Leonardo lleva en su piel, la pequeña huella de su bebé y su nombre en el brazo. Danira lleva también el nombre Leo en su brazo.
Durante 38 semanas, Danira y Leonardo esperaron la llegada de su pequeño Leo. Pero el día que debía estar lleno de alegría terminó por convertirse en el dolor más profundo para ambos. En el marco del Día Mundial de Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, la pareja compartió su historia para acompañar a otras madres y padres que han vivido una pérdida similar.
La espera de Leo y los primeros síntomas
Aunque su paso por la vida fue fugaz, Leo dejó una huella imborrable no solo en sus padres, sino también en el resto de su familia.
Danira recordó que fue en julio de 2023 cuando vivió los momentos más dolorosos de su vida. Contaba con 37, casi 38 semanas de gestación, cuando comenzó a sentir unas ganas incontrolables de hacer pipí. Esto ocurrió en un par de ocasiones, incluso con pequeños accidentes al no alcanzar a llegar al sanitario.
En un momento, al hacer pipí, algo salió de ella, algo de aspecto mucoso, lo que la alertó. Tomó su celular y capturó lo que había arrojado para enviárselo a su ginecóloga y a su mamá.
Fue su madre quien respondió primero y le dijo que había arrojado el tapón y que se recostara.
Sus padres se trasladaron a su casa para llevarla al hospital más cercano, al no tener respuesta de su ginecóloga. Pero antes de salir, le contestó que no había nada de qué preocuparse, que todo estaba bien.
La madrugada del lunes y la atención médica
Así pasó prácticamente todo el domingo, hasta que por la madrugada del lunes la pérdida de líquido estuvo acompañada por fuertes dolores. Danira volvió a comunicarse con su ginecóloga para informarle, pero como respuesta recibió un “sabes qué, yo estoy en una reunión familiar y no te puedo recibir ahorita ni te puedo revisar, pero estás bien”, y solo le recetó inyecciones para que los pulmones de su bebé maduraran, puesto que ya estaba a horas de nacer.
“Solo alcancé a ponerme una. Y en el transcurso de la noche empecé con dolores y la cantidad de agua que yo saqué, literal no sé dónde retenemos las mujeres en el embarazo tanto líquido… Y ese día en la madrugada sí fuimos al hospital como a las 12:00 o 1:00 de la madrugada del lunes, fuimos a un hospital privado de Gómez Palacio, fuimos a Urgencias, me pusieron para escuchar el latido, me dijeron, está bien, las pulsaciones están bien, tú estás bien, nada más es cuestión de que sigas el monitoreo. Puede regresar a casa”, y así lo hicieron, puesto que a las 10:00 tendrían cita con la ginecóloga.
A esa hora llegaron puntuales a la cita, Danira acompañada por su suegra y su madre. Al realizarle una revisión, le dijeron que ya era urgente ingresarla, puesto que ya presentaba sangrado.
De inmediato se trasladó con su padre a Torreón, pues la intervención sería en una institución privada en el Centro. El camino, recordó, se hizo casi eterno, porque los dolores se volvían cada vez más intensos.
Su madre y su suegra se quedaron realizando parte del papeleo.
Al ingresar al sanatorio fue por urgencia, pero al no tener instrucciones de su ginecóloga ni respuesta de su parte, solo restaba esperar.
“Se tardaron unos 25 minutos, hasta que bajó una de las jefas de pediatría, ella fue la que logró canalizarme.
Como iba a entrar a cesárea, tenía que tener las agujas más gruesas. Ya cuando estaba ahí, me ponen el monitor.
Estaban los doctores, de qué ‘tu gine no contesta, no autoriza, y es que estamos viendo quién más te puede intervenir, porque ella es la responsable, ella tiene que venir’”, compartió.

Por fortuna, en ese momento se encontraban dos doctores, una neonatóloga y un ginecólogo, quienes, tras obtener la autorización de su esposo, iniciaron. Después de una hora, lograron comunicarse con la ginecóloga tratante, a quien le informaron que ya no era necesario que acudiera.
A Leonardo no le permitieron el ingreso, pues se trataba de una situación complicada.
Minutos después, escuchó que se activó un código, el cual esperaba que no fuera de su esposa, puesto que indicaba una emergencia. Poco después se activó un código azul, que se utiliza cuando un paciente sufre un paro cardiorrespiratorio o una pérdida inminente de sus funciones vitales.
