Acomienzos del siglo XVI, los europeos lo sabían tanto como los asiáticos: la región del Indo Pacífico era el centro de gravedad de la economía mundial. Los polos principales de desarrollo eran tres: China, el Sudeste asiático y la India. Se trata de las primeras etapas de la famosa Ruta de las Especias. La base de la fuerza económica de la región estaba en el intercambio comercial que ocurría en mercados precapitalistas interconectados donde el objetivo era la movilidad y venta de mercancías y no tanto la acumulación y reproducción del capital, que fue la vía europea de desarrollo. La ruptura del sistema comercial del Indo Pacífico no ocurrió como consecuencia de la competencia económica, sino que fue el producto de la capacidad de coerción de las potencias europeas. Violencia expansionista y concentración de riqueza fue el binomio que dio vida al capitalismo occidental que llegó a conquistar el mundo entero.
Desde su llegada a la zona más rica del planeta, a los imperialistas europeos les costó 300 años y varias guerras globales de conquista mover el eje económico del orbe del Indo Pacífico hacia el Atlántico Norte. Para 1820, el Imperio británico ya había derrotado a su gran rival, el Imperio francés, y consolidaba su primacía económica montado sobre la revolución industrial y un imperialismo enfocado en el control del triángulo comercial del Atlántico. No obstante, la zona de mayor producción económica seguía siendo el Indo Pacífico, que concentraba poco más de la mitad del PIB nominal mundial, mientras que la cuenca noratlántica apenas superaba el 25 %. El rebase se dio entre 1850 y 1870, época que coincide con la consolidación del capitalismo industrial y financiero, y del dominio occidental sobre el mundo. Para 1900, la economía del Atlántico Norte duplicaba el PIB del Indo Pacífico. La brecha se amplió durante el siglo XX, con todo y guerras mundiales, hasta alcanzar en 1970 una relación de 3 a 1. Sin embargo, a partir de ese momento la situación empezó a revertirse.
El sistema creado por Occidente desde el siglo XVI, y que marcó su ascenso, es una economía-mundo basada en la división internacional del trabajo, en la que un centro (las potencias occidentales) acapara las actividades productivas de más alto valor y controla los mecanismos de coerción y concentración de capital, mientras la periferia (países no industrializados) y semiperiferia (países en vías de industrialización) aportan trabajo, materias primas o rentas dentro de un esquema de relaciones asimétricas. El mundo del Atlántico Norte construyó, a través de la expansión marítima e imperial, una arquitectura global que combina el extractivismo, el control de rutas y la acumulación financiera-industrial en el núcleo metropolitano. Y el giro decisivo fue la industrialización y la sinergia entre iniciativa privada y práctica imperialista. Lejos de tratarse de un "milagro de la cultura europea" fue una transformación estructural de energía, industria, violencia, finanzas e imperio.
El siglo XXI comenzó aún con ventaja de las economías occidentales, pero la tendencia hacia el cierre de la brecha era clara. La crisis de 2008 marcó el punto de no retorno. La recesión de los países noratlánticos y la tardanza en su recuperación se conjugó con la resiliencia de las naciones indopacíficas al grado de que en 2015 la economía de éstas volvieron a superar a la de aquellos. Tras un siglo y medio de ubicarse en el Atlántico Norte, el centro de gravedad de la economía mundial regresó al Indo Pacífico. Los datos más recientes resultan reveladores. Una forma más adecuada de medir el volumen del PIB de cada país es hacerlo a paridad de poder adquisitivo (PPA), ya que ajusta el valor nominal a las diferencias en el costo de vida. Las cinco economías más grandes del Indo Pacífico (China, India, Japón, Indonesia y Corea del Sur) representan en conjunto el 36 % del PIB global, mientras que las cinco economías más grandes del Atlántico Norte (Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) apenas llegan al 23 % del PIB global. El regreso del centro de gravedad económico al Indo Pacífico es la gran corrección de la economía mundial, en la que el dominio del Atlántico Norte aparece sólo como un paréntesis.
La migración del eje global económico es un proceso que lleva cincuenta años y que acompaña el ascenso del neoliberalismo, es decir, la apertura de fronteras para el capital, las mercancías y los servicios. En busca de rentabilidad, los dueños occidentales del capital movieron sus inversiones industriales hacia contextos que combinaban abundante mano de obra barata, costos productivos eficientes y ecosistemas controlados desde el estado. En términos generales podríamos describir el "modelo asiático" como un capitalismo de Estado con enfoque en el desarrollismo exportador articulado a través de cadenas globales de valor y apoyado en una urbanización acelerada y un rápido aprendizaje tecnológico. El gasto de la seguridad lo asumió el aparato industrial y de defensa de Occidente. Es dentro de este modelo que el Indo-Pacífico deja de ser en el siglo XXI la "semiperiferia manufacturera de bajo costo" para ocupar funciones de centro industrial-tecnológico ascendente. Aunque Japón, Corea del Sur y más recientemente India son buenos ejemplos, quizás el mejor de todos es China, país que por sí solo supera en volumen de producción y exportaciones a las seis economías más grandes de Occidente.
El retorno del centro de gravedad de la economía mundial al Indo Pacífico no ha pasado por alto para Estados Unidos. De hecho, es uno de los asuntos principales de las estrategias de Seguridad Nacional 2025 y Seguridad Nacional 2026. Por ejemplo, en este último documento se lee que "la región indopacífica pronto representará más de la mitad de la economía mundial. Por lo tanto, la seguridad, la libertad y la prosperidad del pueblo estadounidense están directamente relacionadas con nuestra capacidad para comerciar y comprometernos desde una posición de fuerza en la región indopacífica." Podemos decir que parte de lo que el gobierno de Donald Trump hace hoy en términos de política de defensa es una reacción a la nueva centralidad del Indo Pacífico. Es decir que Occidente no ha podido librarse del componente coercitivo de su capitalismo. Y aquí hay que hacer notar una diferencia histórica sustancial: mientras que el ascenso del Atlántico Norte ocurrió acompañado del ejercicio sistemático de violencia, el del Indo Pacífico se ha dado principalmente de forma pacífica, al menos hasta ahora.