Hay que ponernos al parejo con los cambios bruscos que se están operando en todo el mundo. Nuestra población no debe seguir sufriendo los atrasos en que nos encontramos en materia de seguridad, salud y educación. Debemos aumentar el ritmo del desarrollo total y por cierto, mantener vigente en el T-MEC nuestra posición privilegiada y que el presidente de Estados Unidos no nos amenace con la aplicación de eventuales aranceles.
Nuestra visión, pues, tiene que ser a largo plazo tomando en cuenta las eventualidades de las condiciones internacionales imprevisibles. Tenemos recursos suficientes y no tiene por qué interrumpirse nuestro desarrollo. Admitido lo anterior, es un hecho que, pese a muchos propósitos, todavía no hemos logrado la madurez en condiciones de vida suficientes ni en salud ni educación.
En lo económico, el que el 90% de nuestras exportaciones sea aportado por la industria, significa que el resto de las exportaciones, un mínimo, las aportan las PYMES que representan el 75% de la fuerza laboral del país. El sector primario agrícola ocupa 11% de la población laboral y aporta el 5% a las exportaciones.
La evolución económica del país ha sido continua. No cundió la opción de la fiebre socialista que se disparó en el sureste del país como repercusión de la revolución rusa del 17, lo que hubiera retrasado definitivamente el progreso nacional. La etapa de las expropiaciones agrarias se limitó y el ejemplo de la expropiación de la industria petrolera en 1938, no pasó de la nacionalización de los ferrocarriles el año anterior y la de la industria eléctrica en 1960.
La segunda Guerra Mundial fue para México ocasión para vender a Estados Unidos materiales estratégicos como petróleo, cobre, plomo, zinc, grafito y manufacturas. Las reservas del Banco de México pasaron de 54 millones de dólares en 1941 a 345 millones de dólares en 1945 que fueron la base de la segunda etapa de industrialización en que se crearon las plantas industriales y las entidades financieras.
La fase posterior a la Segunda Guerra Mundial se desperdició lamentablemente en una secuela constante de corrupción y que, a lo largo de las décadas, drenó todos los presupuestos nacionales sin excepción, imponiendo a la actividad económica su altísimo costo, en la práctica, algunos calculan al menos el 10%, innumerables pérdidas de vidas humanas sacrificadas a la criminalidad de las mafias toleradas y/o propiciadas. El resultado de la corrupción imparable que el país ha sufrido se refleja en una planta industrial forzada a reducirse y a desaprovechar mercados mayores.
Tomándose en cuenta el esquema socioeconómico total, es evidente que la baja calidad de los servicios médicos y de formación educativa de la población es muy inferior a lo requerido. Basten unos cuantos ejemplos como los de Corea del Sur, la India, o de los países nórdicos, para apreciar la diferencia en calidad y peso que se cosecha cuando los gobiernos se han preocupado no sólo por realizar estrategias acertadas eliminando, cuando es necesario, taras y errores corregibles. Ya no es tiempo de ensayos. Las exigencias son claras.
El gobierno tiene que madurar y saber sumarse al esfuerzo de los países serios y que ya no abandone a la población en aras de metas falsas, porque a estas alturas ya da muestras de perder la paciencia.
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