La fuerza xenófoba del ICE
El segundo mandato de Donald Trump ha radicalizado la política migratoria estadounidense mediante redadas masivas, deportaciones récord y el endurecimiento de operaciones del ICE. La narrativa oficial de “seguridad nacional” se pone en tela de juicio al exponerse el costo humano de estas medidas: detenciones de menores, muertes bajo custodia y una polarización que amenaza la estabilidad democrática del país.
Donald Trump volvió por segunda ocasión a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025. Podría decirse que su llegada era inminente tras las movilizaciones en el Capitolio, en enero de 2021, por parte de ciudadanos que reclamaban su vuelta. Incluso un polémico atentado durante su campaña electoral en 2024 impulsó su popularidad.
Su consigna parecía agresiva: buscar la victoria que le habían “arrebatado” los demócratas en las elecciones pasadas con Joe Biden y encauzar a su país bajo el lema “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez), mismo que se propusocumplir desde el día uno de su administración.
Cabe recordar que durante su primer mandato (2017-2021), Trump impulsó una política antinmigrante restrictiva —pero moderada en comparación con la dinámica actual— y siempre acompañada de un discurso asentado en el nacionalismo, la disciplina mercantilista y la xenofobia. Asimismo impulsó cambios regulatorios en cuestiones migratorias y mostró un ensañamiento con la expansión del muro entre México y Estados Unidos, situación que generó un conflicto con el Congreso de su país respecto al presupuesto federal, derivando en un cierre parcial del gobierno en 2018-2019.
Otro ejemplo de este tipo de medidas fue el travel ban, o veto migratorio, que prohibió la entrada a Estados Unidos de ciudadanos musulmanes, mayormente de Irán, Siria, Yemen y Somalia. También hubo separaciones de familias migrantes debido a su política de“tolerancia cero”, así como una reducción de las vías legales para solicitar asilo.
Aun así, siendo francos, el primer mandato de Trump no tuvo el nivel de agresividad con el que iniciaría su siguiente administración, ya que instantáneamente hizo efectivas, a través de órdenes ejecutivas, resoluciones como la cancelación de la plataforma CBPOne —app de apoyo para personas en busca de asilo político— o el inicio de redadas migratorias a nivel nacional que han sido señaladas como “represivas” y “racistas”.
Todo esto ha terminado por resquebrajar su administración. Los resultados de sus decisiones van desde tener que rectificar el actuar violento de agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, por sus siglas en inglés) en lugares que se han convertido en riesgo para la población migrante, como el estado de Minnesota —donde tuvo que intervenir el “Zar de la Frontera”, Tom Homan—, hasta especulaciones sobre la reciente salida de Kristi Noem como secretaria de Seguridad Nacional.

EL ALUMBRAMIENTO DE UNA NACIÓN ENTRE ALIENS
Es indiscutible que el cine estadounidense es una referencia cultural, técnica e histórica a nivel global. Existen grandes clásicos que han incentivado la expansión de narrativas y la creación de nuevos formatos, tal es el caso de Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles; Psycho (1960), de Alfred Hitchcock, o Tiburón (1975), de Steven Spielberg, cinta que acuñó el término de blockbuster. No obstante, fue otro filme, con una estela más oscura y de más antaño, el que dio un gran paso en la evolución del cine, generando un gran impacto social: El nacimiento de una nación (1915). Dicho metraje, autoría de D. W. Griffith, narra los efectos de la GuerraCivil estadounidense y la etapa de la Reconstrucción a través de dos familias, una del Norte y otra del Sur. La película retrata la derrota confederada y presenta la Reconstrucción como un periodo de caos y corrupción.
Hoy es una obra ampliamente criticada por su visión racista, ya que glorifica al Ku Klux Klan, un grupo de supremacismo blanco nacido posterior a la Guerra de Secesión (1861-1865), además de representar de forma estereotipada a la población afroamericana.
En su momento, su estreno fue causante de disturbios en todo el país norteamericano, dejando al descubierto un sentimiento, o complejo, racista o xenófobo que era percibido en la sociedad estadounidense.
Por otra parte, la cultura de nuestro país vecino nos dejaría, a través de la ficción, a diversos aliens famosos que han trascendido en la cultura pop, como E.T., los xenomorfos e incluso Superman. Sin embargo, para Estados Unidos, más que una conspiraciónque podría encontrarse a puerta cerrada en el Área 51, el término alien es la forma en que se designa a un no-ciudadano, es decir, un ajeno o extraño —atendiendo la etimología de la palabra—.
