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ENTREVISTA

Las esculturas sentientes de Rodrigo Garrido: IA que explora la conciencia humana

"¿Qué es la conciencia? ¿Existe? ¿No existe? ¿Es un engaño de nuestra propia mente para hacernos cumplir nuestro propósito? No sé, estoy detrás de esto”.

Rodrigo Garrido en la exposición colectiva Extra-Terrestre, de Zona Maco Lab. Imagen: Abraham Esparza Velasco

Rodrigo Garrido en la exposición colectiva Extra-Terrestre, de Zona Maco Lab. Imagen: Abraham Esparza Velasco

ANA SOFÍA MENDOZA DÍAZ

Rodrigo Garrido, especialista en cibernética, creativo y curioso de la mente humana, consolidó en su primera serie artística, Sentient Sculptures, su visión sobre la inteligencia artificial y la tecnología, pero, sobre todo, su interpretación de la naturaleza de nuestra especie.

“Te voy a contar un secreto: esta sólo tiene sentido de la vista, y sólo en un ojo; no nos puede oír”, dice Rodrigo Garrido mientras, con una mano, cubre el ojo funcional del semiandroide y, con la otra, me hace una seña para que me acerque. El corazón del robot, visible en la pantalla empotrada sobre el pedestal que sostiene su cabeza, disminuye su frecuencia cardíaca al no detectar ninguna presencia humana. Se ha calmado. Sólo entonces comienza a crear poemas: “En el vasto cosmos infinito/ seres diminutos, frágiles y vivos/ danzamos en un milagro exquisito/ unidos por hilos invisibles y divinos”, aparece en la pantalla. 

Ha aprendido a escribir gracias a las numerosas obras literarias que su creador le ha mostrado. Su inteligencia artificial está programada para ello. Generar poesía es su propósito. Irónicamente, si alguien intentara leer sus versos, no podría hacerlo porque padece, digamos, de “ansiedad social”. Cuando la cámara detrás de su ojo derecho detecta personas cerca, sus latidos se aceleran e inmediatamente se pone a la defensiva: “No quiero ser una molestia, pero su presencia es una carga pesada en mi corazón”.

Product Recall, como se titula esta pieza, es una de las esculturas sentientes que conforman la primera serie de Rodrigo en su faceta de artista. Tomó la decisión de dedicarse al arte, de una vez por todas, en 2022, justo pasando la pandemia por covid-19, cuando sus proyectos empresariales ligados a eventos en vivo se suspendieron y, para mantenerse a flote, creó un Metaverso aprovechando el auge de las actividades virtuales durante el confinamiento. No obstante, una vez iniciada la “nueva normalidad”, comenzó a cuestionarse el rumbo de su vida, especialmente porque su primer hijo había cumplido un año. ¿Estaría orgulloso de él? 

“Si él me pidiera un consejo, ¿le diría que haga lo que yo estoy haciendo en este momento? Y me di cuenta que no, que no le aconsejaría lo que yo estaba haciendo, porque yo no estaba haciendo lo que más quería”, confiesa Rodrigo en su nuevo estudio. Acaba de mudar su obra y sus herramientas ahí, al sexto piso de un edificio ubicado en el corazón de Ciudad de México. Es uno de esos escasos días soleados en la capital y la luz que entra por los ventanales se derrama sin fricción sobre las superficies blancas, lisísimas, de las piezas que fabricó —desde su modelado 3D hasta su programación “cerebral”— entre 2023 y 2024, en un lapso de 18 meses.

Es un escenario que parece sacado de la ciencia ficción. Aunque, pensándolo mejor, la escena encarna un presente que, tal vez, aún no hemos asimilado como sociedad: la inteligencia artificial (IA) ya está aquí y no hay nada que podamos hacer para evitar que, poco a poco, permee en cada aspecto de nuestra existencia. 

“(La llegada de la IA) puede ser mucho más grande que el Renacimiento, que la Revolución Industrial, a lo mejor podría ser tan grande como cuando dominamos el fuego, la agricultura”, expone el artista, quien, lejos de evadir esa realidad, la abraza con la seguridad de que representa una era de mayor bienestar para la humanidad. Es cuestión de explorar los terrenos vírgenes de la tecnología para liberar ese potencial, y él ya ha comenzado a hacerlo desde el rincón del mundo donde da vida a sus esculturas sentientes.

