El tema relativo al nacimiento del beisbol tiene aspectos poco o nada conocidos por el gran público, pero que no por ello dejan de ser interesantes. Están, entre otros, dos puntos: Uno, el relativo a la cuestión acerca de qué deporte o deportes fueron los ancestros del beisbol. Y el otro, en torno a en qué lugar o país se originó el deporte rey.
Antes de abordar uno y otro punto, que como es de suponer están relacionados, cabe precisar que, contra lo que muchos creen, el deporte de los bates y las pelotas no nació por generación espontánea, de la noche a la mañana, que en un instante alcanzó la perfección que hoy tiene, no, sino que tuvo antecedentes en una o más disciplinas deportivas y luego fue evolucionando hasta llegar a ser como ahora lo conocemos.
Bueno, pues durante las últimas dos décadas del siglo XIX se suscitó fuerte discusión pública acerca de ambos temas. El debate lo encabezaron básicamente dos personajes. Uno de ellos, norteamericano de nacimiento, de nombre Albert G. Spalding, quien sostenía con gran vehemencia que el beisbol había tenido su origen sólo y exclusivamente en Estados Unidos y que su inventor, sin discusión, había sido el militar estadounidense Abner Doubleday.
Contra ambas opiniones de Spalding se alzó el periodista Henry Chadwick, nacido en Inglaterra en 1824 pero emigrado a los Estados Unidos cuando apenas tenía 13 años. Se instaló en Brooklyn, Nueva York, donde residió hasta su muerte en 1908, a la edad de casi 84 años.
Dedicado desde muy joven al periodismo, Chadwick terminó por dedicarse enteramente al periodismo deportivo, específicamente al beisbol, en el que fue autor muy fértil, amén de que escribió y publicó numerosos libros sobre el deporte rey.
De manera casi accidental, Chadwick vio por primera vez un juego de beisbol en un viaje que hizo a Nueva Jersey cuando contaba 23 años de edad, más o menos en 1847, uno después del año –1846— que se considera fue cuando “nació” el beisbol. En esa ocasión Chadwick vio en acción a los Knickerbockers, el equipo pionero de este deporte, y quedó cautivado. Es probable que la irresistible atracción que desde ese momento sintió por el nuevo deporte, haya obedecido a que él de niño jugó cricket y rounders en su natal Inglaterra.
Desde ese momento y hasta el día de su muerte, Chadwick fue un gran apasionado del nuevo deporte y se dedicó por entero a su perfeccionamiento, a grado tal que se le empezó a llamar el “Padre del Beisbol”. Fue así, por la información que tenía planteó que la nueva disciplina deportiva era un juego originado y desarrollado a partir del cricket y del rounders, e incluso del stoolball, practicados en Inglaterra.
Lo anterior molestó mucho a Spalding, amigo por cierto de Chadwick, porque habiendo sido buen pelotero, incluso profesional, Spalding se retiró prematuramente como jugador activo para dedicarse por completo al negocio de fabricar y vender pelotas, uniformes y demás utensilios beisboleros. Para consolidar el negocio, apeló al recurso patriotero. Creó la leyenda de que el nuevo deporte era cien por ciento nacional y generó en torno al nuevo pasatiempo norteamericano un acendrado espíritu nacionalista, que en modo alguno podía admitir que el beisbol pudiera tener su origen, por remoto que fuera, en un país diferente a la Unión Americana.
Fue tan polarizante el tema, que Spalding llegó al extremo de impulsar la creación de una comisión especial que de manera objetiva y profesional se diera a la tarea de investigar dónde se originó el beisbol y quién fue su inventor. La comisión quedó encabezada por el coronel Abraham Gilbert Mills, razón por la cul se le conoció con el nombre de Comisión Mills.
Luego de varios años de supuestos estudios, la Comisión Mills llegó a la grotesca conclusión de que como el beisbol se jugó por primera vez en la pequeña poblacion de Cooperstown, NY, fue ahí donde se inventó y que el autor de este invento fue el coronel Abner Doubleday.
No pasó mucho tiempo sin que se desmontara y pusiera al descubierto tan monumental farsa, tan burda mentira histórica, al extremo de plantearse incluso si el mentado Doubleday llegó siquiera a enterarse de la existencia misma del beisbol (continuará).