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Los invitados a la Met Gala, desde Beyoncé y Naomi Osaka hasta Emma Chamberlain, no fueron a lo seguro este año para la Met Gala y presentaron obras de arte a medida en honor al código de vestimenta: "La moda es arte".
Beyoncé dejó el sombrero vaquero en casa y deslumbró con un vestido escultórico de esqueleto hecho a medida por Olivier Rousteing, con una cauda de plumas en tonos crema y azul polvo, rematada con una corona de diamantes para "Queen Bey". La ganadora del Grammy, su esposo Jay-Z y su hija Blue Ivy se detuvieron para posar juntos como una unidad en las escalinatas del Museo Metropolitano de Arte.
Osaka impactó con un atrevido vestido blanco escultórico y entallado de Robert Wun, con hombros exagerados y adornado con plumas rojas y un tocado a juego.
Chamberlain llegó con un impresionante vestido pintado a mano de Mugler, de Miguel Castro Freitas. La estrella estaba bañada en un arcoíris de colores desde el escote hasta la cauda en espiral de su vestido ceñido al cuerpo, con flecos que caían desde los puños del vestido de manga larga.
Con toda la expectación en torno a El diablo viste a la moda 2, la copresidenta de la Met Gala, Anna Wintour, optó por un conjunto en tono menta, no el cerúleo azul de moda de la primera película. El look de Wintour incluía una capa de plumas y un vestido con cuentas de Matthieu Blazy para Chanel, que combinó de manera clásica con su característico corte bob y gafas de sol extragrandes.
Las otras copresidentas de la noche, Nicole Kidman y Venus Williams, eligieron looks glamorosos más sobrios. La patrocinadora del evento, Lauren Sánchez Bezos, llegó con un vestido ceñido de Schiaparelli, que le comentó a Vogue que estuvo influido por la pintura de 1884 de John Singer Sargent, "Madame X".
Madonna convierte cualquier alfombra en su escenario. Un grupo de mujeres la rodeó con vestidos coloridos mientras sostenían una tela transparente envuelta alrededor de su tocado con forma de barco pirata en la alfombra.
Y Janelle Monáe sabe cómo destacar en una alfombra roja. La artista transmitió un mensaje con su pieza de arte escultórica, que presentaba cordones invadidos por musgo, envueltos alrededor de su figura, con mariposas animatrónicas en movimiento.
Bad Bunny se fue de lleno al disfraz: llevó un bastón y se caracterizó como una versión mayor de sí mismo, con cabello canoso y maquillaje de efectos especiales para añadir años a su rostro. El artista bromeó con Vogue diciendo que tardó 53 años en terminar el look.
Fernando Compeán
Aldo Magallanes