De hecho, un alien es todo aquel que no sea ciudadano o nacional del país americano, según lo define el glosario disponible en la web del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés). Para la política estadounidense, entonces, el alien no es un sujeto que pertenece a cualquier rincón externo a nuestro globo terráqueo, como todos nos imaginamos; para ellos, Estados Unidos es el “globo” y lo alien es todo lo que está fuera del mismo. Esa perspectiva ha devenido en prácticas xenófobas y racistas, mismas que no son un fenómeno aislado ni reciente, ya que responden a procesos estructurales que se remontan a los orígenes mismos de la nación, lo que ha influido en la policía, agencias migratorias y otras instituciones encargadas de “mantener el orden”.
Así se ha llegado al punto en que un presidente (Donald Trump) diga sin el menor reparo cosas como: “¿Por qué recibimos a toda esta gente de países de mierda?”, refiriéndose a los inmigrantes provenientes de Haití y varios países africanos en 2018.
HISTORIA DE MIGRACIÓN, CONTROL Y REPRESIÓN
Estados Unidos es, en esencia, una nación construida por migrantes, pero también marcada por tensiones constantes entre apertura y restricción. Su historia revela un patrón que se repite: cada nueva ola migrante enfrenta resistencia inicial, pero termina influyendodecisivamente en la identidad nacional.
En el siglo XVII, colonos europeos se establecieron en la costa este de lo que hoy es Estados Unidos; la llegada del Mayflower en 1620 es uno de los episodios más conocidos. Paralelamente, millones de africanos fueron llevados por la fuerza como esclavos. En ese contexto (siglos XVII–XIX) surgieron patrullas que vigilaban y castigaban a aquellos que escapaban o desobedecían las normas, mismas que sirvieron de modelo para formas posteriores de vigilancia racializada. Además, incluso una vez abolida la esclavitud, hubo leyes en el sur que limitaron la libertad de los afrodescendientes, reforzando un sistema de supremacía blanca.
Para el siglo XIX, Estados Unidos experimentó un crecimiento territorial y económico acelerado. Esto coincidió con grandes olas migratorias: irlandeses que huían de la Gran Hambruna (1845–1849), alemanes que escapaban de crisis políticas y económicas, así como escandinavos y europeos del este.
Al mismo tiempo, trabajadores chinos llegaron masivamente a la costa oeste para construir el ferrocarril transcontinental. Sin embargo, el creciente sentimiento xenofóbico llevó a la aprobación de la Chinese Exclusion Act en 1882, la primera ley federal que prohibió la inmigración de un grupo específico por su origen étnico.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, más de 20 millones de extranjeros ingresaron al país, muchos a través de Ellis Island, en Nueva York. Llegaron italianos, judíos del Imperio ruso, polacos, griegos y otros grupos del sur y este de Europa. Esta etapa transformó ciudades como Nueva York, Chicago y Boston. Pero el miedo al “exceso” de inmigrantes llevó a restricciones como la Immigration Act of 1924, que estableció cuotas para limitar la entrada de personas provenientes del sur y este de Europa.
Por otra parte, la migración desde México tiene sus raíces en la guerra entre los países vecinos entre 1846 y 1848, cuando territoriosmexicanos pasaron a control estadounidense.
A comienzos del siglo XX, los Texas Rangers y otros cuerpos policiacos actuaron con enorme violencia contra comunidades mexicanas y campesinos, matando a miles bajo la justificación de “control fronterizo” o “seguridad”. La cultura de impunidad y racismo organizada por estas fuerzas del orden influyó en agencias posteriores como la Border Patrol.
Para 1919 y 1920, el Departamento de Justicia realizó arrestos y deportaciones masivas contra inmigrantes italianos, judíos y de Europa del Este acusados de anarquismo, muchas veces sin garantías legales, en lo que se conoce como Palmer Raids.
Paralelamente, las leyes Jim Crow (siglos XIX–XX) impusieron la segregación racial y reforzaron prácticas policiales discriminatorias. Casos como el de Isaac Woodard en 1946, afroamericano y veterano de la Segunda Guerra Mundial agredido y mutilado por agentes del orden, evidenciaron la violencia racista de las autoridades contra la población afroamericana.
Durante el siglo XX, el Programa Bracero (1942– 1964) permitió la entrada temporal de trabajadores mexicanos ante la escasez laboral en Estados Unidos. En los años ochenta y noventa aumentó la migración irregular por crisis en América Latina y la demandalaboral estadounidense. En 1986, Ronald Reagan aprobó una amnistía para casi tres millones de indocumentados. Antes, en 1965, se habían eliminado cuotas por nacionalidad, impulsando una migración más diversa desde Asia y América Latina.
