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Arquitectura

La imaginación arquitectónica de Juan O‘Gorman

Creó murales y edificios que retrataban la realidad colectiva del pueblo, siempre buscando reconciliar al ser humano con su entorno mediante una arquitectura que fusionaba surrealismo, funcionalismo y espíritu mexicano.

Museo Diego Rivera Anahuacalli, diseñado por Ruth Rivera, Juan O'Gorman y Heriberto Pagelson. Imagen Museo Anahuacalli.

Museo Diego Rivera Anahuacalli, diseñado por Ruth Rivera, Juan O'Gorman y Heriberto Pagelson. Imagen Museo Anahuacalli.

JESÚS TOVAR

Si en la vida es difícil comprender el comportamiento y la forma de ser de alguien común, es todavía más complejo entender la vida de un genio. Su imaginación es casi imposible de valorar en la justa medida. Por desgracia, los seres humanos dejamos pasar muchas oportunidades valiosas y una de ellas es convivir con estas personas y aprender de ellas, pues han venido al mundo a dejar un legado valioso. Dentro de este grupo se encuentra, sin lugar a duda, el pintor y arquitecto Juan O‘Gorman, uno de los más grandes artistas de México del siglo XX.

Hace algunos días disfruté del documental Como una pintura nos iremos borrando (1987), ganador del Premio Ariel a Mejor Largometraje Documental, bajo la dirección de Alfredo Robert. La obra busca desentrañar los secretos de la visión artística de O’Gorman. ¿Dónde radica la potencia de su talento? Todo apunta a una imaginación única, auténtica e irrepetible.

O’Gorman fue un genio incomprendido con una obra llena de gran sensibilidad y sentido social, con un toque de rebeldía y de ruptura que nunca abandonó y que lo hizo un personaje singular. Dentro de su apellido irlandés habitaba un verdadero espíritu mexicano.

Una amplia obra de caballete, mural y arquitectura le ha dado un lugar cada vez más relevante en la historia del arte, no solamente de México, sino del mundo entero.

Influido por el surrealismo y la fantasía de sus sueños, sus orgasmos oníricos y sus profundos deseos, abrevó también del espíritu místico de Leonora Carrington, Remedios Varo, Diego Rivera y Frida Kahlo. Estas fuentes de inspiración fueron manantiales inagotables que generaron ideas, conceptos y visiones de un universo pintado y convertido en petromosaicos.

O’Gorman se desbordó de genialidad con el paso de los años; sin embargo, sintió que nadie lo entendía. El arte que creaba era tan adelantado a su época que fue profunda y frecuentemente vilipendiado por un público ignorante. Su vida estuvo plagada de originalidad y éxitos, pero también de derrotas y desgracias que no pudo superar. Como una pintura nos iremos borrando nos deja ver que era un genio pesimista, por desgracia para todos.

Casa Estudio Diego Rivera. Imagen Wikimedia Commons.
Casa Estudio Diego Rivera. Imagen Wikimedia Commons.

ARQUITECTURA ORGÁNICA

Uno de los fundamentos de su talento sin igual fue el dibujo, declarado por él como la estructura de toda su obra. Todo surge a partir de un boceto: las proporciones correctas de un cuerpo, de un volumen, de un vehículo, de un edificio, de un mundo natural. La magia de O’Gorman partía siempre de un papel blanco y silencioso donde dibujaba todo lo que su mente encontraba en el camino.

Le fascinaban las dicotomías, como el complemento entre la ingeniería y la arquitectura. O la relación entre los lienzos bidimensionales y la tridimensionalidad arquitectónica, pues él decía que la pintura siempre había que plantearla como una casa.

Su mente llena de ideas lo llevó a proponer una arquitectura funcionalista ejemplar en su época, llena de vitalidad y de color, como una respuesta austera a un México siempre en crisis, siempre limitado, siempre sin dinero. Gran arte con pocos recursos, una bendición para muchos gracias a la imaginación de un genio que, como Nancarrow y muchos otros, no fue debidamente valorado en su momento. O‘Gorman nadó a contracorriente toda su vida.

Si bien se inspiró en la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright, nunca la copió, sino que la interpretó inteligentemente y la transformó en formas, colores, trazos y luz con un aire local que se alimentó de las tradiciones mexicanas.

