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Límites planetarios

YAMIL DARWICH

Iniciamos el 2026, el segundo cuarto del siglo XXI y enfrentamos nuevos retos y grandes oportunidades.

El primero es cuantificar y corregir el deterioro planetario que estamos provocando. Citan, como importante causa la sobrepoblación mundial - 8,000 millones de habitantes-, todos vivimos consumiendo aire, alimento y liberando desechos contaminantes.

CIDOB, -cito su página-: "es un centro de investigación en relaciones internacionales que, basándose en los criterios de excelencia y relevancia, tiene como objetivo el análisis de las cuestiones globales que afectan las dinámicas políticas, sociales y la gobernanza, desde lo internacional a lo local". Desde Barcelona, denuncian el deterioro de la tierra; le comparto algunas conclusiones:

Enumeran nueve límites planetarios, propuestos por 28 científicos quienes denuncian que, al menos, seis de ellos han sido rebasados:

Sobre el cambio climático, advierten que de superarse las partículas de CO2 en la atmósfera -más de 350 partes por millón- la temperatura se disparará; consideran que el límite ya fue superado, definiéndolo como "estado de alto riesgo".

En referencia al ambiente, denuncian que no han dejado de aumentar -a pesar de promesas de compromiso- los materiales radioactivos, metales pesados, hidrocarburos, nano y micro/nano/plásticos se siguen acumulando en cantidades casi imposible de limpiar. Recuerde que flora y fauna marina ya están contaminadas con micro plásticos.

La capa de ozono, que filtra los rayos ultravioletas, sigue disminuyendo -debo escribir que algunos investigadores, los menos, niegan tal fenómeno-; con su debilitamiento, tendremos daños a los seres biológicos. CIDOB informa que es "el único límite en que la humanidad ha actuado con éxito".

Los aerosoles son un problema no resuelto, que rebasó los límites aceptables; se agregan gases por quema de combustibles, que influyen en el clima, el ciclo del agua y en la salud. Esto evidencia el incremento de las enfermedades pulmonares, piel y alérgicas.

Calculan que, en los últimos 200 años, la acidez del agua de los mares se ha incrementado un 30%, favoreciendo la alteración de temperaturas, con ello el ciclo de vida de los animales y consecuentemente deterioro de la productividad del planeta. Afirman que el 25% del bióxido de carbono que producimos se disuelve en el agua, siendo un problema que, aunque aún controlable, podrá ser grave en un mediano plazo.

Otro límite superado es el de los ciclos del nitrógeno y fósforo, ambos vitales para la vida, por utilizarse para fertilizar la tierra cultivable. Desafortunadamente el 60% del aplicado acaba en los mares.

El mal uso y abuso del agua dulce y sistemas de riego, así como su constante contaminación, tienen encendidas alarmas en casi todo el mundo -México no es excepción-; de ella, como comprendemos perfectamente depende nuestra vida en el planeta. La politiquería, incapacidades y corrupción en la administración pública, con mala legislación, son factores influyentes.

El crecimiento demográfico ha provocado la reasignación de uso del suelo en forma desproporcionada, alterando el equilibrio ecológico; deforestando las tierras para utilizarlas en siembras y desarrollo de cuencas ganaderas; el incremento de las manchas urbanas encementadas -verdaderas planchas irradiantes de calor- han sobrepasado los límites. Las consecuencias se reflejan en la biodiversidad, cambios bruscos de temperatura y disposición de agua dulce.

Aún así, no todo son malas noticias: con el desarrollo de la tecnología, gracias a las ciencias aplicadas, se hacen investigaciones y descubrimientos importantes en el campo de uso de agua, reciclamiento y desalinización; en el desarrollo de mejores procesos productivos, con apoyo de la genética en la agricultura; la aparición y uso de las energías no contaminantes -solar, eólica, verde y la llamada energía oceánica- ofrecen participar en el combate de la contaminación ambiental.

Queda, como siempre, el factor humano: que los países más ricos acepten que el problema es global y que tarde o temprano afectará a su población debiendo reducir los contaminantes, a pesar de la disminución de su sobreconfort; que los pobres apliquen sus limitados recursos al combate de la contaminación ambiental en sus países, con programas eficientes demográficos y de salud, incluso y muy importantemente, combatan la dañina corrupción e ineficiencia por intereses económicos y políticos.

Le comparto buenas noticias: La central mareomotriz francesa de La Rance, ya produce electricidad suficiente para abastecer a unos 225 mil hogares; en Escocia, el proyecto MeyGen ya genera alrededor de 30 GWh al año y su planta podría llegar a alcanzar los 400 MW, suficientes para abastecer a 175 mil hogares; la central mareomotriz del lago Sihwa, en Corea del Sur, con una capacidad de 254 MW, crea más de 550 GWh al año y suministra electricidad para unas 500 mil personas, a un coste de solo dos centavos por kilovatio-hora.

Se trata de utilizar las fuentes de energía renovable, más baratas del planeta y a las que cada día se suman más países entre los responsables.

Nosotros: le seguimos apostando al combustóleo.

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