No obstante, para el siglo XXI, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la migración en Estados Unidos comenzó a vincularse estrechamente con la seguridad nacional. Así, en 2003 se creó el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), encargado de investigar delitos y aplicar la ley para proteger la seguridad pública.

En este punto, más por resumir que por minimizar, se pueden abordar las medidas tomadas por los últimos gobiernos estadounidenses. George W. Bush fue quien creó el ICE y aplicó programas como el registro especial para inmigrantes de países musulmanes, práctica señalada como discriminatoria.
Después, durante la administración de Barack Obama, se registraron más de 2.5 millones de deportaciones y programas como Secure Communities —que forzaba a policías locales a compartir datos de sus arrestos con el ICE— fueron criticados por fomentar el perfilamiento racial y la separación familiar. Además, se denunciaron condiciones deficientes en centrosde detención de familias migrantes.
Para el primer mandato de Donald Trump, la migración fue uno de los ejes centrales del debate político, con iniciativas como la ampliación del muro fronterizo, mismo que el magnate exigía que fuera pagado por México —lo cual nunca pasó—, así como restricciones de ingreso a ciertos países.
Posteriormente, bajo el gobierno de Joe Biden, hubo intentos de reformar el sistema, aunque el debate siguió siendo profundamente polarizado.
Pero el retorno de Trump al poder agitó el terreno desde su primer día. El 20 de enero de 2025 inició un nuevo periodo en la política migratoria de Estados Unidos con la segunda toma de posesión del republicano, quien implementó una serie de medidas migratorias, sobre todo la acontecida sin autorización del gobierno, con la promesa de “poner fin a la invasión en la frontera”.
“Comenzaremos la completa restauración de Estados Unidos y la revolución del sentido común. Todo se trata del sentido común. Primero, declararé una emergencia nacional en nuestra frontera sur”, declaró Donald Trump durante su discurso de toma de posesión.
Desde el inicio de su administración, Trump canceló el programa Customs and Border Protection (CBP One, por sus siglas en inglés) de asilo en su frontera sur y desplegó mil 500 soldados a lo largo de esta. Además, comenzó a ejecutar redadas masivas en ciudades como Nueva York, Chicago y Baltimore, acciones que tuvieron un impacto inmediato al dispararse las deportaciones en los primeros días. Más de cuatro mil personas fueron deportadas a nuestro país, la mayoría de ellas connacionales, pero también de otras naciones.
LOS ABDUCIDOS
Según datos del Migration Policy Institute (MPI), durante la primera administración del presidente Donald Trump se realizaron 1.5 millones de deportaciones. Por su parte, la de Joe Biden (2021-2025) apenas superó los 1.1 millones. No obstante, hay que aclarar en primera instancia que Biden ha realizado más deportaciones que Trump. ¿Cómo es esto? Los datos del MPI contemplan diversos espectros a la hora de hablar de deportaciones, como las remociones, retornos y regresos, algunos de los cuales son legales, otros voluntarios o en la modalidad fast track.
Tomando esto en consideración, Biden alcanzó la cifra anual más alta si nos enfocamos en las deportaciones realizadas por el ICE, las cuales fueron 271 mil sólo en 2024, alcanzando el punto más alto de su administración.
Habiendo cimentado el terreno con este año crítico, según el jefe del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, Todd Lyons, la agencia realizó 379 mil arrestos desde el 20 enero de 2025 al 20 de enero de 2026, es decir, el periodo que conforma el primer año del segundo mandato de Trump. De ser esto cierto —ya que al momento no existen cifras publicadas en espacios oficiales—, el primer año del retorno del empresario a la Casa Blanca habría registrado el 71 por ciento de los más de 527 mil arrestos realizados por esta misma dependencia durante los cuatro años de su antecesor.
Durante una comparecencia ante el Congreso de su país en febrero pasado, Lyons aseguró que le gustaría que la agencia estableciera un sistema de camiones que reuniera a los inmigrantes para su deportación, semejante a como Amazon realiza su servicio de entrega de paquetería.
“Necesitamos mejorar nuestro enfoque en este negocio... como el de (Amazon) Prime, pero con personas”, fueron sus palabras.
Asimismo, el funcionario subrayó que la agencia opera en un “entorno operativo más letal”, justificando así los constantes señalamientos de brutalidad policíaca por parte de dicha corporación, una agresividad que incluso parece ser tolerada por el mismo Trump.
“Ya sabes, están tratando con gente dura. ¿Van a cometer errores? A veces puede suceder”, fue la respuesta del presidente a los cuestionamientos sobre el caso de Renée Good, una mujer baleada por un agente de ICE durante un operativo migratorio.