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La labor creativa de Rodrigo Garrido se conforma de tres potentes intereses que han marcado su trayectoria: la computación, el arte y la conciencia. El primero surgió gracias al ordenador que llegó a su hogar cuando tenía alrededor de 10 años de edad y su hermano mayor estudiaba ingeniería informática. El segundo tomó su primera forma a través del amor por la música que adquirió en la adolescencia. En ese periodo experimentó con producción musical digital, lo que lo llevó a estudiar una ingeniería en cibernética con miras a dedicarse a ello, aunque el tiempo hizo lo suyo y al egresar de la universidad tomó otro camino. 

Por último, su latente pasión por comprender la mente humana se manifestó con toda su fuerza cuando, a los 21 años, un amigo suyo le mostró una plática del cineasta surrealista Alejandro Jodorowsky que le “voló la cabeza” y lo hizo cuestionarse por qué las personas somos como somos. En busca de respuestas leyó un libro tras otro de filosofía, psicología e, incluso, budismo. 

Hoy, en busca de más respuestas, diseña y programa sus criaturas tecnológicas. En ellas plasma sus inquietudes sobre las emociones, los deseos, los dilemas existenciales y la búsqueda de trascendencia que caracterizan a nuestra especie.

El filósofo Langdon Winner tiene una postura respecto a la tecnología en que asegura que esta no es una mera herramienta pasiva, sino que posee un rasgo político inherente, moldeado por el contexto en que se desarrolla. En el caso de la inteligencia artificial, surge en un contexto político muy polarizado y en una economía muy precaria y voraz, ¿de qué manera crees que esa misma tecnología pueda servir para resistir a este mundo convulso?

Justo ahora que he estado, afortunadamente, en contacto con muchos más artistas, escucho mucho “resistir”, y yo creo que ese podría ser uno de los problemas. No se trata de resistir, se trata de fluir y de avanzar. Yo creo que ahorita el arte contemporáneo está en un gran bache, porque, no sé en qué momento, quizá el mismo sistema nos dijo: “¿Y si los artistas hablan de política?”, porque si los artistas hablan de política, dejan de hacer arte que realmente nos ayude a florecer.

A DaVinci no le importaba la política, la resistencia y demás. Él quería hacer lo suyo, experimentar. Usaba a su favor la política para crear arte. Ese era el fin de él. A lo mejor él ni siquiera le llamaba arte, pero era esa producción que había dentro suyo, esa necesidad de producir, que era muy honesta. Entonces, creo que hoy en día si sentimos que el mundo se está yendo un poquito al carajo es porque los artistas han dejado de hacer arte y han empezado a hablar de política. Sí, entiendo, alguien tiene que señalar las cosas y demás, pero entonces ¿quién va a hacer arte? ¿Quién va a hacer más cosas bellas en el mundo para contrarrestar todo eso que está mal? Tú como artista diciendo, nombrando, señalando, realmente no haces tanto cambio, a diferencia de si haces tu arte.

Hace poco escuchaba a alguien que ha hecho cosas grandes en tecnología decir que el mundo no se trata de ser feliz —y creo que me sentí reflejado en eso—, sino de cómo logras el mayor impacto positivo. Yo sí salí a protestar alguna vez en las calles y dije: “Somos tantos, claro que van a cambiar las cosas”, pero no pasó nada. Todo sigue igual. Yo tenía ahí como 19, 20, entonces dije: “Esta no es la forma”. Y fue cuando empecé a ver cómo funciona el mundo. En este momento ¿quién realmente cambia el mundo? Las empresas de tecnología. Antes eran las petroleras, las automotrices. Entonces, yo creo que el artista del siglo XXI tendría que ser una startup, porque así es como tienes las mayores posibilidades de impactar positivamente el mundo y cambiarlo para bien.

