La nueva generación de padres laguneros llega después de los 30
En vísperas del Día del Padre, los datos demográficos revelan un cambio profundo en la manera en que los hombres laguneros asumen la vida familiar.
La edad promedio para que se casen en la zona metropolitana pasó de 24.7 años en 1995 a 34 años en 2024. En apenas tres décadas se ha retrasado diez años, un fenómeno que refleja nuevas prioridades y expectativas sociales.
Luis Alfredo Medina, coordinador de investigación del Consejo Cívico de las Instituciones, explicó que este retraso en la edad de matrimonio está directamente relacionado con la postergación de la paternidad. En 1985, siete de cada diez padres primerizos tenían entre 20 y 29 años; hoy, esa proporción se redujo a cinco de cada diez, mientras que cada vez más hombres deciden tener hijos después de los 30. La tendencia muestra que la paternidad se ha convertido en una decisión más consciente y planeada, en contraste con generaciones anteriores que iniciaban la vida familiar en la veintena.
Cambian los tiempos para ser padre
El último Censo de Población y Vivienda del INEGI confirma que en la Zona Metropolitana de La Laguna existen 238,246 jefes de familia que son padres al frente de un hogar. Aunque una parte importante de ellos aún es joven -seis de cada diez tienen menos de 40 años-, la tendencia general apunta hacia una paternidad más tardía. Este fenómeno responde a una nueva mentalidad, pues antes de formar una familia, los hombres buscan concluir sus estudios profesionales, consolidar un empleo estable y generar un patrimonio que les permita ofrecer seguridad económica y emocional a sus hijos.
Al revisar el comparativo histórico, se observa que en 1985, la paternidad temprana era la norma, la mayoría de los hombres tenía su primer hijo entre los 20 y 29 años. Para 1995, la edad promedio de matrimonio era de apenas 24.7 años, lo que reforzaba la idea de que la vida familiar debía comenzar pronto. Sin embargo, en las últimas décadas la realidad cambió. Hoy, los hombres esperan hasta los 34 años para casarse en promedio, y cada vez más deciden ser padres después de los 30.
Este retraso responde a un contexto social en el que la educación superior, la estabilidad laboral y la construcción de un patrimonio se han convertido en condiciones previas para formar una familia. La paternidad ya no se asume como un paso inmediato en la juventud, sino como una decisión que se posterga en aras de mejores condiciones de vida.

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