La reunión de los dos conejos hubiera sido épica y llena de significados. Imagínatelo: el cantante Bad Bunny, en medio del espectáculo del Super Bowl, reunido con Liam Conejo Ramos, el niño ecuatoriano de 5 años que fue detenido por los abusivos agentes federales de ICE en Mineápolis. Pero no. El niño que apareció en el espectáculo, que recibió el Grammy de Bad Bunny y que fue visto por millones en el planeta, no era Liam. Era un actor llamado Lincoln Fox Ramadan, muy parecido a Liam. Por eso la confusión.
Pero el simple hecho de que Liam sea conocido en todo el mundo ya dice mucho. Su fotografía, con un gorro azul con orejas de conejo y una mochila de Spider-Man, siendo detenido por agentes encapuchados el pasado 20 de enero de 2026 y subido a una camioneta negra, se ha convertido en un simbolismo de la brutalidad y abuso de poder de las políticas migratorias del presidente Donald Trump.
El gobierno sigue insistiendo en que su padre lo abandonó sobre la nieve, y que por eso lo salvaron los agentes de ICE. La realidad es muy distinta. "Como padre puedo decir que nunca haría eso con mi hijo", me dijo Adrián Conejo, el papá de Liam, en una entrevista. Me explicó que ese día, luego de recoger a Liam de la escuela, una camioneta se paró detrás de la suya, y los agentes lo detuvieron y esposaron. Liam, asustado, se escondió en el asiento trasero después de ver cómo inmovilizaban a su padre.
Luego los agentes sacaron al niño del auto y lo hicieron "caminar por la nieve hasta llegar a la puerta" de la casa. La intención de los agentes era que la madre embarazada, que estaba dentro junto con su otro hijo, abriera la puerta y fuera detenida. Pero no cayó en la trampa, y no lo hizo. "Sí", me confirmó Adrián, "usaron como carnada a mi hijo".
Adrián y Liam fueron rápidamente trasladados desde Minnesota hacia una cárcel para familias en Dilley, Texas, donde pasaron 10 días. Desde que Trump llegó a la presidencia, al menos 3800 niños han pasado por las cárceles migratorias, según la organización The Marshall Project. "Ese centro de detención [en Texas] no es apto para personas, y menos niños", me contó Adrián. Liam "desde que llegó ahí se puso mal, estaba deprimido, empezó con vómito y diarrea". Pero en la prisión familiar no le dieron medicina. ¿Cómo se le explica todo esto a un niño? El trauma psicológico es enorme y para toda la vida.
Con la ayuda de Joaquín Castro, congresista de Texas, y de varios abogados, Adrián y Liam fueron liberados y regresados a Mineápolis. Pero, por protección, ya no están viviendo en su casa, y aún corren el riesgo de ser deportados. "El gobierno está peleando para que no escuchen su caso de asilo", me dijo su abogada Danielle Molliver, "ni les den una audiencia donde puedan presentarse testimonios y evidencias".
La familia Conejo Ramos entró legalmente a Estados Unidos. Hicieron una solicitud de asilo a través de la aplicación CBP1 y cruzaron la frontera de México a Brownsville, Texas, a finales del 2024. Pero el camino no fue fácil. Salieron de Ecuador porque "no hay trabajo" y por la "discriminación también a los pueblos indígenas". Volaron a El Salvador y, desde ahí, por tierra, llegaron a México, sufriendo robos y hasta un secuestro. Cuatro meses duró su travesía hasta llegar a Estados Unidos. Todo lo hicieron correctamente, y jamás se imaginaron que podrían ser deportados más de un año después de su entrada legal.
Actualmente, la vida de los Conejo Ramos transcurre lentamente, con temperaturas congelantes en Minnesota, y a la espera. Todo es espera. Adrián espera que su proceso migratorio avance sin que el gobierno de Trump interfiera. Su esposa, Erika, espera el nacimiento de su tercer hijo. Y Liam y su hermano mayor, de 13 años, esperan regresar pronto a la escuela.
La atención mundial que ha recibido Liam, y una falsa amenaza de bomba en la escuela a la que asistía, ha retrasado su regreso a clases. "Estamos preocupados por lo que pueda pasar si [Liam] llega a la escuela", me contó Adrián. "Apareció en las noticias que iba a haber un atentado en la escuela, que habían puesto una bomba y se habían suspendido las clases". Nada fue cierto. Pero Liam y su hermano, por ahora, no pueden continuar con sus estudios.
Adrián, el sostén económico de la familia, tampoco puede salir a trabajar, y ahora los cuatro dependen de la comida y la ayuda que les llevan los voluntarios. Pero Adrián está hablando con la prensa porque cuando fue liberado del centro de detención en Texas, "muchos niños y padres de familia nos suplicaron que, de alguna manera, les ayudáramos", me dijo.
Liam se ha convertido en el símbolo de la resistencia a los brutales abusos de poder y de la separación de familias que han caracterizado el segundo mandato de Trump. Y Adrián lo sabe: "Mi hijo se ha convertido en un símbolo mundial," me dijo. "Y yo también a mi hijo le he dicho que lo admiro mucho, porque fue muy fuerte y valiente al enfrentar todo eso". Al final de cuentas, es solo un niño de 5 años que quiere jugar, no enfrentarse al gobierno de la principal potencia de la historia. Pero hay destinos que no se pueden evitar.
Liam y Bad Bunny, los dos conejos juntos, son la resistencia al nuevo autoritarismo estadounidense.