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La vida sin póliza: la frágil cultura del Seguro en La Laguna

Para la agente Olga Ruiz, antes de ser considerada un lujo, contar con esta protección debería ser parte de la canasta básica de cualquier familia

La vida sin póliza: la frágil cultura del Seguro en La Laguna

La vida sin póliza: la frágil cultura del Seguro en La Laguna

DANIELA CERVANTES

En La Laguna, asegurar el automóvil se ha vuelto obligatorio, pero, asegurar la vida, la salud o el futuro económico de una familia, no. La diferencia parece administrativa, casi burocrática, pero en realidad es un retrato social.

Mientras la ley exige una póliza para circular sin multas, la protección frente a una enfermedad, un accidente o una muerte prematura sigue viéndose como un lujo prescindible. Como si el cuerpo y la estabilidad familiar fueran menos frágiles que la carrocería de un automóvil.

Un dato nacional, por ejemplo, según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), indica que sólo alrededor del 20 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) en México cuenta con un seguro de vida.

Para Olga Ruiz Gutiérrez, agente de Seguros con más de veinte años de experiencia en La Laguna, este vacío no es casual. Es el resultado de una mezcla incómoda de desinformación persistente, educación financiera incompleta y una economía regional tensada hasta el límite por salarios bajos, inflación y precariedad laboral.

En ese sentido, por ejemplo, según datos recientes del INEGI (2025), la Zona Metropolitana de La Laguna se caracteriza por tener salarios bajos, con aproximadamente el 75 por ciento de sus trabajadores ganando entre uno y dos salarios mínimos mensuales, posicionándola entre las regiones con ingresos más bajos de México.

"Nos obligan a tener el seguro del auto, mínimo el de responsabilidad civil, pero no tenemos la cultura de preguntarnos qué va a pasar si me enfermo, si mi mamá necesita atención médica o si yo ya no estoy más aquí", indicó Olga.

Desde su oficina ha visto repetirse la misma escena: una enfermedad grave irrumpe y, en cuestión de semanas, devora el patrimonio que una familia tardó décadas en construir. Casas hipotecadas, ahorros evaporados, préstamos informales y colectas públicas se convierten en la red de emergencia cuando no se tejió una previa.

ENTRE LA DESINFORMACIÓN  Y EL MITO

Durante años, contratar un seguro de vida o de gastos médicos fue visto en la Comarca Lagunera como un gasto evitable, una extravagancia reservada sólo para gente con ingresos elevados.

Sin embargo, al cuestionarla, la agente informó que hoy el costo mínimo de un seguro depende de la edad y del deducible que se elija. Por ejemplo, para una persona de 35 años de edad se podría encontrar un plan que cueste entre 800 y 1200 pesos al mes.

"La gente piensa que los seguros son carísimos o que al final, si algo ocurre, no van a pagar".

Ese mito se transmite como leyenda urbana: "a mi suegra no le pagaron, o a mi vecina no le pagaron. Pero cuando los casos se revisan, casi siempre hay una letra pequeña ignorada, pólizas vencidas, periodos de espera no cumplidos o coberturas mal entendidas".

Por eso, opinó que la desinformación es el principal obstáculo para que la cultura del seguro permanezca frágil en La Laguna.

Asimismo, actualmente, también es común que las personas prefieran adquirir seguros en tiendas departamentales, bancos o incluso en Coppel, Banco Azteca, Liverpool o Cimaco.

En ese sentido, Ruiz Gutiérrez advirtió que, aunque puedan parecer más baratos y accesibles, estos no ofrecen la misma atención ni asesoría que brinda un agente especializado.

A menudo, en estos casos, mencionó, los clientes no tienen la póliza, no saben quién es el beneficiario o no pueden realizar cambios fácilmente, lo que les termina generando problemas en caso de necesitar usar el seguro.

LA PANDEMIA COMO PUNTO DE QUIEBRE

Si algo sacudió, aunque fuera parcialmente, la cultura del seguro en la región fue la pandemia de COVID-19. A partir de 2020, Olga estimó que el conocimiento y la contratación de seguros de vida y de gastos médicos aumentó entre un 15 y un 20 por ciento. No por campañas educativas, sino por experiencia directa.

"La gente empezó a conocer los seguros sin querer. Se enfermó un familiar y vieron que sí cubría. Ahí vieron la diferencia brutal entre tenerlo y no tenerlo".

El impacto, sin embargo, no fue parejo. Mientras algunos lograron blindarse, otros quedaron más expuestos tras perder el empleo o vaciar sus ahorros. A cinco años del inicio de la pandemia, el rezago persiste: apenas una cuarta parte de la población lagunera cuenta con algún seguro de vida o de gastos médicos mayores. Entre trabajadores informales, la cifra es todavía menor.