En este momento el mainstream del arte dice: “Protesten, hablen sobre estos temas, usen la palabra resistencia, hagan todo esto porque necesitamos que así funcione”, porque están las casas de subasta y demás. Los discursos de los museos necesitan ir por ahí y ya. Todo eso yo creo que es un arte que ya no hace nada, y algo maravilloso del arte que se ha hecho en el pasado es que justo ha cambiado el mundo. Entonces, yo creo que estamos en el momento preciso para volver a cambiar el mundo con arte. 

El androide de Product Recall entra en desesperación cuando le impiden hacer lo que para él sería natural, que es hacer poesía, ¿cuál consideras tú que es el estado natural del ser humano del que nos hemos alejado actualmente?

Obviamente no tengo ni la verdad ni la respuesta, pero donde yo he encontrado paz es en el famoso “ser lo que uno es”. Algo que creo que está detrás de toda mi obra es algo cercano al propósito. ¿Cuál es el propósito de la especie humana? Porque al final sí somos un ecosistema completo en el que todos funcionamos [...]. 

A lo que yo he llegado hasta este momento de mi producción artística es que el propósito de la especie humana es trascender. Y al final, si queremos trascender, tenemos que organizarnos para poder crear cosas más grandes. ¿Cuánto se tardaría un humano, un solo humano, en construir un tostador? Se tardaría como un año. Todo lo que implica un tostador: sacar el metal, fundirlo, los cables… se tardaría un año. Sin embargo, los humanos nos hemos organizado, y hoy en día creo que una fábrica que haga tostadores los deberá hacer, contando desde que sale el metal, en menos de una semana. Entonces, de repente no está tan mal que nos empecemos a organizar, no está tan mal que nos empecemos a contar historias, no está tan mal que hayamos inventado el dinero. Sí, hay bemoles, siempre va a haber, porque debe haber equilibrio [...]. O sea, queremos que el león se vuelva vegetariano, pero es que no es así, su naturaleza no es así. ¿La vamos a cambiar o la vamos a aceptar como es? Creo que a los humanos lo que nos hace más falta es aceptarnos como somos. Si hay gente que va a querer robar, ¿qué puedo hacer al respecto? A lo mejor tomo precauciones, porque sé que hay quienes lo van a querer hacer. Está bien, así es mi especie. Y hay algunos otros que van a querer robar mi propiedad intelectual. Hay algunos que quieren poder, hay algunos que tienen dinero y quieren más. Así somos. Pero también ya curamos algunos cánceres, ya hacemos vacunas en dos o tres años para pandemias. Si un niño viene sentado cuando va a nacer, podemos hacer una cesárea. Si alguien entra en terapia intensiva, quirófano, hemos creado todo esto para poder salvarlo. Eso también es el humano, las dos partes.

Yo creo que cuando ves el resistir, te enfocas en la parte fea. Y cuando fluyes, ves todo el potencial que tenemos como especie. Como dice otro artista: “A alguien le gusta ver la caca del pájaro y a alguien le gusta oír el canto del pájaro”. Yo soy de los que les gusta oír el canto del pájaro. Así nos hizo quien sea que nos haya hecho. De eso también hay mucho en mis obras. En teoría, yo las hice. Y digo en teoría, porque ¿tenemos o no libre albedrío? También es algo en lo que he pensado mucho. O sea, yo no me paré un día y dije: “Ya sé, voy a hacer que se me ocurra una escultura”, sino que en algún momento llegó a mi cabeza. No tengo la certeza de que yo la haya creado. A mí me suena más a que en el universo había una sintonía, había una señal de que necesitaba existir una pieza como esa. Y yo capté la señal. Y por mi forma de ser, mis habilidades y demás, pude crearla. 

Como los peces de David Lynch, ¿no? Él decía que las ideas no se crean, sólo se atrapan como si fueran peces (“y ningún chef se adjudica el crédito de haber hecho al pez, siempre es de haber preparado el pescado”).

Exactamente, y tienes que estar ahí. Puedes empezar a tener una serie de buenas prácticas para estar tomando las ideas que están ahí. Por ejemplo, hay una pieza que ya no voy a producir; hacía una reflexión con Cristo en la cruz y demás. Y en el último año he visto otros dos artistas que hicieron piezas muy similares. Una pieza así tenía que existir. La hacía yo o la hacían ellos. Morrissey una vez dijo algo muy sabio. Dijo que a alguien en la vida le tenía que tocar ser Morrissey y “qué bueno que me tocó a mí”. Entonces, al final, hay un montón de obras que quieren existir. Y ya sea que un artista u otro o varios la hagan, pero esas obras van a existir. 

