Contenido. Es un libro emotivo, un híbrido que combina géneros como el ensayo, la narración, la poesía y la memoria.
La memoria de la escritora y actriz Teresa Muñoz volvió a ser honrada en la Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC) que actualmente se celebra en el Centro de Convenciones Torreón (CCT). Fue a través del libro titulado Un largo adiós que no se acaba (UANL, 2026), del escritor lagunero Alfredo Loera, que el pasado miércoles 13 de mayo se entabló un diálogo entre la periodista Jessica Ayala Barbosa y el autor.
Se trata de un libro emotivo, un híbrido que combina géneros como el ensayo, la narración, la poesía y la memoria. Para la presentación, Jessica Ayala Barbosa compartió un texto en el que incluyó sus impresiones sobre la lectura de la obra de Loera y citó el poema del español Pedro Salinas titulado "¿Serás amor un largo adiós que no se acaba?", el cual explora la relación entre el amor y la fugacidad humana, esa intuición de que toda experiencia amorosa contiene desde el principio una despedida. En todo amor, mencionó Ayala, se busca la permanencia, aun sabiendo que se encuentra condenado al adiós.
"Alfredo Loera toma esta referencia para titular su libro y construir una propuesta literaria breve, pero profunda, atravesada por la emotividad que lo inundó durante los primeros meses del duelo por la pérdida de su esposa, la escritora Teresa Muñoz. La amada muerta, recuerda Alfredo Loera, es un motivo recurrente en la literatura, desde Orfeo y Eurídice hasta Dante y Beatriz, pasando por Poe y Gerard de Nervard. Todos ellos intentaron, mediante la escritura, devolverle presencia a sus muertos, aunque fuera apenas desde la memoria, el sueño o el lenguaje".
Por su parte, Alfredo Loera describió su proceso de trabajo al enfrentar o experimentar el duelo por su esposa. Tenía claro que quería escribirle un homenaje. Pronto se dio cuenta de que la narración por sí sola no le daba el tono para poder hablar de Teresa. No quería que se convirtiera en un personaje. Tuvo que mirar en otros horizontes literarios y recurrió al ensayo como una especie de metanarración y al empleo de un tono más poético.
"Si uno quisiera hablar de la muerte de manera real, la ficción se queda muy corta. Entonces, sí tenía que hablar de la muerte como intentando reflexionar sobre ella, encontrando un punto de discusión sobre la muerte. […] Pero tampoco quería que fuera todo un ensayo, quería que fuera evocación, luego un comentario, una emoción y que todo fuera mezclándose".
Uno de los aspectos más cuidados por Loera en Un largo adiós que no se acaba fue el ritmo. Es una de sus principales tareas al momento de escribir. Incluyó descansos, inflexiones, propuso una apreciación musical donde en determinados tiempos cambiaba de patrones, como si se tratara de la experiencia que el autor tuvo con la realidad.
"Al menos en mi experiencia personal, el hecho de que Tere muriera fue una sensación de que la realidad no tiene consistencia, como que la realidad es una cosa que es efímera. Ahí sostengo la idea de que nosotros realmente no existimos. Me puse a pensar qué es la experiencia de una persona".