La playera verde domina las ventas mundialistas
El Mundial no solo se juega en las pantallas, también se disputa en los puestos improvisados donde vendedores como Alberto y la señora Padilla han encontrado en las camisetas tricolores una oportunidad de negocio.
Ambos, con puestos separados, pero con la misma visión, coinciden en que la euforia futbolera es un motor que mueve ventas y esperanzas.
Padilla lleva dos décadas dedicada al comercio informal. Su experiencia le permite anticipar los momentos de mayor movimiento:
“Ya sabemos cómo es, antes del partido la gente llega y compra, se suelta la euforia”, comenta con seguridad. Sus playeras, réplicas que rondan entre los 200 y 400 pesos, se convierten en alternativa frente a las originales que superan los 3 mil.
“La verde es la que más se vende, es la tradicional, la que nos va a dar la suerte”, asegura, convencida de que México será campeón.
Para ella, los compradores más fieles son los hombres adultos, quienes buscan portar la camiseta como símbolo de apoyo.
Alberto, por su parte, comenzó a vender desde el inicio del torneo. Sus precios rondan los 350 pesos y, aunque reconoce que las ventas han sido moderadas, confía en que el avance de la selección a los dieciseisavos impulse la demanda.
“La gente dice que están muy caras pero así me las dan a mí, yo apenas le gano 50 pesos, si la doy más cara no la compran”, explica.
Su clientela es variada, desde jóvenes y mujeres locales hasta extranjeros -estadounidenses y orientales- que también se suman a la fiebre mundialista.
Para él, la camiseta verde es más que un producto, pues es un símbolo de identidad y esperanza.
Ambos comerciantes coinciden en que las ventas se concentran en los días de partido, cuando la emoción se desborda y las compras de última hora marcan la diferencia.
Después del Mundial, la señora Padilla se ocupará en las ventas para el 15 de septiembre, mientras Alberto insiste en que la gente debe seguir apoyando al equipo.
“Hay que comprar, hay que apoyar, porque casi nunca quedamos y ahora que estamos quedando, es cuando más debemos hacerlo”, dice.
Mientras la Selección Mexicana siga ganando, el futbol trasciende la cancha y se convierte en motor económico para quienes, desde la informalidad, encuentran en cada gol y cada partido una oportunidad para sostener su negocio y alimentar la ilusión colectiva.