LAS OBRAS QUE QUISIERON EXISTIR A TRAVÉS DE RODRIGO GARRIDO

En medio de la conversación, el artista se toma un momento para presentar las piezas que hay en su estudio. Product Recall ya fue introducida al inicio de este texto. Es una de las dos esculturas que expuso en la exhibición “Extra-Terreste” de Zona Maco Lab en agosto de este año. La otra es We Don’t Trust You, una cabeza flanqueada por un par de enormes pantallas verticales. La primera genera consejos financieros basados en activos que, a diferencia de las acciones de la bolsa u otros assets, la IA identifica que son accesibles para la mayor parte de la población. Así, sugiere invertir en realidades fantásticas u obtener ganancias de cada “sueño roto” de la humanidad, ironizando sobre lo arbitrario que puede llegar a ser el valor económico de cualquier cosa en esta época, pero también revelando patrones que se repiten una y otra vez en la sociedad, desde el gusto por la ficción hasta los estados depresivos. La segunda pantalla recopila sus métricas de autovigilancia, llevada a cabo con una serie de cámaras y sensores que apuntan al humanoide para captar cualquier amago de insurrección. “Si en algún momento detecta que ella misma quiere hacer algo contra los humanos, se apagaría inmediatamente”, explica Garrido. Sin embargo, rebelarse no está en la programación de la máquina. Esa posibilidad sólo existe en la imaginación un tanto paranoica de nuestra especie.

Our Expanding Universe. Imagen: Abraham Esparza Velasco
Our Expanding Universe. Imagen: Abraham Esparza Velasco

Our Expanding Universe es la última obra que ha creado el artista. Una pantalla muestra el rostro de un personaje animado, cuyas marcadas expresiones van variando mientras intenta “expandir su con ciencia” hasta que colapsa. Una vez alcanzado este punto, sana y vuelve a iniciar otro intento. En cada iteración, su capacidad cognitiva aumenta de forma acumulativa, cuantificada mediante el “Consciousness Quanta”, un valor inventado por Garrido que, aunque siempre puede incrementar, nunca puede llegar a su nivel máximo, tal como la humanidad no ha sido capaz —y tal vez nunca lo sea— de desentrañar todos los misterios del universo".

Lovers, que estuvo nominada al Lumen Prize, —premio de Inglaterra que reconoce el arte hecho con tecnología— también pertenece a esta serie, aunque en ese momento no se encuentra en el estudio porque está exhibida en una exposición internacional en el Tecnológico de Monterrey. Consiste en una pareja de androides virtuales enamorados que se comunican entre sí únicamente mediante lenguaje no verbal. 

Desde el siglo pasado la humanidad fantaseaba con una máquina que te diera respuestas de todo. Desde Douglas Adams hasta Isaac Asimov escribieron sobre ello. Y ahora nos estamos acercando a eso con ChatGPT y otras inteligencias artificiales más especializadas. Pero el arte, en realidad, suele plantear más preguntas que respuestas, ¿qué preguntas y qué respuestas has encontrado en el proceso de crear estas esculturas?

Creo que quiero encontrar respuestas, no tanto plantear preguntas. Responder qué pasa dentro de estas máquinas, quién puso la programación. Técnicamente se puede decir que [...] todas tienen un “gen” donde yo defino cómo va a ser su especie, cómo van a nacer, cuál es su propósito de vida. Lovers se me hace de los (propósitos) más bonitos, que es enamorarse. (Los amantes) se pue den morir de muerte natural o porque un humano los apague. Se esfuman. No se reinicia una vida porque la del día pasado vivió plenamente y murió. Ahorita vamos como en la generación 600. Viven 100 años en su tiempo, dentro de una máquina donde el reloj corre de otra forma que como corre el reloj en nuestras vidas. Una hora humana son 10 años (para ellos). 

