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La otra cara del 7J

GERARDO HERNÁNDEZ

Coahuila es el único estado del país donde no ha habido alternancia en casi un siglo. Tal condición le brinda al PRI una enorme ventaja, pero también cuestiona el espíritu de la tierra donde Francisco I. Madero encendió la llama de la democracia. Este panorama contrasta con la memoria de la XXII legislatura, la cual, durante el Gobierno de Venustiano Carranza, desconoció al usurpador Victoriano Huerta. Los partidos políticos no ganan el poder para cederlo, sino para aferrarse a él indefinidamente; para lograrlo se valen de cualquier recurso e incluso abandonan sus banderas históricas por las de sus adversarios.

El triunfo del PRI en los comicios del 7 de junio queda marcado por esa circunstancia. La estructura política y electoral del estado empezó a tomar forma en 1929. Las elecciones para gobernador de ese año enfrentaron a dos saltillenses: Vito Alessio Robles, militar, escritor y excombatiente postulado por el Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA), y el empresario Nazario Ortiz Garza, quien antes había sido alcalde de Torreón y diputado local, del naciente Partido Nacional Revolucionario (PNR). Este proceso fue el laboratorio de la sucesión presidencial, cuyos candidatos fueron José Vasconcelos (PNA) y Pascual Ortiz Rubio (PNR).

La contienda recibió atención nacional «pues era vista como ejemplificadora del concurso presidencial. Alessio Robles actuó de acuerdo con la tónica vasconcelista: atacó el enriquecimiento ilícito de los políticos revolucionarios. En este caso, centró sus baterías contra Manuel Pérez Treviño, padrino político de Nazario Ortiz Garza y presidente del Comité Nacional del PNR» (Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México de la UNAM). Analistas y opositores de la época denunciaron fraude en ambos procesos.

Apoyado en el presupuesto, la mercadotecnia y en sus «tradiciones históricas», el PRI logró mantener su hegemonía hasta 2000, año en que los escándalos de corrupción hicieron crisis y el hartazgo social le abrió a Vicente Fox (PAN) las puertas de Los Pinos. Hoy, el PRI es la cuarta fuerza política en el país, excepto en Coahuila, donde los fundamentos del viejo sistema siguen vigentes. La estructura se ha adaptado y la Constitución local fue reformada para garantizar el control político. En los 31 estados donde ha habido alternancia, esa continuidad se rompió y el PRI no ha logrado reconstruir su maquinaria, pues su funcionamiento depende en gran medida del erario. Por su parte, Morena lidera en la actualidad 27 legislaturas locales, cuatro más de las entidades que gobierna (24).

Al PRI le favorece no afrontar en este momento a una oposición real ni crítica, que sea el reflejo de la sociedad. El PAN abdicó a ese papel, Morena -por falta de compromiso y liderazgo- nunca lo ha asumido, y los demás partidos giran en la órbita del poder. Coahuila volverá a las urnas el año próximo para elegir ayuntamientos y diputados federales; y en 2029 -cuando el PRI cumpla 100 años de fundado- para nombrar gobernador. Suponer que el resultado del 7 de junio se repetirá tal cual e incidirá en el escenario nacional es una visión equivocada y riesgosa. La sensatez aconseja autocrítica y prudencia. El triunfalismo, experto en crear espejismos, es un mal consejero. Es mejor cerrar los oídos y atarse al mástil que escuchar su canto de sirena.

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