(EL SIGLO DE TORREÓN/ERICK SOTOMAYOR)
El Año Nuevo llega envuelto en risas pequeñas, miradas limpias y sueños que apenas comienzan a tomar forma. En la infancia habita la inocencia más pura, esa que no conoce de prisas ni de temores, solo de juegos compartidos, abrazos sinceros y amistades que nacen sin condiciones. Cada fotografía guarda un instante donde la alegría es auténtica y el corazón aún cree en la magia.
Que este nuevo ciclo nos recuerde, a través de ellos, el valor de la unión, la empatía y la amistad verdadera. En sus gestos simples se refleja la esperanza de un mundo mejor, donde compartir, cuidar y acompañar sigue siendo lo más importante. Que la luz de la niñez ilumine el año que comienza y nos invite a mirar la vida con más ternura y menos prisa.




