasta el punto en que los propios padres respaldan y facilitan la decisión de sus hijos de someterse a intervenciones quirúrgicas para transformar su apariencia.

Un ejemplo lamentable y trágico que ilustra la gravedad del asunto es el suceso ocurrido en septiembre de 2024 en Durango. Paloma Nicole, una adolescente de apenas 14 años, solicitó una cirugía plástica como regalo para su celebración de quince años. Desafortunadamente, el procedimiento médico derivó en complicaciones que causaron su fallecimiento, poniendo de relieve los riesgos extremos de normalizar estas prácticas a edades tempranas.

Resulta fundamental comprender que aquello que se proyecta en las pantallas de los dispositivos no es biología real, sino una construcción basada en códigos informáticos y algoritmos. Si bien la tecnología puede funcionar como una herramienta de entretenimiento, esta se torna peligrosa cuando se le permite convertirse en el espejo principal sobre el cual se construye la autoestima y la autopercepción de los individuos.

jusblssd@gmail.com

Leer más de Siglo Nuevo

Escrito en: Snapchat rostros quirófano operación

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Siglo Nuevo

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

 Imagen Freepik

Clasificados

ID: 2440895

elsiglo.mx