Está en pleno desarrollo el VI Clásico Mundial de Beisbol, en las cuatro sedes en que se lleva a cabo (Tokio, San Juan de Puerto Rico, Houston y Miami), la primera etapa eliminatoria, con la participación de veinte países. Hasta el momento de escribir estas líneas se han presentado algunas situaciones que probablemente han pasado inadvertidas a algunos aficionados, y que ameritan por ello algún comentario.
La primera tiene que ver con la aplicación de la llamada “regla de la misericordia”, también conocida como nocaut.
Como es fácilmente visible, al igual que ocurre en competencias internacionales de otras disciplinas deportivas, no todos los países participantes tienen el mismo nivel de competencia, razón por la cual en algunos encuentros, uno de los competidores resulta tan superior al adversario, que el juego pierde interés Por lo anterior, los organizadores del Clásico establecieron la mencionada “regla de la misericordia”. Ésta consiste en dar por terminado el juego, si entre la quinta y la séptima entrada uno de los equipos supera al otro por al menos 15 carreras, o al término de la séptima y hasta antes de que termine la novena entrada, la diferencia es de 10 o más anotaciones.
Bueno, pues han ocurrido varios nocauts. El primero se presentó en el día mismo del arranque del Clásico, cuando al concluir el 7º inning, la pizarra entre Japón y el equipo de China Taipei marcaba 13 carreras contra 0, favorable al primero. Se dio en ese momento por concluido el encuentro y se acreditó a Japón la victoria.
Luego, y aquí viene lo más curioso, el día siguiente ocurrió que ahora fue precisamente China Taipei, el equipo “noqueado” la víspera, el que a su vez noqueó a República Checa al llegar a la séptima entrada con anotación de 14 carreras a 0, favorable a China Taipei.
A continuación sucedió lo inesperado.ChinaTaipei,equiponoqueado y también noqueador, en extrainnings superó 5 carreras a 4 a Corea del Sur, quizá la más grande potenciabeisboleradeOriente,casi,casi, a la altura de Japón, cuando menos algún tiempo.
Otra aplicación de la “regla de la misericordia” se presentó el pasado domingo 8, cuando en 5 entradas y dos tercios, el seleccionado mexicano acumuló 16 carreras frente a 0 de Brasil. Este marcador se conformó con el cuadrangular bateado en el quinto episodio, con par de outs, por Julián Ornelas, bueno para dos carreras, que se convirtió en una desconocida modalidad de walk off, que dejó a la novena de Brasil regada en el terreno.
Momentos sensacionales, aún dramáticos, hemos visto hasta ahora en este Sexto Clásico Mundial. Además de lances espectaculares, como quizá sólo el beisbol brinda, vimos también escenas muy humanas. Como el festejo entre lágrimas de varios integrantes del equipo de China Taipei, que rompieron en llano al vencer en extrainnings al poderoso equipo de Corea del Sur, su durísimo y tradicional rival, al que nunca había vencido en un Clásico.
O la dolorosa derrota sufrida por Nicaragua, que estuvo a punto de lograr su primera victoria en un Clásico Mundial, cuando faltándole un out para obtenerlo, Países Bajos los dejó tendidos en el terreno. Situación similar sufrió el equipo de Panamá al ser superado en 10 episodios por la poderosa novena de Puerto Rico. Una victoria épica a punto de alcanzarse, de pronto en ambos casos se convirtió en dolorosísima derrota. Las escenas de desconsuelo de los lanzadores perdedores, el nicaragüense Obando y el panameño González, son comprensiblemente humanas. Muy dolorosas, pero muy humanas. Como intensamente humano, en la alegría y en la tristeza, es el beisbol.