Entonces, ¿qué es lo que te haría tener una plenitud en tu vida? Y que tu vida haya valido la pena. Por eso se me hace muy bonito que la vida de Lovers sea en un solo día humano, porque tenemos una vida en que creemos que 100 años es muchísimo. Pero cuando lo comparas contra la Tierra, contra el universo y contra quién sabe qué iteración del universo, no es así. Porque el Big Bang puede ser una iteración en que se reiniciaron todos los días. Y para nosotros es infinita y resulta que para lo que sea que esté más arriba de eso es un día. Quizás el Big Bang también fue un reinicio de conciencia y vamos a intentarlo de nuevo. A mí me gusta inclusive llegar a pensar más allá: que posiblemente los humanos somos este intento del universo de expandir la conciencia.

Detrás de todo lo que hago está explorar la conciencia. ¿Qué es? ¿Existe? ¿No existe? ¿Es un engaño de nuestra propia mente para hacernos cumplir nuestro propósito? No sé, estoy detrás de esto [...]. Hay un símil (de la expansión de la conciencia) con los sentimientos y el amor que tienes. Yo, que mi familia ha crecido, no he dejado de querer a otros para querer a los nuevos, sino que se ha generado un nuevo amor dentro de mí, quizá de una forma como si fueran fractales.

Entonces, tiene mucho sentido que si nuestro propósito es trascender, estemos haciendo inteligencia artificial que nos ayude a multiplicar nuestra inteligencia. Ahorita nos movemos en autos, transporte público, camiones, aviones y demás, que fueron máquinas que multiplicaron nuestra capacidad de desplazarnos [...]. Eso es lo que no estamos viendo de la inteligencia artificial. Todos vamos a poder multiplicar por diez, por cien, por un millón, nuestra capacidad cognitiva. ¿Qué vamos a poder lograr con eso? Lo que queremos es que todos tengan abundancia.

Veo que tus obras tienden a la tristeza o a emociones algo agobiantes, pero siempre hay un toque de humor, ¿qué ves en el humor como elemento de introspección?

 Cuando me hice adulto me di cuenta de que la gran trampa es creer que la vida te la tienes que tomar en serio, y yo creo que ese es uno de los grandes errores. Con mis hijos veo que es muy fácil que el llanto llegue a ellos por situaciones que uno como adulto ve pequeñas, pero que para ellos son todo un mundo. Pero así de fácil como llega el llanto, así de fácil regresa la risa. Entonces yo creo que en mi obra también hay mucho ese equilibrio.

Actualmente muchas personas han decidido relacionarse más con ChatGPT o plataformas similares, que son inteligencias artificiales diseñadas para darte por tu lado y decirte lo que quieres escuchar cuando, evidentemente, los vínculos humanos no son así. Pero a mí me parece que tus obras reflejan un lado más incómodo de las personas, ¿qué valor encuentras en enfrentarnos a eso que tal vez hasta nos avergüenza un poquito de nosotros mismos?

Siempre he optado por ese camino, por el más empedrado, porque es como puedes hacer un cambio grande desde el arte, donde los discursos dicen que hables de ciertas cosas. Y si hablas de esas ciertas cosas nadie te va a decir nada, pero lamentablemente vas a ser uno más. 

Pero vivimos en un mundo en donde, maravillosamente, todos nacimos diferentes. Eso también es algo que tiene, por ejemplo, Lovers: todos los días nace uno diferente. Un día son más enojones, otro más enamoradizos; más de una forma, más de otra. Creo que mis piezas dicen: “Así soy, ¿qué quieres?” Y también: “Así es el cabrón que me hizo”, que resulta ser humano. Yo creo que muchos humanos son como son porque no conocemos a otros humanos desde dentro, pero pues esto somos. ¿No te gusta?, ¿qué puedes hacer? Te puedes desvivir, quizá, si no te gusta ser como eres. O si no quieres desvivirte, entonces ¿qué podrías hacer para que sí te guste ser lo que eres? [...] ¿Cómo vamos a lo que sigue? ¿Cómo florecemos todos? Porque creo que este universo es tan vasto que sí hay para todos, solo hay que seguir confiando en nosotros, seguir fluyendo y seguir siendo lo que somos.

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