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La influencia de Chespirito en América Latina

Un comediante amado y criticado por igual

Imagen MezcalEnt

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EDUARDO CANALES

La serie Sin querer queriendo fue una tendencia del 2025 en América Latina. A través de cada capítulo semanal en la plataforma HBO Max, el público pudo conocer un poco más de la vida de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, de su turbulenta relación con Florinda Meza o de los conflictos entre algunos compañeros del elenco de El Chavo del 8. La miniserie, producida por los hijos del comediante, generó un resurgimiento de sus programas.

Roberto Gómez Bolaños no goza del suficiente respeto en su país natal como para ser incluido entre la pléyade humorista conformada por Cantinflas, Tin Tán e incluso Resortes o El Piporro. Ese recelo proviene de que sus guiones se han calificado como repetitivitos, tendientes a romantizar la pobreza y a recurrir al humor “de pastelazo” o simplón.

Para el standupero Carlos Ballarta, Chespirito ha sido de las peores figuras en la comedia mexicana. El intelectual Enrique Krauze, quien afirmó que detestaba ese estilo de humor, aseguraba que hacía esfuerzos desesperados por levantar a su hijo de la lona mental donde lo tenía Chespirito de lunes a lunes.

En contraste, en el resto de Latinoamérica, se ha llegado al exceso de catalogar a Gómez Bolaños como el máximo exponente de su género. En 2009, el Congreso de Perú lo condecoró con el Diploma de Honor por considerarlo el comediante más respetado de habla hispana. Figuras públicas como Diego Armando Maradona, Jair Bolsonaro o Bad Bunny nunca han ocultado su devoción al humorista mexicano.

A 55 años del estreno de su programa más icónico, El chavo del 8, este sigue siendo visto diariamente por millones de televidentes en toda la región. Incluso la barrera del idioma no ha sido impedimento para que “Chaves”, como es nombrado en Brasil, goce de una altísima audiencia.

Elenco de El Chavo del 8. Imagen Televisa
Elenco de El Chavo del 8. Imagen Televisa

LA VIDA DEL SHAKESPEARE CHIQUITO

Roberto Gómez Bolaños nació en Ciudad de México en 1929 y fue el segundo de tres hijos varones. Su padre fue un pintor alcohólico que murió cuando él tenía seis años, por lo que su madre, una secretaria bilingüe, debió sacar adelante sola a la familia. A pesar de esto, Roberto tuvo una infancia relativamente común y en su juventud pudo estudiar dos carreras profesionales, medicina e ingeniería mecánica, las cuales truncó, ya que su verdadera vocación, la comedia, no pasaba por las aulas universitarias. Bolaños era fanático de películas de humor blanco en las que basaría sus exitosos guiones, como las de Charles Chaplin, Jerry Lewis, el Gordo y el Flaco o los hermanos Marx.

En su juventud, al trabajar como creativo en una agencia publicitaria, su ingenio le hizo sobresalir y tuvo la oportunidad de acudir a los estudios televisivos, en donde conocería a Viruta y Capulina, quienes percibieron talento en él y le permitieron actuar en algunos sketches. Pronto se convertiría en guionista de cabecera de este dúo.

El director Agustín P. Delgado comparó la pulcritud e ingenio de los libretos de Bolaños con los de William Shakespeare, lo que le valió el mote del “Shakespeare chiquito”, que derivó en “Chespirito”. A partir de ese momento la “CH” se convertiría en el sello distintivo del Chapulín Colorado.

En 1970, el Canal 8, propiedad del célebre empresario regiomontano Roberto Garza Sada, le brindó la oportunidad de realizar un programa de sketches, Los supergenios de la mesa cuadrada, acompañado de un elenco de actores casi desconocidos, como María Antonieta de las Nieves, Ramón Valdés y Rubén Aguirre. Este escenario vio nacer a los personajes que le otorgaron a Chespirito su fama.

