Los casos de Ucrania e Irán sirven para ilustrar la forma como las guerras entre estados están evolucionando.
1. La guerra en Ucrania ha tenido fases muy distintas. A pesar de que el ejército ucraniano consiguió detener la embestida rusa sobre Kiev, y a pesar de sus victorias en 2022, la guerra rápidamente se convirtió en un combate mucho más tradicional, basado en fuerzas terrestres, trincheras, tanques y artillería. Rusia mantenía la superioridad numérica y la superioridad en armamento.
2. No obstante, la prolongación de la guerra ha obligado a ambos ejércitos a adaptarse y evolucionar. Concretamente, el avance que Ucrania ha exhibido desde entonces en materia de drones y de interceptores de drones es apenas una pieza de todo este panorama. Lo que Ucrania ha buscado explotar es esencialmente el sentido de seguridad y estabilidad de la población rusa. Ucrania ha buscado elevar el costo para Putin de sus decisiones, golpeando ciudades rusas e infraestructura militar y energética. Más que perseguir un objetivo material per se, lo que Kiev busca con ello es propinar golpes simbólicos que adquieran visibilidad y, por tanto, sean ampliamente comentados en redes sociales, induciendo estados de frustración, enojo y miedo entre distintos sectores de la población.
3. Los movimientos de los últimos meses son muy elocuentes en este sentido. Ucrania está consiguiendo golpear de manera notable la infraestructura energética rusa. Esa embestida está generando costos crecientes y disrupciones operativas importantes para el sector petrolero ruso que limitan las ganancias que Moscú ha obtenido por el alza del petróleo.
4. Al final, esta estrategia ucraniana le está permitiendo, por ahora, resistir. Pero sus efectos más notables solo ocurrirán en la medida en que logren traducirse en impactos políticos y, por tanto, en agotar la tolerancia de Putin para seguir adelante con la guerra. Eso es lo que está por verse.
5. Por otro lado, no sabemos cómo terminará la guerra en Medio Oriente. Pero lo que sí sabemos es que, tras meses de feroz combate contra Teherán, Trump sigue siendo incapaz de doblegar al régimen e incapaz de conseguir un acuerdo aceptable para Washington. El régimen se autopercibe en una posición de fuerza.
6. En un combate asimétrico, mientras más profunda es la disparidad material entre las fuerzas que combaten, más elevado es el poder simbólico y político de cada uno de los golpes que la parte débil logra propinar a la parte fuerte. La guerra que libra el actor débil ocurre mucho más en el universo no material que en el material. Los daños materiales son solo instrumentos para producir otros efectos.
7. Irán ha sido eficaz, primero, en resistir -lo que de suyo ya representa un logro enorme, considerando que está siendo atacado simultáneamente por el ejército más poderoso del mundo y por el más poderoso de su región. Segundo, Irán ha sido capaz de activar una estrategia de "coerción triangular"; es decir, hacer pagar costos a actores terceros por cada uno de los ataques que recibe. Tercero, Irán ha conseguido afectar la infraestructura energética de la región e interrumpir la circulación de energía causando estragos a escala global. Esto se traduce en un impacto político enorme para Trump que le dificulta escalar las hostilidades.
8. Irán no cuenta con capacidades inagotables. Pero mientras esto siga siendo una competencia de voluntades, Teherán está mostrando que su tolerancia al desgaste es bastante mayor de lo que Trump supuso al inicio.
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