ICE
El endurecimiento del ICE ha provocado un alto número de detenciones, pero, como ya se mencionó, también ha generado señalamientos por violaciones a derechos humanos. La cifra de migrantes bajo custodia del ICE aumentó más del 75 por ciento tras el regreso de Trump, alcanzando registros récord de más de 70 mil personas en detención en un solo momento.
“Después de cuatro años en los que millones y millones de inmigrantes ilegales cruzaron nuestras fronteras sin restricciones ni control, ahora tenemos la frontera más fuerte y segura de la historia estadounidense, por mucho. En los últimos nueve meses, no se ha admitido a ningún inmigrante ilegal en Estados Unidos”, aseguró Donald Trump en su discurso sobre el Estado de la Unión, equivalente al Informe de Gobierno en México, el 24 de febrero de 2026.
Al menos tres mil 800 menores de 18 años, incluidos 20 bebés, han sido arrestados y encarcelados en centros de detención desde que Trump asumió la presidencia, informó The Mar-shall Proyect, organización independiente de periodismo de investigaciónenfocado en el sistema de justicia criminal. Uno de los casos más sonados fue el de Liam Conejo Ramos, de cinco años de edad, detenido tras regresar a su casa del preescolar.
El pasado primero de marzo, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México informó el lamentable fallecimiento de Alberto Gutiérrez Reyes, originario de Veracruz, bajo custodia del ICE en Adelanto, California, hecho que sigue bajo indagatorias.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha criticado el endurecimiento de la política migratoria impulsada por Trump. No obstante, las acciones por parte de la mandataria mexicana se han limitado al discurso desde Palacio Nacional, la activación de protocolos consulares y una “estrategia” de diálogo con Washington. Pero ¿qué garantía puede ofrecer esto?
Diferentes oenegés han denunciado que aproximadamente el 86 por ciento de los migrantes arrestados por ICE entre enero de 2025 y enero de 2026 carecían de historial criminal violento. Asimismo, se señaló que 2025 fue uno de los años más mortales para los migrantes bajo custodia de la agencia en dos décadas, sumando 30 decesos en 2025 y cuatro en lo que va de 2026.
Cabe recordar los casos de víctimas no migrantes, como lo fueron Renée Good y Alex Pretti, ambos estadounidenses abatidos por agentes en el estado de Minnesota y ambos señalados como “terroristas domésticos”, según Kristi Noem, en ese entonces secretaria de Seguridad Nacional.
Otro acontecimiento que causó indignación fue la agresión policial hacia Narciso Barranco, un mexicano que fue detenido mientras trabajaba podando arbustos en Santa Ana, California. Su caso tomó mayor notoriedad porque, mientras circulaban en redes sociales las imágenes de su arresto, se dio a conocer que era padre de tres infantes de la Marina estadounidense: dos activos y uno veterano.
Estas son sólo algunas de tantas acciones que demostrarían la falta de espacio para la diversidad en Estados Unidos. Durante las constantes movilizaciones se denunció la presencia de agentes de ICE en hospitales, escuelas, centros comunitarios y lugarespreviamente protegidos, como las llamadas ciudades santuario —que ponen barreras a las deportaciones para integrar a los inmigrantes a la comunidad—, las cuales Trump buscó limitar desde su primera administración restringiéndoles subvenciones federales.
Pero, mientras el aparato estatal maquinaba a toda marcha, dos eventos chocarían en contraste el 14 de junio de 2025: uno de egolatría y otro de protesta.

NO KINGS: DE LAS SEGREGACIONES AL RESURGIMIENTO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
El 14 de junio ofrece una escena política cargada de simbolismo en Estados Unidos. Donald Trump celebró su cumpleaños número 79 en Washington con un desfile de seis mil soldados, 150 vehículos y 50 aviones para conmemorar el 250 aniversario del Ejército estadounidense, en un acto de semiótica bélica que buscaba enviar un mensaje al mundo.
Pero, lejos del espectáculo militar, otra imagen se desplegó en paralelo: millones de personas salieron a las calles dentro, e incluso fuera, del país para protestar bajo el lema No Kings (sin reyes), un movimiento surgido en 2025 como respuesta a lo quesus participantes consideran un aumento del autoritarismo y de las políticas migratorias restrictivas en el segundo mandato de Trump.
Impulsado por una coalición de más de 200 organizaciones, entre ellas grupos progresistas, religiosos y defensores de derechos civiles, el movimiento ha logrado movilizaciones masivas en ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Filadelfia,además de protestas internacionales. Su continuidad durante 2026 muestra que el descontento no es episódico, sino parte de una discusión política más amplia sobre el rumbo democrático del país.
