Mal, muy mal le fue a la selección mexicana de beisbol en el sexto Clásico Mundial, concluido ayer en Miami.
El seleccionado tricolor, penosamente, fue eliminado en la fase eliminatoria. Aunque en esta etapa derrotó con relativa facilidad a los dos rivales débiles del grupo B, en el que participó México, que fueron Gran Bretaña y Brasil, a este último incluso por la vía del nocaut; sin embargo, se le complicaron enormemente las cosas con los otros dos participantes: Estados Unidos y, por increíble que parezca, más cuesta arriba aún le resultó enfrentar a Italia, con el que se perdió 9 carreras a 1.
Hace una semana, en el juego contra Italia, todo falló.
El pitcheo mexicano se vio muy débil, titubeante, inseguro, parecía no tener estudiados a los bateadores que enfrentó.
Va como botón de muestra el siguiente: el jugador primera base de Italia, Vinnie Pasquantino, que a lo largo del torneo no había conectado un solo imparable en una docena de turnos, ese miércoles se despachó con la cuchara grande al batear tres cuadrangulares a otros tantos lanzadores mexicanos. ¿Cómo podrá explicar esto Elmer Dessens, el coach de pitcheo del equipo? Del bateo ya ni hablamos.
En ese juego los mexicanos sólo batearon cinco hits aislados en nueve innings, y nunca con la oportunidad que se requería, como en la 7ª entrada, cuando se tuvo casa llena, sin out, y no fue posible armar un ataque consistente que produjera carreras, es un buen resumen de la pobreza del bateo mexicano en esa jornada.
Caso patético en este renglón fue el de Randy Arozarena. Tan espectacular en el Clásico de 2023 y con tan pobre actuación en el de este año. El haber sido ponchado tres veces en ese juego lo dice todo.
El dato es demoledor si se compara con los tres batazos de vuelta entera de Pasquantino. Pobre también el desempeño con el madero de Alejandro Kirk, el receptor, colocado como cuarto tolete en el orden al bate mexicano.
Para colmo, mal hasta en el corrido de bases. Si de por sí fueron pocos los mexicanos que llegaron a las almohadillas, para luego ser puestos fuera mediante engaños bobos, es algo que no tiene perdón. Fue el caso de Nick Gonzales, al que le hizo una inocentada el intermediarista italiano que terminó en doble play en el amanecer mismo del encuentro, es francamente de no creerse en un profesional de esa talla y en juego tan importante. Ni un llanero habría caído en ese tipo de charada. Un detalle mínimo en apariencia, pero al final todo contó para producir el desastre.
Como se tratará de explicar aquí la próxima semana, el resultado de este Clásico no debe hacer caer a la afición mexicana en la decepción, el pesimismo o en actitudes negativas. No, nada de eso. El fracaso de 2026 no borra la excelente participación tenida por la Selección en 2023.
Pero sí hay que preocuparse de una cosa: en nada ayuda la actual política que se sigue en el beisbol profesional mexicano, particularmente en la LMB, en cuanto al excesivo número de extranjeros permitidos por equipo. Se corre el riesgo de no ir formando un número adecuado de peloteros mexicanos de calidad, que sin duda se pueden tener, pero hay que darles oportunidad de participar y brillar.
De no cambiar pronto esa política, se corre el riesgo de depender cada vez más para este tipo de torneos de los paisanos del otro lado, que por supuesto deben ser –y de hecho son— bienvenidos y aceptados, pero lo ideal es que se incorporen como refuerzos y en número pertinente para guardar un sano equilibrio. Incluso, a largo plazo, por el bien mismo del beisbol profesional mexicano