Los Faustos de Marlowe, Goethe y Mann
El origen de Fausto se pierde en la noche de los tiem pos. Existen numerosas versiones, pero es lícito afirmar que hay tres que destacan por su valor artístico y por su riqueza de significados existenciales.
La primera se titula La trágica historia del doctor Fausto y es obra del dramaturgo inglés Christopher Marlowe. Fue publicada póstumamente en 1602, pues Marlowe había muerto en 1593 durante una riña en una taberna, aunque también se ha especulado que pudo haber fingido su muerte debido a que realizaba trabajos de espionaje. Era tan culto y poseía tal facilidad para escribir que, hasta la fecha, algunos sostienen que fue el autor de obras atribuidas a William Shakespeare.
En la versión de Marlowe, el demonio Mefistófeles se compromete a satisfacer todos los deseos del doctor Fausto durante veinticuatro años. La historia inicia cuando Fausto, amargado por el escaso provecho económico y personal que ha obtenido de sus estudios de ciencias, filosofía y teología, recurre a la magia negra para alcanzar un enorme poder terrenal y sella con sangre un pacto: obtendrá ese poder a cambio de su alma. Sin embargo, lo malgasta en frivolidades, como burlarse del papa Adriano y del emperador Carlos V, consumar mezquinas venganzas personales y hacer aparecer a Helena de Troya para deleitarse con su belleza. Una vez cumplido el plazo estipulado, muere y es condenado al infierno.
La segunda versión se llama sencillamente Fausto y la publicó Goethe en 1808. Esta obra empieza con una apuesta entre Dios y Mefistófeles. Dios declara que Fausto, un anciano erudito, se mantendrá fiel al bien. Mefistófeles asegura que puede desviarlo del camino correcto y corromper su alma, y Dios le permite intentarlo (nótese la influencia del libro de Job). Fausto ha estudiado toda su vida y experimenta una atroz desolación, ya que cae en la cuenta de que los saberes que pretendía siempre estuvieron fuera de su alcance. Por eso, considera la idea del suicidio. Mefistófeles se le aparece y le ofrece servirlo en la Tierra, dándole juventud, placeres y conocimiento ilimitado; a cambio, Fausto le servirá en el infierno.
Mefistófeles rejuvenece al anciano y lo lleva a experimentar insólitos placeres. Fausto se enamora de Mar garita, una joven inocente, y la seduce. Para poder verse sin testigos, le da a la madre de Margarita una poción para dormir, pero la señora muere por sobredosis. El hermano de la joven, Valentín, se enfrenta en duelo a Fausto para defender el honor familiar y muere, ya que su contrincante es ayudado por Mefistófeles. Margarita queda embarazada, da a luz y, enloquecida por la culpa, ahoga a su propio hijo, por lo que es encarcelada y condenada a muerte. Fausto intenta rescatarla de la prisión, pero ella se niega a huir con ayuda demoníaca y, arrepentida, muere. Mefistófeles grita: “¡Está condenada!”, pero una voz celestial responde: “¡Está salvada!”.
La tercera versión es la ofrecida por Thomas Mann en 1947 y se titula Doctor Fausto. Su protagonista es Adrian Leverkühn, un compositor alemán que anhela crear una obra perfecta. Leverkühn se contagia deliberadamente de sífilis, buscando que la enfermedad estimule su cerebro y su creatividad. Así dialoga con un demonio que le garantiza veinticuatro años de genialidad musical a cambio de su alma. Pero hay una condición devastadora: cualquier persona a la que ame, morirá. Lo comprueba cuando su pequeño sobrino, Nepomuk, muere dolorosamente de meningitis. Aterrorizado, Leverkühn se concentra en la música y crea composiciones sublimes. Por cumplirse el plazo del pacto, convoca a sus amigos para mostrarles su obra magna. No obstante, en lugar de presentarla, confiesa su pacto diabólico y sufre un fulminante colapso mental por la sífilis, por lo que pasa los últimos años de su vida en estado vegetativo.
En los tres Faustos late la misma inquietud: la insatisfacción humana ante sus propios límites. Está claro que el verdadero demonio no siempre habita en el in fierno, sino en nuestras ambiciones cuando olvidamos el precio que pueden exigir