La importancia del subtexto: Arturo Beristain leyó la obra de Federico Campbell en Casa Faya
Apenas salió al patio central de Casa Faya y pidió al público apagar sus teléfonos celulares. El actor Arturo Beristain, integrante de la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), comparte que está en contra del uso de estos aparatos durante los actos en vivo. Afirma que hay que presenciar el teatro, no grabarlo. Urgió a detener la deshumanización.
Arturo Beristain se presentó este martes en Gómez Palacio, en el marco de Territorio Lector, un programa que emplea a actores de la Compañía Nacional de Teatro del INBAL para que efectúen lecturas en vivo con obras de autores latinoamericanos. En esta ocasión, Beristain leyó tres relatos del libro Tijuanenses (1989), de Federico Campbell.
El evento fue organizado por el INBAL en colaboración con el Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED),y el Ayuntamiento de Gómez Palacio, a través de su Dirección de Arte y Cultura.
Antes de adentrarse en la obra de Federico Campbell, Beristain reflexionó sobre conceptos relacionados al futbol y a la escritura. En primera, subrayó que los textos de Campbell se asemejan más a un relato que a un cuento y leyó: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
“Cuando lo leí, cuando era adolescente, pensé que era el título más largo y luego venía la página en blanco y la otra en blanco. Pregunto: ‘¿Qué pasó con el cuento?’. Y alguien me dijo: ‘Ese es el cuento’. ¿Cómo? ¿Ocho palabras son el cuento? Es decir, no tenía esto que planteaba la tradición del cuento”.
Beristain también citó a Julio Cortázar. Desde el argot del boxeo, aseguró que un buen cuento gana un combate por nocaut y una novela gata por puntos. Es entonces cuando un lector debe acudir a revisar el subtexto de lo que lee; es decir, el mensaje, la emoción o el significado que subyace en lo escrito literalmente.
En ese radicalismo de formatos, Arturo Beristain también acudió al compositor estadounidense John Cage y su obra 4’ 33”, estrenada en 1952 en Nueva York. Esta consiste en una pieza con tres movimientos: en silencio, abrir y cerrar la tapa de un piano, durante cuatro minutos.
“Entonces, justamente, uno tiene que hacer la interlectura del subtexto […] El músico llega, pone la partitura, abre la tapa del piano y toca silencio, esa es la obra”.
“Y entonces, nosotros somos los que hacemos el cuento. Un poco lo que va a pasar con estos relatos del maestro Campbell, es que nosotros tenemos que hacer el subtexto. Eso que no nos está contando, o que pareciera que deja inconcluso, que lo vuelve interesante, inquietante, porque es una manera distinta, no a la manera chejoviana de hacer el cuento con exposiciones, desarrollo, desenlace, sino esta fórmula, como la de Monterroso, donde lo importante es el subtexto”.
El libro del maestro Campbell elegido por Beristain fue Tijuanenses. Al ser oriundo de la frontera, el mundo narrativo de Campbell está marcado por la ciudad de Tijuana y los fenómenos sociales que acontecen en ese cruce internacional.
“Es un ensayista importante, fue muy amigo de Rulfo. En su amistad con Rulfo, siempre habla de la forma de los cuentos de El llano en llamas, y de la memoria; le importa mucho la memoria al maestro Campbell; siempre hace referencia a su vida en Tijuana y el libro se llama Tijuanenses”.
Ante un público conformado en su mayoría por mujeres, Arturo Beristain abrió su ejemplar de Tijuanenses, leyó la semblanza del maestro Federico Campbell, quien falleció en 2014, y dio lectura a tres relatos, iniciando con Los Brothers.