En ese clima de tensión también resurge una referencia histórica: las Panteras Negras. Tras la muerte de Renée Nicole Good en enero de 2026 durante un operativo del ICE, un grupo que reivindica esa tradición reapareció públicamente en Filadelfia, combinando protestas armadas, que afirman legales, con programas comunitarios de ayuda.
Con menos de cien miembros activos, el colectivo encabezado por Paul Birdsong ha despertado tanto apoyo en sectores comunitarios como alertas sobre una posible escalada de confrontación con las autoridades.
Así, entre desfiles militares, protestas masivas y el retorno de símbolos radicales del pasado, Estados Unidos vive un momento de fuerte polarización política y social. El endurecimiento de las redadas y deportaciones ejecutadas por el ICE provocó el aumento de estos episodios de desobediencia civil en distintos puntos del país, lo cual no es un asunto menor.
La política migratoria más agresiva ha generado confrontaciones entre manifestantes y autoridades federales, elevando el clima de tensión en varias comunidades. Al inicio de 2026, los focos más intensos de conflicto se concentran en varios estados, como enMinnesota, particularmente en Minneapolis.
En California, en especial en Los Ángeles, se han registrado redadas a gran escala que derivaron en bloqueos de calles y enfrentamientos cerca de centros de detención, mientras que en Arizona los arrestos realizados por agentes migratorios en la vía pública se triplicaron entre 2024 y 2025.
Otros puntos críticos incluyen Chicago, donde agentes federales han utilizado balas de goma contra manifestantes, y Vermont, con enfrentamientos prolongados entre activistas y autoridades en zonas como South Burlington.
En este contexto, el Departamento de Seguridad Nacional reportó un incremento de más del mil por ciento en agresiones contra agentes migratorios desde 2025, incluyendo ataques físicos, lanzamiento de objetos e incluso el uso de vehículos como armas.
Paralelamente, organizaciones civiles han denunciado que menos del 14 por ciento de los detenidos en redadas recientes tenían antecedentes por delitos violentos, lo que ha intensificado la indignación pública.
Ante este escenario, en diversas ciudades han surgido brigadas comunitarias que monitorean la presencia de agentes federales y buscan alertar a vecinos para evitar detenciones, reflejando el estado que atraviesa actualmente el debate migratorio en el país.
Sin embargo, queda la incertidumbre de si esto será tan solo el principio de algo más grande.

VA UN AÑO, FALTAN TRES
¿Qué sigue ahora? A Donald Trump le quedan tres años en el poder. Desde su arranque no ha hecho más que desestabilizar gobiernos, las bolsas internacionales y burlarse de quien quiere cuando puede.
Ha pasado un año y lo más iluminador de su administración, en temas migratorios, fue la baja que recibió Noem como titular de la Secretaría de Seguridad Nacional. Su destitución no fue por su actuar ni por su postura pasiva respecto a las acciones violentas delICE, sino por un presunto mal uso de fondos públicos. Al dejar el cargo, fue reacomodada en su nuevo rol como enviada especial para el Escudo de las Américas, algo muy parecido, sin anhelo de politizar y más con deseo de ilustrar, a la transferencia de Alejandro Gertz Manero, ex fiscal general de la República, como nuevo embajador en Reino Unido, una baja inexcusable con un fin incoherente.
En relevo a Kristi, Trump nombró al senador republicano Markwayne Mullin, político pro-MAGA, como nuevo titular para dirigir el departamento, que incluye a la CBP y al ICE. Tras su nominación, Mullin se mostró entusiasmado en apoyar la “misión” del presidente para “proteger al pueblo estadounidense y defender la patria”.
El pasado 24 de febrero, durante su primer discurso sobre el Estado de la Unión, Trump reforzó su retórica antiinmigrante.
“Proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales”, afirmó.
Asimismo, exigió “poner fin a las ciudades santuario mortales que protegen a los criminales” y aplicar sanciones severas contra los funcionarios públicos que obstaculicen la deportación de extranjeros que hayan cometido delitos.
También solicitó la aprobación de la llamada Ley de Seguridad Estadounidense, con el objetivo de impedir que inmigrantes indocumentados u otras personas sin autorización participen en lo que calificó como “nuestras sagradas elecciones estadounidenses”.
Dicho lo anterior, la narrativa se mantiene, pero la pregunta es con qué intensidad continuará.
Mientras pega adentro, afuera Trump sigue poniendo a prueba la estabilidad global mediante sanciones comerciales y presiones políticas que buscan debilitar o influir en otros gobiernos. La mano no baja para ningún ámbito y todo esto ha sucedido en tan solo un año; le restan tres, en los que prácticamente cualquier escenario podría materializarse.
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