Libro con mirada académica humaniza la desaparición forzada en Torreón
A través del Observatorio de Violencias Sociales y Experiencias Comunitarias, recientemente, la Universidad Iberoamericana Torreón presentó En los ojos de mi madre: historias de vida de personas ausentes.
La estadística suena fría. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en Coahuila existen 3 mil 688 personas desaparecidas y Torreón, hasta mayo del año pasado, se mantenía como el municipio con la mayor concentración de casos, con 1048. Los números, por desgracia, constantemente se actualizan.
Así, cuando ocurre una desaparición forzada, de pronto, la persona deja de serlo para convertirse en un número y en una ficha de búsqueda, donde su edad, señas particulares, características físicas o vestimenta, terminan por ocupar más espacio que sus sueños, su esencia o la vida que construyeron antes de su ausencia.
En ese contexto, el instante de la desaparición —el último día en que se supo de alguien— suele borrar del relato público las aficiones, los anhelos o incluso los sabores favoritos de aquellos que no han podido regresar a casa. El fenómeno termina reduciendo vidas enteras a un momento de violencia, dejando en segundo plano todo aquello que les daba identidad.
Un proyecto desde la memoria y la humanidad
La realidad anterior, deambuló en la cabeza de Karime Alejandra Medina Vázquez cuando conoció las historias de madres buscadoras por medio del Observatorio de Violencias Sociales y Experiencias Comunitarias de la Universidad Iberoamericana Torreón.
Siendo estudiante de psicología y parte del equipo de alumnos que hacían trabajo social en el departamento, se animó a proponer un proyecto que rescatara la singularidad y la memoria de quienes sin explicación habían sido arrebatados de sus familias.
Sus historias, pensó Medina Vázquez, tendrían que entretejerse echando mano de los recuerdos y archivos de las mismas mujeres que les dieron la vida.
Fue Erika Soto, coordinadora de la biblioteca de la institución e integrante del observatorio, quien decidió acompañar el proyecto desde una perspectiva académica y metodológica.
Juntas comenzaron un proceso de entrevistas con madres pertenecientes a colectivos de búsqueda de La Laguna, para reconstruir no el momento de la desaparición, sino la vida que existía antes de ella.
El resultado fue En los ojos de mi madre: historias de vida de personas ausentes, un compendio que reconstruye las vidas de Sandra Yadira Puente Barraza, Hugo Marcelino González Salazar, José Manuel López Cháirez, Noé Antonio Méndez Romo, Erick Esaú Villagrana Huerta, Víctor Uriel Luna Valle, Jovanna Dibanhi Aguilar Pérez y Pablo Jared Vallejo Adame, personas que fueron desaparecidas en diferentes momentos en Torreón.
Más que centrarse en el momento de la ausencia, la obra apuesta por rescatar sus afectos, identidades y trayectorias como una forma de resistencia frente al olvido y la deshumanización que se liga a la fenómeno que representa la desaparición forzada.
Con la intención de adentrarnos a la lectura de este material, y conocer más de las motivaciones que lo generaron, este diario mantuvo una conversación con Erika Soto, una de las autoras que, en el abordaje de estas problemáticas sociales, desde la academia, apela constantemente al ejercicio de la memoria social.
“En los ojos de mi madre” reconstruye la vida de personas desaparecidas desde la memoria familiar. ¿Cómo nació la idea de contar estas historias desde lo humano y no únicamente desde la cifra o el expediente?
La propuesta está vinculada al trabajo y a las metodologías que se abordan desde el Observatorio de Violencias Sociales y Experiencias Comunitarias. Ahí tenemos un rato trabajando con los diferentes colectivos de búsqueda, y un trabajo importante que realizamos tiene que ver con sensibilizar a los estudiantes para tratar de involucrarlos en las problemáticas sociales, en ese sentido, en el observatorio se abrió la posibilidad de que los alumnos pudieran hacer ahí el servicio social, para que así tuvieran contacto con las diferentes problemáticas vinculadas con la violencia, sobre todo con el tema de la desaparición. En un momento Karime se acerca al observatorio y participa dentro de las búsquedas que se hacen en campo, nosotros, algunos viernes acompañamos al Grupo VIDA, les ayudamos en operativos para recuperar restos, o las acompañamos a marchas o misas. Eso les da oportunidad a los alumnos de acercarse humanamente a las problemáticas porque escuchan a las señoras y a partir de esa escucha nace el generar una propuesta. A Karime es a quien finalmente se le ocurre la idea de querer conocer a las personas desaparecidas en vida, justo para dimensionar el tema de la pérdida, pero además poder decir quiénes son, y conocerlos más allá de las fichas de búsqueda.
¿Qué importancia tiene que una universidad, a través de espacios como el Observatorio de Violencias Sociales y Experiencias Comunitarias, acompañe ejercicios de memoria, documentación y reconstrucción comunitaria?
Como sociedad hemos caído, incluso las propias instituciones, en el tema de conocer la problemática y sentir empatía y hasta ahí, es como tener sólo la sensación de incomodidad, pero para nosotros es importante que se generen desde esa realidad propuestas que tengan algún tipo de incidencia. La intención es que podamos trascender la empatía y que los mismos alumnos empiecen a generar ideas creativas para que hagan que se conozca la problemática de diferente manera, como más cercana y humana. Hoy existe una necesidad profunda de sensibilizarnos, porque creo que la violencia ya nos parece tan normal que a nadie le sorprende que las desapariciones sigan ocurriendo, y tenemos que emprender acciones porque lamentablemente las madres buscadoras están falleciendo sin localizar a sus familiares.
