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La lucha por Irán libre

Ahora, quienes financiaron el terror, la represión y la miseria desde Teherán se encuentran sitiados por su propio pueblo, que reclama libertad pese a la represión brutal que los manifestantes han padecido bajo la tiranía del Ayatolá Alí Jamenei.

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ENRIQUE SADA SANDOVAL

Entre las protestas en contra del terror y la violencia con las que el califato ha gobernado Irán desde la usurpación del poder por parte del primer Ayatolá Jomeiní hasta ahora, resaltó la semana pasada la imagen de una mujer de la tercera edad entre quienes engrosaban las manifestaciones contra la tiranía mahometana que, como era de esperarse, no escatimó el uso de la violencia extrema en contra de sus propios ciudadanos. El rostro pálido de la mujer y su cabellera blanca contrastaban con su boca ensangrentada por la represión, pero todavía más lo hacían sus palabras dolientes ante los periodistas de la prensa internacional que cubrían la nota: “No tengo miedo, llevo 47 años muerta”.

Fue hace casi cinco décadas cuando la monarquía iraní representada por el sha Reza Pahlavi fue depuesta violentamente por una revuelta liderada por extremistas musulmanes. Lo que otrora había sido una nación pacífica y moderna donde las mujeres podían circular en las calles con vestido y falda corta, conduciendo su propio automóvil entre plazas públicas y jardines, terminó de la noche a la mañana tras la llegada del primer Ayatolá, quien de inmediato convirtió aquel país próspero y apacible en una república sombría, intolerante para los suyos y violenta para con sus vecinos, en lo que muchos celebraban todavía como la Primavera Árabe.

El encumbramiento de esta tiranía fanática-religiosa se dio con el aval de naciones corrompidas por la típica superchería socialista, desde la comodidad y libertad del occidente europeo, como es el caso de Francia. Los iraníes que promovieron la instauración de este régimen retrógrado, propio de la baja Edad Media, fueron jóvenes y mujeres que coreaban a Marx mientras estudiaban en La Sorbona y esquiaban los fines de semana en Megeve, Cortina o Saint Moritz.

Dura fue la realidad cuando decidieron volver a su país, donde muchos habían desaparecido para siempre. En tanto, las jóvenes que regresaban eran obligadas a casarse con hombres que les llevaban 20 o 30 años de edad bajo las más estrictas leyes del califato, que ahora les obligaba a quemar la minifalda y los vestidos Gucci para cubrirse por completo con una burka.

El problema no quedaría suscrito solamente al interior de aquel país que presumía de excedentes petroleros y armamento apuntando directamente a sus vecinos, pues el califato buscó extender su influencia financiando organizaciones terroristas al igual que los regímenes socialistas en Hispanoamérica, como es el caso de Venezuela con Hugo Chávez desde 1998, la campaña fallida del expresidente López en México e incluso España bajo la fachada de “Podemos”.

Ahora, quienes financiaron el terror, la represión y la miseria desde Teherán se encuentran sitiados por su propio pueblo, que reclama libertad pese a la represión brutal que los manifestantes han padecido bajo la tiranía del Ayatolá Alí Jamenei, quien se ha limitado a hacer lo mismo de siempre: reprimir hasta aplastar la rebelión.

Hegaw —Organización No Gubernamental en pro de la defensa de los derechos humanos con sede en Noruega— estimó el 20 de enero que la cantidad de muer tos en dos semanas de represión brutal ha ascendido a cerca de tres mil víctimas, incluyendo niños. Mientras tanto, el régimen decretó un apagón en telefonía e internet para evitar el “efecto llamada” de manifestantes y para ocultar al mundo la violencia criminal que ha ejercido hasta el momento.

En las calles de Teherán vuelve a hondear por muchos balcones la bandera tricolor con el león rampante de la monarquía iraní. El príncipe Reza Pahlavi —hijo del último sha de Irán—, desde el exilio, pide ayuda internacional para detener las masacres de su pueblo, apelando a una transición democrática, secular y prooccidental, e instando al pueblo iraní a rebelarse contra el régimen actual para lograr una nación libre y moderna, sin armas nucleares ni terrorismo, una vez que se logre la caída de los mulás —aquellos líderes religiosos que perpetúan la ley sharía que mantiene oprimida a la población—.

enrique.sada@hotmail.com

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