Mientras en México la puesta en escena de la farsa de la política mantiene su continuidad pese al cambio de las siglas que representan sus actores y el resto del mundo monta otra donde las armas no son de utilería, los asuntos serios parecen estar en un segundo plano de la atención de muchos gobernantes y ciudadanos.
La mentira y manipulación concentran la luz de los reflectores en el espectáculo que protagonizan, en tanto que el desprecio a la vida humana sale de la obscuridad sólo para iluminarlo con un destello que purgue conciencias y sirva para atribuir visos de verdad a los montajes teatrales del poder.
El viernes 23 de enero en el Parque Industrial de Matamoros, Tamaulipas, las llamas hicieron visible la tragedia de tres bomberos, convertida poco después -como es frecuente en casos así- en alusiones a su carácter de héroes y menciones en discursos y redes sociales en sustitución de compromisos a favor de la vida.
Osvaldo Cedillo, Ángel Acuña y Carlos Hernández murieron en cumplimiento de su deber, lamentabilísimo hecho que debería ser motivo para que el sistema político pidiera disculpas a la enorme mayoría de los cuerpos de bomberos del país, por soler usarlos en mensajes de condolencias y luego ignorarlos como profesionales dedicados a disminuir el dolor humano, fin último también de todo político con vergüenza o al menos con una pizca de decoro.
Los héroes son figuras funcionales al sistema que los cobija, promueve o crea para asociar su imagen con la de ellos, nunca o difícilmente para hacer un acto de contrición y comprometerse a seguir su modelo. Siempre será mejor contar con bomberos de larga vida en el servicio, que con héroes por un día.
Es momento de reconocer a quienes trabajan para una sociedad que les exige hasta la vida, sin observar que se les regatean equipos y salarios que aseguren heredar a sus familias algo más que el recuerdo de servidores ejemplares.
¿Qué experimenta un bombero cuando surge una llamada de auxilio? Rescato algunos apuntes que hice a propósito de mi experiencia como vulcano voluntario:
"Son las tres de la mañana y duermes con la profundidad que se puede dormir en una estación de bomberos, donde por más que lo intentes jamás tu cuerpo llegará a la inconsciencia plena. Aquí dormir es morir un rato, siempre listo para la abrupta resurrección que en cualquier momento podrá anunciar la alarma.
"Transcurren apenas unos minutos del silencio de esa hora cuando de pronto sientes un torrente hirviente en el pecho, mientras tu corazón se desboca y sueños, culpas y reflexiones se hacen a un lado, porque si no los atropellarás en tu correr hacia los tubos a través de los que descenderás a la sala de máquinas para desafiar lo desconocido, gozar el placer de vencer el miedo y saber que la vida vale toda por un instante antes de la muerte cumpliendo el deber.
"La alarma no resistió más el silencio de la obscuridad y te arrancó de la cama. Ahora ni el salario que regatea oportunidades a los hijos de tus compañeros, ni esas palabras acerca de la supuesta tardanza que señala quien no te vio aventar el alma al vacío del cubo de los tubos, ni esa pipa de agua improvisada como máquina de bomberos, ni esa sociedad que llora muertes para expiar su carácter pusilánime, ni saber quién o por qué te necesita, ni nada, nada absolutamente, podrá hacerte renunciar a este momento en el que vives el privilegio de hacer lo que tienes que hacer.
"Ya sobre la máquina reconoces que te gustaría que tu orgullo de ser bombero paseara en una unidad que no exigiera transfusiones constantes de aceite, que fuera como esas de las películas gringas, que acudiera con menor frecuencia al taller, que al menos esperara que llegaras al incendio para exponerte al peligro de estar fuera de la cabina, que no te hiciera pensar en animarla para que no la rebase un camión repartidor.
"Bajen la línea, ordena el capitán. Las llamas hacen de día la noche, te subes bien los guantes porque la radiación te está quemando la piel que queda el descubierto entre ellos y las mangas del chaquetón, mientras que tu nariz parece llave abierta, tus ojos lloran como tu espíritu lo hace de emoción y el humo te extrae hasta los pecados más recónditos.
"Evocas también el rostro de esa mujer que con la expresión de ingenuidad que sólo puede tener quien quiere transformar lo que ven sus ojos te preguntaba entre las cenizas de su casa si se habría salvado algo, y luego tu compañero se erigiera en terapeuta con casco para conversar con ella acerca de la oportunidad de tener vida, aunque se careciera absolutamente de todo lo material.
"Pero tampoco puedes pasar por alto que a estas horas muchos parecen dormir en más de un sentido y que al despertar preferirán llorar, antes que actuar".