ECONOMÍA FRÁGIL, DECISIONES DIFÍCILES

La crisis económica reciente ha golpeado directo a la protección financiera. Inflación, aumento en el costo de los seguros médicos, desempleo y cierre de pequeños negocios han obligado a muchas familias a cancelar pólizas, aun sabiendo que las necesitan.

"El año pasado fue durísimo. Gente que sabía que lo necesitaba tuvo que cancelar porque primero estaban las colegiaturas, la renta o, simplemente el sobrevivir", relató Olga. Otros optaron por subir el deducible o reducir coberturas para pagar una prima más baja, y cruzaron los dedos para no enfermarse.

Los seguros no forman parte de la canasta básica, pero deberían, considera la especialista. Sobre todo, en una región donde una parte importante de la población es comerciante, emprendedora o trabajadora independiente.

"Se dice que casi el 40 por ciento somos pequeños empresarios o trabajadores por cuenta propia, y todos ellos pagan sus gastos médicos de su bolsa". En ese contexto, enfermarse no es sólo un problema de salud: es un problema de supervivencia económica.

SEGURO DE VIDA: EL MÁS MALENTENDIDO

De todos los productos, el seguro de vida es quizá el más incomprendido. Para muchos jóvenes, la muerte es una idea lejana; para otros, un tema incómodo que se evita con humor nervioso. "Pero no piensan en la invalidez o en un accidente que te deje sin poder trabajar durante meses o años", explicó Olga.

La paradoja es que un seguro de vida básico puede ser sorprendentemente accesible. "Con cuatro o cinco mil pesos al año puedes dejar protegida a tu familia. No es caro. El problema es que nadie se los explica así".

En dos décadas de trabajo ha visto ambos extremos: viudas que recibieron en semanas el respaldo económico que les permitió seguir pagando la casa o la escuela de sus hijos, y familias que tuvieron que organizar rifas, vender bienes o endeudarse para cubrir gastos funerarios.

"Te diría que el 70 por ciento de las familias laguneras queda desprotegida cuando muere el principal sostén", afirmó.

CASOS REALES

Olga Ruiz Gutiérrez ha sido testigo de numerosos casos en los que los seguros han beneficiado a las personas. Por ejemplo, el año que pasó, cuatro mujeres de diferentes edades (28, 38, 46 y 70 años) con cáncer se beneficiaron de sus seguros de gastos médicos.

Todas fueron atendidas en los mejores hospitales de Torreón. Pagaron su deducible y coaseguro, que llegaron a su tope, lo que significa que ya no tuvieron que pagar nada más por sus quimioterapias y operaciones. Estas mujeres siguen en tratamiento sin tener que preocuparse por los costos, lo que les permite mantener su calidad de vida tanto en la salud como financieramente.

En cuanto a los seguros de vida, Olga relató el caso de un señor que falleció, dejando a su esposa y dos hijos pequeños. Gracias a su seguro de vida de 3 millones de pesos, la esposa recibió el dinero en un mes, lo que le brindó tranquilidad en un momento difícil.

Otro caso fue el de un joven que primero recibió una indemnización por invalidez y, lamentablemente, falleció un año después, recibiendo su familia la cobertura total por el fallecimiento.

Estos ejemplos demuestran cómo los seguros de vida protegen el patrimonio familiar cuando el sostén principal ya no está.

Olga enfatiza que, aunque la medicina es cada vez más cara, los seguros de gastos médicos y de vida ofrecen una solución crucial. En el caso del cáncer, donde las quimioterapias pueden costar hasta 300 mil pesos cada una, el seguro permite a los pacientes acceder a tratamientos sin agotar sus ahorros o vender sus bienes.

Además, mencionó, los seguros de vida afianzan que, en caso de fallecimiento, la familia no quede desprotegida y pueda mantener su estabilidad económica.

Para ella, los casos anteriores subrayan la importancia de los seguros como una herramienta esencial para la protección financiera y la tranquilidad en momentos de crisis.

EDUCAR ANTES DE VENDER

Para Olga, el papel del agente de seguros no debería limitarse sólo a colocar pólizas. "Somos asesores. Tenemos que preguntar cuánto gana la persona, si tiene hijos, qué busca, qué puede pagar. No sirve de nada venderle algo que va a cancelar meses después".

La educación financiera, insistió, debería comenzar temprano, incluso desde los 18 años. "Un chavo que empieza a trabajar puede asegurar su vida, su invalidez y enfermedades graves con sólo 800 o mil pesos al mes. Eso cambia todo: te hace más consciente de tu dinero y de tu futuro".

Olga cree que la cultura del seguro en La Laguna seguirá creciendo, impulsada por la desconfianza en las instituciones públicas, el encarecimiento de la atención médica y la circulación de información en redes sociales. Pero advirtió: nada de eso será suficiente si no se combate de fondo la desinformación.

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