Las hostilidades entre Estados Unidos e Irán han vuelto a reanudarse. Era un escenario previsible y no ha sorprendido a nadie. Desde el viernes pasado ha habido múltiples ataques continuos con misiles y drones en medio de diversas acusaciones cruzadas. Las fuerzas estadounidenses estacionadas alrededor del Golfo Pérsico lanzaron tres rondas de bombardeos en contra de instalaciones militares, alcanzando 170 objetivos civiles en las ciudades portuarias en Bushehr, Bandar Abbas, Siria, Deyr y Konarak, luego de afirmar que fuerzas de la Guardia Revolucionaria habían atacado un buque portacontenedores. Las tensiones venían incrementándose en forma ascendente en los últimos días, a pesar de los tenaces esfuerzos de mediación de Omán, Qatar y Pakistán. Irán arguyó que el buque pretendía utilizar una “ruta no autorizada”.
La disputa por el control del estrecho de Ormuz se tornó el asunto más álgido de la confrontación y ha provocado un nuevo cierre de esa ruta marítima por la que circula y se transporta la quinta parte de los hidrocarburos que se comercian en el mundo. Por supuesto, los precios internacionales de petróleo y de los fertilizantes se han disparado de nueva cuenta, así como las primas de seguros del comercio marítimo.
El meollo de esta intrincada disputa, razón de fondo de la prolongación de la guerra, es la administración y el cobro de tarifas o peaje por el cruce de embarcaciones que desde marzo se abrogó Irán (por cierto, con el respaldo tácito de Omán) frente a la “libre navegación” defendida por Washington que estaba vigente antes del 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos desataron el conflicto, después de atacar las instalaciones nucleares en junio de 2025.
Trump pretende erigirse como el “guardián” del estrecho y reclama que EUA sea reembolsado con el 20% sobre el valor toda la carga enviada, en compensación por el conjunto de los costos realizados para llevar a cabo las tareas de seguridad y protección a esta “región tan volátil delmundo”. Trump, declaró que el proceso y la implementación de esta “compensación” comenzaría de inmediato”, sin especificar cómo se implementarán y realizarán estos pagos.
La Organización Marítima Internacional se opone tajantemente a cualquier forma de cobro. La OMI, una entidad dependiente de Naciones Unidas, desconfía abiertamente de las intenciones y ha dicho desconocer el plan de Trump, pero está en contra de cualquier cobro por el paso a través de estrechos usados para la navegación internacional, al no existir una base legal para ello.
Trump ordenó el lunes reimplantar por la fuerza el bloqueo naval a fin de impedir que embarcaciones iraníes o las de sus clientes importadores entren o salgan. Irán ha reiterado que no permitirá “en ninguna circunstancia” que Estados Unidos “interfiera en la gestión del estrecho de Ormuz”. El portavoz del Comando Unificado de Irán denunció que el “repetido aventurerismo y las fechorías estadounidenses” cometidas en la interferencia e indebida gestión del tráfico marítimo en la zona ponen en peligro la seguridad regional, el comercio internacional y dificultan el paso de cientos de petroleros y buques mercantes, para indicar que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta nuevo aviso. Las declaraciones han sido secundadas por nuevos ataques contra una base aérea en Jordania, un centro de mando de drones militares en Baréin al igual que bases aéreas y navales en Kuwait. Los ataques iraníes se han extendido de nuevo a Qatar y a los Emiratos Árabes, que no habían sufrido daños desde abril y mayo.
Hay enormes dudas sobre el futuro del acuerdo provisional firmado el mes pasado, con base en un memorándum de entendimiento, cuyo objetivo principal era abrir el estrecho y poner fin a la guerra, permitiendo un compás de 60 días de negociaciones.
Esta enésima escalada tiene lugar mientras Trump ha decidido —como si fuera un forajido disparando sus revólveres— que las operaciones militares se reanuden, porque según él es posible al mismo tiempo sostener negociaciones con Irán, sin importar si acaso las nuevas hostilidades hacen volar por los aires las bases de cualquier acuerdo digno de tal nombre, llevándose entre las patas a los países vecinos y mediadores, para satisfacción y contento de Netanyahu.
@JAlvarezFuentes