La guerra en Ucrania alteró el comportamiento de la fauna en Chernóbil, revela estudio científico
La guerra en Ucrania provocó cambios inmediatos en el comportamiento de la fauna silvestre de la zona de exclusión de Chernóbil, de acuerdo con un estudio internacional publicado en la revista Science y liderado por la Universidad de Friburgo, en Alemania, con la participación de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.
La investigación analizó cómo reaccionaron diversas especies durante los primeros 35 días de la ocupación rusa de la región, entre febrero y marzo de 2022. Para ello, los científicos compararon los registros captados por cámaras trampa instaladas antes del conflicto con los obtenidos durante la invasión.
La zona de exclusión de Chernóbil, que abarca cerca de 260 mil hectáreas, fue evacuada tras el desastre nuclear de 1986. Desde entonces, la ausencia de actividad humana favoreció la recuperación natural del ecosistema y el regreso de especies como el lobo, el lince euroasiático, el oso pardo, el bisonte europeo y el caballo de Przewalski.
Los resultados mostraron que todas las especies estudiadas reaccionaron de alguna forma a las actividades militares, aunque no lo hicieron de manera uniforme. Mientras que jabalíes y perros mapache tendieron a alejarse de las zonas con presencia humana e infraestructura, zorros y linces fueron observados con mayor frecuencia cerca de asentamientos.
Los investigadores también detectaron una reducción de la actividad nocturna en algunas especies, como el zorro y el ciervo, un comportamiento que contradijo parte de las hipótesis iniciales del estudio.
Además, los corzos fueron vistos con menor frecuencia durante los periodos de mayor intensidad militar, mientras que las liebres incrementaron su actividad durante episodios relacionados con incendios forestales provocados por el conflicto.
Los científicos advierten que estos cambios podrían representar solo una parte de las consecuencias ecológicas de la guerra. Una prolongación de las actividades bélicas podría afectar el uso del hábitat, la dinámica poblacional y la estructura de las comunidades animales a largo plazo.
El estudio destaca la necesidad de desarrollar estrategias específicas para monitorear y proteger los ecosistemas afectados por conflictos armados, un aspecto que continúa siendo poco explorado por la comunidad científica.