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Los problemas

No sé si será una cuestión de dramatismo, de querer llamar la atención o de simple aburrimiento, pero a veces hay tan poco de qué preocuparse que hay que inventar algo para estar entretenidos.

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CUESTIÓN DE DRAMATISMO

Desear resolver todos los problemas que la vida implica es algo que los seres humanos buscamos sin importar raza, cultura, edad o situación económica, porque, aunque no se reconozca, todos tenemos eso que llamamos problemas. No hay vidas perfectas.

Tal vez valga la pena remitirnos a la definición que el diccionario nos provee: un problema es una cuestión que necesita aclararse, una dificultad de solución dudosa, todo aquello que compromete la consecución de un fin, o bien, es algo que da preocupación o disgusto.

Para una cocinera rigurosa será un problema percatarse, a mitad de la elaboración de una receta, de que le falta un ingrediente; para una cocinera relajada, esa misma carencia la proveerá de creatividad para reemplazarlo con lo que tenga a la mano. La situación es similar, sólo que una ve como problema lo que la otra ve como oportunidad. Entonces, lo que hace la diferencia es la actitud para resolver y esto dependerá de cómo aprendimos a navegar los reveses de la vida diaria.

Solemos decir que quien tiene carácter podrá sortear todas las dificultades. En principio, es una expresión que toma la parte por el todo, pero además no tiene mucho sentido si reconocemos que carácter lo tenemos todos, aunque sea de manera distinta. Resolver un problema no es, entonces, una cuestión de carácter.

A veces vemos problemas donde no los hay. No sé si será una cuestión de dramatismo, de querer llamar la atención o de simple aburrimiento, pero a veces hay tan poco de qué preocuparse que hay que inventar algo para estar entretenidos. También es probable que no queramos poner atención donde verdaderamente es urgente que lo hagamos, y es que el enfrentamiento emocional puede ser tan grave que preferimos evadirlo. Es más fácil preocuparnos por el itinerario de un viaje que por la salud mental de alguien cercano. Cada quien elige dónde pone su atención.

Muchas veces los problemas “inventados” no nacen de la realidad objetiva, sino de nuestras percepciones, emociones o miedos. Es como si la mente buscara anticiparse a lo que podría salir mal, y en ese intento de control terminamos creando conflictos donde no los había. Esto puede ocurrir por varias razones: ansiedad, interpretaciones subjetivas, patrones culturales y sociales en los que prevalece la desconfianza o emociones que no gestionamos adecuadamente. Cuando estamos tristes o nos sentimos inseguros es más fácil entrar al terreno de los problemas.

Hay envergaduras entre los problemas que sí son reales. El deterioro de la salud es prioritario porque sabemos que nada tiene sentido sin ella; una situación económica comprometida también, porque esa circunstancia puede acompañarse de depresión, de ansiedad o de la pérdida del sentido de vida. La mala conducta de un hijo es un grave problema si no sabemos cómo atenderla.

A veces asumimos como propios problemas que no son nuestros. Esta personalidad del “salvador” suele manifestarse en los momentos críticos. Es quien todo sabe, quien a todos conoce y que es casi infalible; es un controlador o controladora en potencia y como a las personas (generalizo, por supuesto) nos gusta que nos resuelvan la vida, es muy fácil ceder el mando y seguir el camino de soluciones que alguien más plantea.

¿Qué hacer frente a un problema? Lo primero es reconocerlo, nombrarlo y acotarlo. Hay que mantener la calma; inhalar y exhalar con conciencia nos facilitará el proceso. Hay que identificar las causas que lo originaron, dejando de lado el papel de víctima, y esto implica un análisis de lo que estamos viviendo. Después, de acuerdo con la reflexión hecha, buscar apoyo si lo consideramos  necesario, plantearnos metas para la solución y tener certeza de que todo pasa, que eso que hoy nos roba la calma no será para siempre.

No te culpes, no te juzgues, no te desesperes, todo tiene solución; a veces no como quisiéramos, pero así es como tenía que ser. Y, a decir verdad, en ocasiones el problema somos nosotros mismos; por ello hay que trabajar con ahínco en conocernos, amarnos y encontrar el verdadero sentido de vida.

X: @mpamanes

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