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La neuropsicología de la contemplación en la era del ruido

La “desintoxicación” sensorial no es una fuga, sino un acto de dignidad y autocuidado indispensable para habitar el mundo contemporáneo sin perderse en él.

La neuropsicología de la contemplación en la era del ruido

La neuropsicología de la contemplación en la era del ruido

PRISCILA CASTAÑEDA

En la penumbra de la cotidianidad contemporánea, el silencio se ha convertido en un lujo, casi en un acto de rebeldía. Lo que antes eran espacios naturales de introspección —el trayecto en el transporte público, la espera en una fila o incluso el ritual del baño— ha sido colonizado por el flujo incesante de la hiperestimulación digital. Hoy la mente humana rara vez se encuentra a solas consigo misma; siempre hay un podcast, una notificación o el scroll infinito de una pantalla actuando como un bypass emocional que nos impide simplemente estar.

Explorar el acto de contemplar como una pausa lenta que invita a observar sin juicio se ha vuelto una estrategia de supervivencia (con bases terapéuticas) en un mundo que ha olvidado cómo guardar silencio.

EL ESTÍMULO RÁPIDO

Desde la psicología clínica y la neuropsicología, lo que experimentamos no es una simple falta de atención, sino una alteración funcional en nuestros sistemas de recompensa. El cerebro humano está evolutivamente diseñado para detectar novedades, pues esta capacidad es una respuesta de supervivencia que nos permitió reaccionar ante amenazas en entornos ancestrales.

Sin embargo, no estamos biológicamente equipados para procesar el bombardeo de micro-estímulos de alta frecuencia que recibimos hoy. Al estar constantemente conectados, incluso en momentos de aparente soledad, sofocamos la llamada red neuronal por defecto. Esta red se activa cuando no estamos enfocados en una tarea externa y es el espacio donde residen la creatividad, laconsolidación de la memoria y la autoconciencia.

Al inundar cada segundo de nuestra existencia con ruido externo, estamos atrofiando la capacidad del cerebro para realizar su “mantenimiento narrativo”. Sin divagación no hay integración de la experiencia propia. Este “divagar”, por el cual solían llamarnos la atención cuando niños, es un proceso vital en el que se ejecutan la interiorización de las vivencias y la consolidación de instrumentos de interacción social y emocional.

Instantes que solían ser de divagación hoy se han convertido en momentos donde la mente se ocupa en ver o escuchar contenido digital. Imagen: Unsplash/ Egor Myznik
Instantes que solían ser de divagación hoy se han convertido en momentos donde la mente se ocupa en ver o escuchar contenido digital. Imagen: Unsplash/ Egor Myznik

HIPERESTIMULACIÓN

La correlación entre la sobreexposición sensorial y la desregulación emocional es notable. El sistema dopaminérgico se mantiene en activación perpetua, generando una ansiedad de fondo que muchas personas ya ni siquiera identifican, pues se ha vuelto su línea de base.

En la práctica clínica observamos cómo esta saturación impacta con mayor severidad a quienes viven con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), a personas dentro del espectro autista e incluso a aquellas que viven con un trastorno de la personalidad, como el límite, pues sus sistemas nerviosos presentan dificultades en el filtrado de estímulos.

No obstante, el entorno se ha convertido en un campo de batalla sensorial que ahora es reconocido como un fenómeno universal. Sin darnos cuenta, inducimos síntomas de alguien con déficit de atención en cerebros neurotípicos —sin ningún trastorno del neurodesarrollo— debido a la incapacidad de sostener el vacío. La hiperestimulación mantiene al sistema límbico en un estado dehiper-alerta elevando los niveles de cortisol y reduciendo drásticamente nuestra ventana de tolerancia al estrés cotidiano.

LA CONTEMPLACIÓN COMO ACTO CLÍNICO

Es importante aclarar que contemplar o meditar no es “dejar la mente en blanco”, como se suele decir; esa es una idea errónea que suele generar más ansiedad al no poder lograrlo.

Desde enfoques como el de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la contemplación es el entrenamiento de la observaciónsin juicio; es la capacidad de observar el flujo de pensamientos y sensaciones sin intentar editarlos o huir de ellos mediante una pantalla o cualquier otro tipo de estímulo.

