El viaje de la Tierra alrededor del sol inventó los cumpleaños. No todos valen lo mismo; nuestros diez dedos le han dado prestigio al sistema decimal y nada se compara a sumar décadas.
A contrapelo de la costumbre de festejarse a sí mismo, Néstor García Canclini celebra sus cincuenta años en México; no pone el acento en su biografía, sino en el territorio que le permitió ejercerla.
El antropólogo de la cultura llegó a nuestro país en 1976, huyendo de la dictadura militar argentina. La persecución intelectual había llegado a tal nivel que la gente quemaba la zona izquierdista de su biblioteca para sobrevivir a un allanamiento.
En México se incorporó al dream team de profesores latinoamericanos que transformaron nuestras ciencias sociales. Desde un principio, reveló su amplitud de miras; escribió un libro sobre Julio Cortázar al tiempo que se interesaba en la producción de artesanías y el contexto que las hacía posibles. Posteriormente, estudió los procesos culturales en un doble registro, el de los creadores y el de los públicos. Sus investigaciones de campo sobre los hábitos de los espectadores han sido tan relevantes como sus contribuciones teóricas. Si Umberto Eco estableció dos posturas extremas ante la cultura, la de los apocalípticos que sólo aceptan lo sublime y la de los integrados que no discriminan en materia de calidad, él se adentró en la zona donde lo culto y lo popular se confrontan y determinan. Este empeño dio lugar a una de las obras más citadas del idioma: Culturas híbridas.
En uno de sus libros más personales, El mundo entero como un lugar extraño, se ocupa de la era digital, que permite estar lejos sin salir de casa, y del papel de los migrantes para traducir culturas. Todos somos nómadas. Todos somos mestizos.
Estudiar los flujos de la comunicación implica estudiar el efecto articulador que las tecnologías tienen en un mundo desigual. A ese esfuerzo pertenecen ensayos precursores como La globalización imaginada y Ciudadanos reemplazados por algoritmos, que rompieron el asentado tabú de separar la cultura latinoamericana de los procesos multinacionales. De manera elocuente, en Lectores, espectadores e internautas, libro de 2007, advierte: "El nacionalismo como defensa frente al imperialismo, nubló hace cuatro décadas la comprensión de cómo se remodelaban mundialmente los procesos culturales al industrializarse". Los signos cruzan fronteras y aduanas, tanto territoriales como de lo real a lo digital (el espacio vertiginoso donde se inauguran cerca de treinta millones de sitios al año).
Para García Canclini, el principal asombro de nuestro tiempo proviene de la diversificación; sin embargo, la multiplicidad de opciones tiene límites. La dispersión de contenidos se somete a una progresiva concentración del poder cultural. Los consorcios editoriales absorben los proyectos independientes, las majors de la industria del disco eliminan a sus competidoras, los periódicos son comprados por grupos mediáticos y las productoras dependen de empresas que desafían la ley de monopolios.
Por su parte, los algoritmos buscan convertir a los usuarios en consumidores, simplificando y reiterando ofertas. En esta dinámica, la sorpresa se convierte en una forma de la ansiedad.
Entender un mundo en el que sobran estímulos y faltan claves representa una aventura radical. Por ello, el antropólogo afirma: "Hacer transdisciplina es una tarea política". Quien establece un vínculo altera la percepción habitual del entorno.
De manera incesante, García Canclini ha puesto en práctica la antropología de la atención: nada escapa a su mirada. En La sociedad sin relato se ocupa del arte contemporáneo, cuyos códigos valorativos están por definirse, y en el Programa de Estudios sobre Cultura Urbana, que dirige en la UAM-Iztapalapa, explora los rituales del caos capitalino.
Marcado por la curiosidad, se ha hecho una pregunta esencial: ¿qué significa ser extranjero? La gran transformación del exiliado consiste en pasar de la extranjería forzada a la emancipatoria: la diferencia permite pensar sin ataduras. Es lo que Néstor García Canclini ha hecho entre nosotros.
Durante cincuenta años, el estudioso de las culturas híbridas ha encarnado la condición de "argenmex". Sin perder sus raíces ni su pasión por Estudiantes de La Plata, ha demostrado que venir de lejos puede ser una manera excepcional de ser mexicano.