Los pájaros, alegoría del miedo a lo desconocido
Estamos en el mes de octubre y el suspenso se siente en el ambiente.
Se acercan las celebraciones de Halloween y Día de Muertos, fechas ideales para ver películas que nos inciten a sentir escalofríos. Los pájaros (1963), de Alfred Hitchcock, es un clásico imperdible del terror que no hay que dejar pasar en estos días. Este filme de culto ha marcado a varias generaciones por décadas. En él, el maestro del suspenso juega con nuestra mente y nuestras emociones.
El guion está basado en la novela homónima de Daphne du Maurier, publicada en 1952, aunque no sigue exactamente la historia del libro, ya que los personajes no son los mismos. En lo que sí coinciden ambas narraciones es en el núcleo conflictivo: el comportamiento extraño de las aves al atacar a las personas y luego estar tranquilamente dormidas, sin causar daño aparente.

MIEDO A LO DESCONOCIDO
Recuerdo perfectamente la primera vez que vi este filme siendo apenas una niña; fue el primer contacto que tuve con este gran director. Ocurrió en una pequeña reunión familiar en donde la película estaba prácticamente como ruido de fondo, pero aun así, sin entender nada sobre lo que estaba pasando en la pantalla, captó mi atención y me puso los pelos de punta.
Y es que atrapa al espectador y provoca emociones de cero a cien, como lo hace gran parte de la filmografía de Hitchcock. Claros ejemplos son La ventana indiscreta (1954), Vértigo (1958) o Psicosis (1960).
Todas ellas logran un terror psicológico profundo. En el caso de Los pájaros, no es de extrañarse que varios espectadores hayan desarrollado cierto temor —o incluso fobia— a las aves, particularmente a los cuervos y gaviotas.
Toda la trama ocurre en Bodega Bay, donde reside Mitch Brenner (Rod Taylor), un exitoso abogado del cual se enamora a primera vista Melanie Daniels (Tippi Hedren), una chica consentida que se mete en líos y rumores, hija de un importante periodista de San Francisco.
Su encuentro ocurre mientras Mitch busca un obsequio para su hermana. Luego Melanie investiga la dirección de él a través de los contactos de su padre, pero al llegar al domicilio, es agredida por un grupo de pájaros enfurecidos que, por razones desconocidas, comienzan a atacar a los humanos. Este comportamiento inusual inicia justo a la llegada de la joven, de modo que los lugareños creen que los ataques pueden ser su culpa. De esta manera, la historia comienza en aparente calma y centrándose en la tensión amorosa entre los protagonistas; no obstante, da un giro hacia el terror.
El temor a lo desconocido —no se sabe el motivo por el cual las aves se comportan de esa forma— es lo que desata la paranoia de todo el poblado, donde algunos habitantes ya han sido malheridos. Es un gran acierto no explicar el porqué de la agresividad de los animales, ya que así el miedo irracional también se genera en el espectador.
La película también toma elementos de hechos reales: algo muy similar había sucedido un par de años antes en el norte de California. Ahí, una ciudad se vio sorprendida por una parvada enloquecida donde las aves se dejaban caer del cielo y terminaban estrellándose contra los muros de las casas. Al enterarse de esta noticia, el director incorporó parte de estos sucesos a su obra.
Una reacción parecida tuvo lugar en la misma localidad años después, pero en ese momento sí se descubrió la causa: todo fue debido a un alga que se desarrollaba en el lugar y que ocasionalmente contenía sustancias tóxicas. Cuando los pájaros ingerían los peces que se alimentaban con dichas algas, comenzaban a experimentar ciertos efectos secundarios, como desorientación e incluso la muerte.

RIGUROSIDAD E INNOVACIÓN
A diferencia de los efectos especiales de hoy en día, que en su mayoría se realizan con CGI, Hitchcock recreó los ataques con algunos pájaros mecánicos, pero varios de ellos también fueron reales y sobrepuestos en escena con las tecnologías de los años sesenta, lo que llevó a la cinta a ser nominada a los premios Oscar de 1964 por sus efectos especiales, aunque perdió contra Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz. Tal vez la película, a nuestros ojos, se vea envejecida, pero fue muy revolucionaria en su tiempo.
Como es sabido, Alfred Hitchcock era muy exigente al dirigir; incluso hay una serie de anécdotas sobre Los pájaros que dejan ver la complicada labor de los actores al cubrir las expectativas del director. Por ejemplo, Tippi Hedren fue obligada a repetir por varios días, hasta alcanzar el realismo deseado, una de las escenas finales donde es atacada por las aves.
Cada vez se le lanzaban animales tanto reales como de utilería (hechos de madera), lo que terminó lastimándola de verdad: las heridas que vemos en cámara no son maquillaje. Al concluir el rodaje, tuvo que ser hospitalizada por sus lesiones y por la tensión acumulada. Además, se rumora que sufrió acoso por parte de Hitchcock.
Algo muy peculiar de la película es que no cuenta con una banda sonora convencional. El director optó por reemplazar las melodías usuales por aleteos y graznidos que fueron recreados con un trautoni, un instrumento musical electrónico. Este trabajo estuvo a cargo de Oskar Sala, Remi Gassmann y Bernard Herrmann. Hay algo de música cuando Melanie toca el piano o cuando los niños de una escuela cantan “Risseldy Rosseldy”, pero fuera de eso no existe un soundtrack como tal.

FINAL ABIERTO
Llama mucho la atención, sobre todo para la época, que no haya algo que marque claramente el final de la película —un “fin” en pantalla, por ejemplo— ni tampoco una resolución de la historia. No hay nada que indique si los protagonistas serán felices juntos o comenzarán una nueva vida en otro lugar. Solo vemos cómo conducen entre las aves, que aparecen un poco más tranquilas, tal vez recargando fuerzas para el próximo ataque.
Para entonces el actuar errático de los pájaros se ha normalizado. Hitchcock quiso dejar la impresión de que esa conducta podría seguir sucediendo sin fin, al igual que los miedos y fobias no desaparecen de nuestra mente; simplemente debemos vivir con ellos, aceptándolos o venciéndolos.
Hitchcock es y siempre será un director muy reconocido. El paso de los años no hace que sus historias pierdan vigencia, pues nos siguen haciendo reflexionar.
Son joyas que, gracias a las plataformas de streaming, tenemos al alcance de un clic. Vale mucho la pena verlas, sobre todo este mes en el que se respira el miedo. v

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