La audiencia rebasó los límites de lo esperado, por lo que, en 1971, Canal 8 le otorgó su propio espacio con media hora de duración a El Chavo del 8. Al reparto se le unirían Florinda Meza, Carlos Villagrán, Angelines Fernández, Edgar Vivar y Horacio Gómez. No está de más mencionar que la conocida música introductoria del programa fue tomada sin permiso del pionero de los sintetizadores Jean-Jacques Perrey.

En 1973, Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Telesistema Mexicano, adquirió Canal 8. Muchos de sus talentos se trasladaron a la naciente Televisa, entre ellos Gómez Bolaños. Ahí alcanzaría el pináculo de su éxito con el programa Chespirito, que incluía sketches de temas variados. A pesar de la posterior salida de dos de sus actores estelares, Ramón Valdés y Carlos Villagrán, no dejó de ser la comedia con más rating de Televisa durante dos décadas.

A finales de los setenta, Gómez Bolaños fue protagonista de filmes taquilleros como El Chanfle I (1979) y Chanfle II (1982), Don Ratón y Don Ratero (1983) y Charrito (1984). En los años noventa montó la puesta teatral 11 y 12, que permaneció varios años en cartelera.

Su último proyecto fue El Chavo animado, serie de caricaturas dirigida al público infantil que respeta los guiones del programa original y añade situaciones fantásticas que la animación hace posible, aunque omite personajes como La Chilindrina debido a conflictos legales.

A pesar de las críticas que apuntan a que Bolaños se repetía a sí mismo hasta el hartazgo en sus guiones, Chespirito no se limitó a la comedia, pues también fue cantante, poeta, compositor y productor de cine y telenovelas. Su adicción al tabaco provocó que perdiera paulatinamente la voz y en 2014 falleció a los 85 años en su residencia de Cancún, a raíz de complicaciones respiratorias.

Aficionados en el Mundial de la FIFA disfrazados del Chapulín Colorado. Imagen EFE Diego Nigro
Aficionados en el Mundial de la FIFA disfrazados del Chapulín Colorado. Imagen EFE Diego Nigro

IMPACTO CULTURAL

Chespirito se ha convertido en un referente contemporáneo de la cultura popular mexicana a niveles similares a los de Frida Kahlo, Pancho Villa o el Doctor Simi. En los mundiales de futbol o los Juegos Olímpicos, los aficionados suelen llevar vestuarios representativos de México: penachos, sarapes, sombreros revolucionarios y, en los últimos años, trajes del Chapulín Colorado. De hecho, en un video de presentación de la selección mexicana se emula la voz de Gómez Bolaños con inteligencia artificial. Esto demuestra el profundo impacto social que logró.

Muchos de sus compatriotas continúan rechazándolo, no sólo por la monotonía de sus guiones, sino por haber sido piedra angular del polémico conglomerado Televisa, por su relación familiar con el presidente Gustavo Díaz Ordaz y su nula crítica a los gobiernos dictatoriales latinoamericanos en la época de la Guerra Fría. Incluso Chespirito y compañía actuaron en Chile bajo el mando de Augusto Pinochet o en Argentina en colaboración con Jorge Videla, sin que esto fuera un aparente problema ético.

Los personajes de Chespirito son referentes de la vida cotidiana latinoamericana. El Chapulín Colorado es un superhéroe enclenque y miedoso que dista mucho del hombre fornido, millonario y valiente que se proyecta en la sociedad estadounidense. El Chavo es un niño huérfano que se refugia dentro de un barril, pero no pierde la alegría de vivir a pesar de las adversidades. De hecho, el mote de “Shakeapeare chiquito” parece haber sido tomado muy en serio por el mismo comediante, quien en un inicio esperaba que El Chavo protagonizara un melodrama intenso que escribió en un libro de calidad literaria cuestionable antes de encontrar su salida creativa en la televisión.

Gómez Bolaños partió del mundo no sin antes disfrutar de sus suculentas regalías y múltiples homenajes y de las variadas ofertas de plataformas de streaming que han acaparado el mercado del entretenimiento.

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