Leonardo solo rezaba para que no fuera su hijo ni su esposa.
Lo inesperado
“A los dos minutos sale una doctora nada más para decirme: ‘Papá de Leonardo, puedes pasar (…) ¿Son católicos? Para bautizar al niño’.
Vamos a donde lo tenían conectado, me explica que tienen más de una hora tratando de reanimarlo, que al momento del parto nació sin respiración, sin embargo logró responder, por eso lo pasaron a neonatal y una vez en neonatal, volvió a tener problemas y duraron más tratando de animarlo, por ética profesional ya no podían seguirlo reanimando por todas las consecuencias que conllevaba”.
Mientras Leonardo lidiaba con las decisiones más difíciles de su vida, su esposa se debatía entre la vida y la muerte, pues sobrevino una hemorragia.
“Su esposa está grave, están tratando de quitarle el sangrado, está perdiendo mucha sangre y están tratando de salvarle el útero. Y ahí fue otro golpe. De rato llega el doctor y me dice ya todo está bien, tu esposa está bien... tuvimos que sedarla bastante, y ahorita está preguntando por el bebé. La vamos a pasar a la salita de recuperación y lo ideal es que tú le des la noticia”, compartió entre lágrimas, al recordar ese momento que se encuentra marcado en su memoria.
Por su parte, Danira compartió que ya en recuperación, enfrentando los dolores más intensos, su esposo le dio la noticia. Su madre le contó que su grito desgarrador aún resuena en su mente, así como el dolor que les hizo sentir la tristeza por la que atravesaban en ese momento.
Una enfermera le dijo que su hijo solo estaría unos minutos antes de que se lo llevaran, pero era necesario que estuviera sin dolor para pasarla a cuarto.
Resistió el dolor que sufría en ese momento, pero eran más grandes sus ganas de conocer a su hijo y tenerlo entre sus brazos, aunque fuera solo por unos instantes.
Y así fue. Danira tuvo entre sus brazos a su pequeño, cuya alma ya no se encontraba en su cuerpecito, momento que quedó capturado en una fotografía que tomó su madre y que ahora atesora toda la familia.
La huella de Leo
Horas más tarde apareció la ginecóloga, quien únicamente le ofreció unas pastillas para “cortar” la leche, la cual ya le estaban suministrando en el hospital, en donde recibieron el mejor de los tratos, en medio de su dolor.
“Hubo otro doctor, Chavira, él iba a atender a nuestro hijo porque traía un detalle en el intestino y lo iba a operar inmediatamente después”, pero en ese momento, tras enterarse de lo sucedido con su pequeño, los visitó.
“Llega con nosotros y nos dijo unas palabras, que sí fueron muy confortantes”, dijo Leonardo, pues el médico había pasado por dos pérdidas, mostrándoles su brazo con unos tatuajes de las huellas de sus hijos al nacer, las cuales lo inspiraron para hacer lo mismo.
Ahora, Leonardo lleva en su piel la pequeña huella de su bebé en el brazo derecho, con su nombre, su fecha y en la punta de su primer dedo una aureola. Danira, por su parte, lleva el nombre Leo también en su brazo.
Del mensaje y el acompañamiento
A tres años de lo sucedido, la pareja compartió que decidió no emprender acciones en contra de la ginecóloga, cuyo nombre reservaron, pues aseguraron que eso no les regresaría a su pequeño.
Lo que sí hicieron fue pedir ayuda especializada, a fin de superar juntos su pérdida, que a muchas parejas ha logrado separar.
“Hemos estado en terapia, el primer año y medio también en psiquiátrica (…) Las culpas son horribles, te ganan. Todavía no logro quitarme la culpa de haber dicho que sí lo desconectaran, a pesar de todo lo que me dijeron, de todas las consecuencias, de poco probable que respondiera, era decir, y si sí, ¿por qué decir que sí? Esa culpa... lo he platicado”, compartió Leonardo, quien sigue trabajando esa parte de su dolor.
Es por ello que formar parte de Latidos del Corazón y Mamis Estrellas de Amor los ha ayudado a trabajar su pérdida junto con otras mamás y papás que se han enfrentado a este dolor.
Incluso, aprovecharon para invitar a mamás y papás que han pasado por algo similar a que se unan a la caminata que se realizará este domingo 18 de octubre, la cual partirá de la Fuente del Pensador de la Alameda Zaragoza a las 18:30 horas con rumbo a la Plaza Mayor.