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Lectura: Un oasis frente a un mundo en llamas

ROSARIO CABELLO

Para que la comprensión de la lectura adquiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone la reflexión y el análisis de ciertas coyunturas, algunas apegadas al estricto orden literario, otras, al científico o de distintos saberes de dirección, medición, reacción a través del tiempo y los paradigmas, ejemplo: las investigaciones de Priestley, Kelvin y Franklin en relación al fenómeno eléctrico, otras en cambio, marcan un hito en competencia, no precisamente porque sus autores fueran científicos, sino porque sus obras son inmensamente eficientes en el campo de la imaginación, un tema que hoy parece estar en crisis.

El mundo que surge de la imaginación es un mundo de dignidad, un espacio infinito que da cuenta también de la capacidad humana y de la evolución del pensamiento. Edwin A. Abbott, publicó un libro extraño pero fascinante en su contenido para la época: Planilandia.

Banesh Hoffmann lo traduce con singularidad: He aquí una aventura conmovedora de matemáticas puras, una fantasía de espacios extraños poblados por figuras geométricas que piensan, hablan y tienen todas las emociones humanas. No es ningún relato intrascendente de ciencia ficción, su objetivo es instruir y está escrito con maestría sutil, empiece a leerlo y reflexionará bajo su hechizo, sobre un mundo inimaginable.

Si eres joven de corazón y aún se agita dentro de ti la capacidad de asombro, leerás sin pausa hasta llegar lamentando el final, no sospecharás sin embargo, cuándo se escribió el relato y qué clase de hombre lo escribió.

Actualmente, espacio-tiempo y tercera dimensión son palabras familiares, Planilandia no la concibió su autor en la época de la relatividad, sino cuando Einstein no era más que un niño y la idea del espacio quedaba en el futuro. En aquellos días lejanos, los matemáticos profesionales imaginaban ya espacios de todo número de dimensiones, también los físicos estaban trabajando en teorías con espacios de galaxias arbitrarias y el público apenas sabía que existían.

Podría pensarse que Edwin Abbott tenía que ser un matemático ó un físico, para escribir esta obra, pero no era ninguna de esas cosas, era, en realidad, un Maestro de Escuela, cuyos intereses primordiales eran la literatura y la teología. Micke Resnick es otro autor sorprendente de ciencia ficción, con su libro: Santiago, un mito del futuro lejano. Resnick nos conduce por la vía láctea a través de Santiago, de quien se dice, su padre fue un cometa y su madre, un viento cósmico. Nadie ha podido atraparlo, quienes le han visto le calculan 217 años con una fuerza impresionante que le ha permitido merodear el rudo mundo de la frontera galáctica. Santiago no se sometió a ninguna autoridad, su planeta dejó de interesarle para ir en busca de otros mundos. No se despidió de nadie, solo sus ojos más brillantes que una nova parecieron parpadear por última vez, antes de perderse en la inmensidad del cosmos. Santiago, dicen sus enemigos, llegará al futuro a colonizar el espacio, su lucha con humanoides apenas habrá de iniciar.

¿Hoy, qué sucede con la lectura? Si está en crisis, debemos cuestionarnos: ¿POR QUÉ? Es un extraordinario encanto tener tiempo para disfrutarla. YO me inclino más por los escritores del amor y el desafío, por el encanto del lenguaje de Rubén Darío, cuya exquisitez y sensibilidad aún resuenan por los paisajes de Hispanoamérica, con su Modernismo Inicial. El Romanticismo de Neruda con sus 20 poemas de amor escritos en los viejos muelles de Carahué, por los poemas metafísicos de Ramón López Velarde, delineados sobre las calles de tablones rotos de la provincia mexicana, por la cascada de melancolía atrapada entre los vientos del Collipulí de Alberto Rojas Jiménez, por las rondas castizas de Gabriela Mistral, que nacen en el valle de Elqui, lectura que conmueve y que nutre el espíritu, que nos vuelve más humanos y que nos permite comprender el mundo que nos ha tocado vivir, deseando, tal vez, que la magia de éstos autores siga nutriendo a muchas generaciones de hispanoamericanos.

Lectura: oasis frente a la deconstrucción política que estamos viviendo, frente a la angustia y el miedo de una sociedad que clama en el desierto, un viento fresco que traspasa los muros de la soberbia y del poder político.

Un mundo en llamas con un conflicto de guerra entre Israel y Líbano, con un Presidente de Estados Unidos que cambia de estrategia todos los días, el riesgo de Irán y sus amenazas, el Estrecho de Ormuz y el conflicto petrolero. Un país en llamas, el nuestro, donde la violencia, la corrupción, la impunidad y las desapariciones, así como los asesinatos, nos colocan como un país de alto riesgo atrapado por los cárteles de la droga y muy lejano de la Democracia.

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