¿Qué responsabilidad consideras que tienen las universidades frente a problemáticas como la desaparición de personas y la violencia social?
En la institución se nos ha hecho mucho hincapié de poner el conocimiento universitario al servicio de la gente. Generar propuestas desde la universidad para transformar la realidad. La verdad hay un montón de necesidades. Aquí utilizamos mucho el impulso de que el conocimiento que se genere se utilice para transformar la realidad y en La Laguna tenemos muchas problemáticas sociales a las que se puede contribuir desde el acto de ser universitario.
¿Cómo puede el trabajo académico vincularse con las comunidades y las familias para que el conocimiento no se quede únicamente en las aulas?
El trabajo académico debería ser concebido, no solamente como un trabajo de escritorio, sino como un trabajo que busque generar algún tipo de transformación y eso necesariamente implica, primero, identificar cuáles son las principales problemáticas y estar afuera, en campo; y bueno, en el tema de la búsqueda de personas desaparecidas, creo que es uno de los temas más importantes. El movimiento de madres buscadoras es uno de los más importantes y tendríamos que estar trabajando para brindarles el respaldo desde nuestro saber. Cada quien desde su trinchera tendría que estar aportando y la academia no tendría porque ser la excepción. No se puede hacer academia si no se tiene un contacto directo con la realidad.
¿Cómo fue el proceso de escritura del libro? ¿Qué descubrieron sobre las víctimas que normalmente queda fuera de las narrativas oficiales sobre desaparición?
Karime y yo tuvimos que trabajar cuestiones de metodología, revisar literatura, sobre los métodos biográficos, un poco desde ahí, pensar cómo iría el aporte que nosotras queríamos hacer. Después de eso, fue platicar con las señoras para saber quienes estaban interesadas en trabajar en el proyecto, ahí tratamos de abarcar casos de los tres colectivos, digamos, con mayor antigüedad en la entidad que son: Voz que clama justicia, Grupo VIDA y FUUNDEC (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila). Comenzamos agendar las entrevistas, y ya para el proceso de escritura, la verdad es que tratamos, por el tipo de proyecto, de no tocar, en la medida de lo posible, el tema de la desaparición en sí, porque sabemos que es un tema doloroso y no queríamos tocar la herida; más bien queríamos darle la vuelta y hablar de otros esos momentos significativos para las señoras, que son finalmente los que le dan sentido a su búsqueda. Lo que descubrimos fue, por un lado, que hay una necesidad importante de recuperar esa memoria, de traer al presente esos recuerdos, porque también lo que nos comentaban dentro de las entrevistas, es que en la locura que se vuelve la desaparición, luego van olvidando esos pequeños detalles, que son los que al final de cuentas, las hacen salir a buscar. Ellas mismas dicen que por enfocarse en la búsqueda de repente ya no saben qué es lo que están haciendo. (En ese sentido) Para ellas fue una oportunidad bonita recuperar recuerdos, detalles de la infancia de sus hijos e hijas, el hablar de cómo eligieron su nombre, y traer al presente anécdotas, que por un momento les regresaron la sonrisa. Descubrimos que ellas tenían la necesidad de ser escuchadas y de que se conociera quienes eran sus hijos antes de ser desaparecido.
El título del libro pone al centro la mirada de las madres. ¿Por qué era importante construir la obra desde esa perspectiva y qué representa esa mirada dentro de la búsqueda de justicia?
Generalmente en el género biográfico es la propia persona quien narra su historia, en este caso, por las características del tema, nosotras necesitábamos recuperar la vida de las personas desaparecidas y pensamos que recurrir a quienes los conocían desde el primer aliento eran las propias mamás. Por eso decidimos que fueran ellas y sólo ellas quienes nos compartieran esa mirada, porque también un elemento a destacar es que entre los grupos de búsqueda, la mayoría de quienes participan de manera más activa, son las mamás, creo que también por parte de nosotros había un interés de comprender qué significa cuando ellas dicen “los buscamos, porque los amamos”, el significado de la palabra amor engloba muchas cosas y al buscar conocer de ellas, de su voz esas historias, era darle un sentido a ese amor para comprender porque mantienen esta lucha. Porque además ellas saben que el estado no los va a buscar y que si no son ellas nadie lo hará, por eso permanecen ahí entregando prácticamente su vida. Sin duda era importante que fueran ellas las que narraran estas historias, porque son ellas quienes le dan sentido a la búsqueda.
Algo que quisieras agregar…
Que conocer estas historias es importante para trascender en la simple empatía. La problemática es muy grande y la necesidad de recuperar a los desaparecidos también. Se necesita la solidaridad de las personas y que si bien este libro reúne ocho historias, nuestra intención es que sean la pauta para que quienes las lean tengan intenciones de seguir investigando y que se involucren de manera más activa en la lucha de lo que representa la búsqueda.
El DATO:
El libro se encuentra disponible a través del Centro de Difusión Editorial de la Ibero Torreón.
“No se puede hacer academia si no se tiene un contacto directo con la realidad”

