Foto1: Enrique Castruita
Cantar fue y es su vida. En sus más de 87 años ha cosechado aplausos y reconocimientos en todo el país.
Manolo Solo no desentona; recuerda frases de canciones que le compusieron grandes maestros como Consuelo Velázquez o Roberto Cantoral. “Al nacer este día / sentí que te quería / mucho más todavía / que la primera vez”. La tesitura de su voz se quiebra con el pasado. Don Manolo ríe y esa emoción también le humedece los ojos.
“Esa me la dio Consuelo para que yo se la dedicara a mi hija: ‘Al nacer este día… y quise darte un beso / que no estabas dormida / y le pedía a la vida / cuidara nuestro amor’. Fue una canción muy bella, con la calidad de Chelito Velázquez, que hizo canciones bellísimas. Ella ya murió, pero yo la traté en uno de los programas que estábamos haciendo (en Ciudad de México), porque ella estaba muy relacionada con los compositores”.
Manolo Solo nació el 7 de enero de 1939 en el centro de Torreón, en una casa ubicada en la avenida Hidalgo y la calle 8. Desde muy temprana edad se trasladó con su familia a la capital de Durango. El canto lo abordó en la infancia. A los 14 años, entre los edificios de esa ciudad colonial, inició sus estudios musicales bajo la instrucción de la maestra Luz María Piña Favela. En ese entonces, Manolo trabajó en la imprenta familiar, donde se editaba una pequeña revista de espectáculos. Eso le dio la oportunidad de entrevistar a artistas de la talla de Fannie Kaufman “Vitola”.
Ya era tiempo de poner a prueba su voz y el Hotel del Valle de Durango fue el escenario que lo arropó durante los fines de semana. En ese lugar conoció al señor César Gándara, propietario de hoteles en Guaymas y Hermosillo, quien lo invitó a cantar en uno de sus eventos y después se lo llevó de gira. Manolo ya estaba casado y, junto a su esposa, decidió regresar a Torreón para probar suerte.
EL GRAN APOYO DEL VERGEL
Manolo Solo platica sobre su vida en el sofá de su sala. Está conmovido por el homenaje que se le realizó el pasado viernes 21 de agosto en Plaza Cuatro Caminos y donde estuvo acompañado por sus seres queridos. Fue el pretexto perfecto para rememorar su carrera, para devolverle las imágenes a sus conciertos de antaño.
“Es una forma de agradecerla a toda la gente, todo el tiempo que me brindaron porque va a ir mucha gente y agradecerles todo el apoyo que me brindaron siempre en mi carrera”.
Una vez establecido en Torreón, Manolo Solo entró a trabajar con su tío abuelo Ciriaco Zorrilla en el Salón Alameda. Al mismo tiempo comenzó a cantar en eventos de familiares y amigos, y realizó pequeñas giras por Monterrey y Saltillo. Luego conoció al ingeniero Carlos González Garza, quien lo invitó a cantar en eventos de la Compañía Vinícola del Vergel, empresa donde más adelante le asignaría al cantante el departamento de eventos especiales. Eran los años setenta.
“No se conformaron ellos con que yo estuviera en puros eventos locales. Me empezaron a proyectar a nivel nacional y alternando con todo este tipo de gente. Fue muy bonita, muy bonita época”.
Gracias a ese apoyo, Manolo Solo pudo compartir escenario con los más grandes: Pedro Vargas, Marco Antonio Muñiz, Los Hermanos Zavala, Luis Demetrio, Blanca Sánchez, Manoella Torres, Juan Torres, Alberto Cortez, Lorenzo Rey, Angelita Castany, Los Randall, Los Tres Diamantes, Fernando Fernández, Julio Iglesias, Pomponio y Kikaro, Carmela y Rafael, Vikki Carr, Joan Manuel Serrat, Armando Manzanero, Lucha Villa, entre otros.
Los aplausos, el público y las luces de los escenarios llevaron a Manolo Solo a participar en el Festival Oti de la Canción de 1978. Fue la séptima edición del certamen y el lagunero tuvo la oportunidad de competir junto a estrellas de la talla de Lupita D’Alessio, Lila Deneken, Emmanuel, Álvaro Dávila, Jhonny Laboriel, Sergio Esquivel, Imelda Miller, Víctor Iturbe, Manolo Muñoz y Yoshio. Gracias a su talento, Manolo Solo pudo quedar en treceavo lugar.
SU AMISTAD CON ROBERTO CANTORAL
Otro de los compositores que marcó la carrera artística de Manolo Solo fue Roberto Cantoral. Junto a él, el lagunero trabajó en la obra músico-literaria ‘Para el hijo del hombre’, cuya temática introspectiva abordó los valores familiares y una visión profunda sobre la existencia humana.
“Esa obra la trajimos tres años en todos los teatros de México. Y en unos teatros bárbaros, preciosos: el Teatro Juárez de Guanajuato, el Teatro Degollado de Guadalajara y otros muy bonitos, pero ahorita no me acuerdo del nombre de las ciudades donde estaban”.
Fue en el año de 1975 cuando Manolo Solo pudo viajar a Argentina invitado por Roberto Cantoral. El lagunero tuvo presentaciones en radio y televisión, y visitó barrios históricos como La Boca, donde Juan de Dios Filiberto compuso ‘Caminito’. Aquel periplo se convirtió en un sueño cumplido, en otro paso más para su carrera.
“Fuimos a Buenos Aires a hacer la música de ‘Para el hijo del hombre’ con una orquesta sinfónica muy bonita. Nos salía mucho más barato hacerla en Buenos Aires que aquí en México. En Buenos Aires, Roberto y yo estuvimos un mes”.
No obstante, tras la quiebra de la Compañía Vinícola del Vergel en 1985, la carrera de Manolo Solo sufrió un duro golpe. El cantante, ya con una familia que involucraba a su esposa y seis hijos, y el patrimonio de un negocio propio, tuvo que decidir entre quedarse en Torreón o trasladarse a Ciudad de México. Eligió la primera opción y decidió cantar cuando se presentara la oportunidad.
Hoy en su memoria sólo tiene cupo para agradecer a todos los que lo apoyaron, en especial a Consuelo Velázquez, Roberto Cantoral, Marco Antonio Muñiz y el compositor yucateco Luis Demetrio.

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