Amaba lo orgánico porque lo consideraba el vehículo que le brindaría armonía a la vida de las personas. Poeta de piedras, O’Gorman luchó siempre por reconciliar al ser humano con su entorno.

Desgraciadamente, su obra arquitectónica se vio interrumpida, ya que para tener éxito en ese campo necesitaba ser un hombre de negocios y él no se consideraba uno; por el contrario, era un artista. Para él, los rascacielos modernos eran la misma caja de cerillos repetida una y otra vez.

Biblioteca Central de la UNAM. Imagen Unsplash Daniel Labra.
Biblioteca Central de la UNAM. Imagen Unsplash Daniel Labra.

APRENDIZAJES POPULARES

Juan O’Gorman no fue solamente un artista culto, sino que valoraba profundamente lo popular, donde descubrió muchas respuestas a sus preguntas. En los mercados y en la vida nocturna de la Ciudad de México encontró su cálida guarida. Sus primeros pasos como muralista los dio en las pulquerías. Alcohol y arte, vaya combinación mortal…

También la minería, el polvo y los metales formaron su carácter junto con las crayolas que lo acompañaron en su niñez.

Su bagaje arquitectónico se alimentó desesperadamente de su entorno: del folklore, del arte, la artesanía, la gente y las charlas, y los trasladó a su obra codificados por su genialidad. Particularmente se inspiró en el estado de Guanajuato, donde vivió algunos años con su familia.

Los murales de O’Gorman fueron verdaderos retratos del pueblo, de sus realidades, su historia, su colectividad. Mago de las imágenes, invitaba al espectador a viajar a su mundo de magia, arte y pasión, que siempre fue el resultado de una refinada creatividad sin límites y, sobre todo, repleta de honestidad.

Su péndulo artístico siempre osciló entre lo subversivo y lo didáctico. Gracias a ese movimiento todos aprendemos algo cuando le dedicamos un tiempo razonable a cualquiera de sus obras. De hecho, se decantó por un arte más figurativo que abstracto para permitir una fácil lectura de sus creaciones para todas las personas.

Fue, como él dijo, pintor “por idiota” y por tener una terapia ocupacional. Pero el pesimismo afectó a esta imaginación llena de vida que, con el paso de los años, se fue cansando.

Proyecto de monumento al nacimiento de Venus (1976). Imagen Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.
Proyecto de monumento al nacimiento de Venus (1976). Imagen Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.

EL ETERNO INCOMPRENDIDO

O’Gorman nunca dejó de ser explosivo. Su trabajo rayaba en lo polémico, lo disruptivo y lo violento. El refugio de su incomprensión fueron sus estudios, la pintura y la arquitectura.

“¡Así es la pinche vida!”, decía ante la realidad. En sus mejores momentos compartió su cosmovisión y la cosmogonía del arte que lo mantenía a flote, pero el mundo no supo escucharlo a tiempo. Toda esa inagotable fuente de ideas se convirtió en un pesimismo desenfrenado que lo llevó a acabar con su vida en 1982.

Su imaginación arquitectónica le permitió crear sinfonías construidas, complementadas con murales de piedras multicromáticas que formaban una visión fuera de serie. Su oficio de pintor y de arquitecto, como el de un humilde carpintero, le permitió jugar con el tiempo y el espacio.

En la última etapa de su vida, su obra nos advirtió sobre la polución y el fascismo en una realidad que para él no tenía una solución viable. Nunca ocultó su posición crítica hacia la clase política del país. La incomprensión hacia su arte y el enojo contra la sociedad lo llevaron a considerar al ser humano como el cáncer del planeta.

Fue un verdadero visionario que nos compartió sus ideas hasta llegar a la autodestrucción. El triste final que tuvo es el mismo que él presentía para nuestro mundo. Su talento es indiscutible y el prestigio de su obra no deja de crecer en la actualidad, a pesar de su deseo de haber nacido y crecido en el siglo XIII o el XIV del Renacimiento italiano.

Juan O’Gorman representa para México un caso único en el arte y sirve de ejemplo para muchos a quienes nos faltan valentía, arrojo y pantalones en un mundo donde pronto nos iremos borrando si no reaccionamos a tiempo.

Lo decía Nezahualcóyotl: “Como una pintura nos iremos borrando/ Como una flor nos iremos secando/ Aquí sobre la tierra”.

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Escrito en: O Gorman mexicano Arte Arquitectura mexicana

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