Estudios de neuroimagen han demostrado que la contemplación sostenida fomenta la neuroplasticidad en el área cerebral prefrontal, encargada de las funciones ejecutivas —planeación y realización de tareas— y el control inhibitorio. Al dedicar minutos al día a esta práctica, fortalecemos el “músculo” que nos permite elegir nuestra respuesta ante el mundo en lugar de reaccionar impulsivamente.

La sobreestimulación sensorial afecta especialmente a personas con trastornos del neurodesarrollo, como
el TDAH o el espectro autista. Imagen: Magnific
La sobreestimulación sensorial afecta especialmente a personas con trastornos del neurodesarrollo, como el TDAH o el espectro autista. Imagen: Magnific

EL AGOTAMIENTO INVISIBLE

Para entender la urgencia de la autorregulación, analicemos un escenario común: una madre agotada en casa. Su día está marcado por una hiperestimulación ambiental masiva como el ruido, la demanda verbal de “mamá” repetida incesantemente —un llamado que el cerebro procesa con prioridad absoluta—, la percepción visual del desorden y la carga mental de las tareas pendientes.

Su sistema sensorial está en saturación total y cualquier estímulo adicional puede desencadenar una respuesta de irritabilidad o colapso. No es una falla en la voluntad, sino un cerebro que ha agotado su capacidad de procesamiento. Para esta madre, la contemplación no sería un lujo místico, sino una necesidad de higiene mental para vaciar el “vaso sensorial” y recuperar la capacidad de conectar con sus hijos y su entorno desde la calma y no desde la reactividad.

ESTRATEGIAS DE AUTORREGULACIÓN

Recuperar la capacidad de autorregularse requiere de estrategias deliberadas de “desintoxicación” y descanso sensorial:

Reducir proactivamente los estímulos. Identificar el estímulo que más drena (ruido, luces, desorden). 

En momentos de saturación, eliminar al menos uno, pues a menor entrada sensorial, mayor capacidad de gestión emocional.

Anclaje somático (técnica 5-4-3-2-1). Ante la disipación mental, regresar al cuerpo. Nombrar cinco cosas que ve, cuatro que puede tocar, tres que escucha, dos que huele y una que saborea. Esto interrumpe la respuesta de alerta y reconecta la corteza cerebral prefrontal.

“Abstinencia” dopaminérgica. Establecer rituales sin estímulo en los cuales no se utilice el celular, por ejemplo, mientras se baña o durante los primeros diez minutos de la toma de un café. Permitir que la mente divague es una gran oportunidad para la reconexión con la identidad y la creatividad, ya que tendemos a ser más creativos cuando estamos aburridos.

Validación de la ventana de tolerancia. Aprender a reconocer las señales físicas de la sobreestimulación, tales como tensión en las mandíbulas, sensación de ahogamiento o respiración corta, es muy eficaz para iniciar la autorregulación. Validar pensamientos como “estoy saturado y necesito un minuto” es el primer paso para el retorno a la estabilidad.

Experimentar estímulos de baja frecuencia. La naturaleza ofrece patrones que el cerebro procesa de forma reparadora. Por ejemplo, mirar el movimiento de las hojas de un árbol con el viento o el cambio de luz en la tarde reducen la fatiga de la atención y restauran el equilibrio neuroquímico.

Establecer rituales bajos en estímulos, desde tomar un café tranquilamente hasta caminar por la naturaleza, ayuda a la autorregulación. Imagen: Unsplash/ Kevin Wolf
Establecer rituales bajos en estímulos, desde tomar un café tranquilamente hasta caminar por la naturaleza, ayuda a la autorregulación. Imagen: Unsplash/ Kevin Wolf

HACIA UNA POÉTICA DEL SILENCIO

La modernidad nos ha convencido de que estar “vacíos” de información es un desperdicio. Sin embargo, la psicología clínica advierte que sólo en el vacío podemos habitarnos realmente. Comprender los matices de la sobreestimulación es un llamado a la responsabilidad personal sobre nuestra salud mental, donde la autorregulación es un acto de dignidad y autocuidadoque nos recuerda que la paz interior es más importante que la última tendencia.

Aceptar la invitación a recuperar la autonomía de nuestros momentos de silencio no se trata de huir del mundo, sino de fortalecerse internamente para poder habitarlo sin perderse en él. Al final del día, si no podemos estar a solas con nuestra mente, ¿quién está realmente viviendo nuestra vida? 

marteda@gmail.com

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