Antes de que Inglaterra eliminara a México, la Secretaría de Turismo federal proyectaba la visita de 5.5 millones de extranjeros y la Concanaco Servytur, hablaban de una derrama de 65 mil millones de pesos durante la justa de futbol, sin embargo, después del último partido de la selección mexicana, se estimaban ingresos de entre 45 mil y 50 mil millones, de los cuales 35 mil millones de pesos en gastos de los turistas en las ciudades sedes. Se estimaron 15 mil millones de pesos de consumo realizado por hogares mexicanos y unos 5 mil millones de venta de boletos, por lo que la meta que quedó 15 mil millones debajo del objetivo.
De esos 50 mil millones, 30 por ciento del consumo fue por reuniones, botanas, pantallas para ver los juegos y que no sustituye a un gasto que habría ocurrido de cualquier forma si México no fuera sede, por lo que no son recursos adicionales. Y el componente turístico, equivale al otro 70 por ciento, y fue poco más de la mitad de la meta fijada. Aun así, los organismos empresariales sostienen que los 65 mil millones de pesos se logrará.
La empresa consultora Deloitte estimó un escenario de unos 280 mil turistas extranjeros, la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras recortó su cálculo hasta los 500 mil visitantes, y en la capital, Canaco reportó 1.1 millones de turistas con gasto promedio de 22 mil 500 pesos, con una derrama de 22 mil 678 millones y unos 80 mil empleos temporales creados, sin embargo, estas cifras están por debajo de lo esperado.
El que ofreció la Concanaco fue de una ocupación hotelera del 66 por ciento en las ciudades sedes y solo con picos de entre 80 y 90 por ciento los días de partido, la cifra total estimada de turistas que pernoctaron en hotel llegó a 2.1 millones y aproximadamente 700 mil en plataformas, pero con tarifas 120 por ciento más caras en promedio e incluso de 200 por ciento en Monterrey. Es decir, durante el evento deportivo se ocuparon dos de cada tres cuartos de hotel en las ciudades sedes, apenas 8 por ciento por encima del mismo periodo del 2025, que fue un año sin Mundial.
Las expectativas de las reservaciones arrojaban proyecciones de una ocupación de entre un 80 y 100 por ciento, cifras demasiado optimistas, de hecho, la ocupación promedio en la Ciudad de México para el partido inaugural apenas llegó al 65 por ciento, según fuentes del sector hotelero. Si este dato se compara con el evento de Fórmula 1 en México del 2025 este logró un 76.48 por ciento de ocupación hotelera en apenas tres días.
Las señales estuvieron a la vista todo el tiempo, la FIFA devolvió al mercado aproximadamente 800 reservaciones de los 2 mil cuartos que tenía bloqueados en los hoteles de la capital. Establecimientos que habían inflado sus tarifas hasta en un mil por ciento en Guadalajara terminaron recortándolas entre un 67 y 81 por ciento para atraer huéspedes.
Estos resultados fueron consecuencia del formato tripartita que distribuyó 104 partidos entre dieciséis ciudades en tres países distintos, donde los aficionados en promedio dormían dos noches para volar a la siguiente sede, y con el esquema de precios dinámicos en los boletos se alcanzaron precios de hasta 3 mil 738 dólares, lo que hizo difícil que muchas personas accedieran al evento, sumado a los plantones magisteriales en el Centro Histórico que afectaron a unos 40 hoteles en la zona, más las restricciones comerciales de la FIFA a restauranteros y comerciantes; la fiebre mundialista no alcanzó la temperatura esperada.
Si el evento se sintió tibio económicamente para las sedes, en el caso de los destinos de playa el evento fue por demás frío, la Secretaría de Turismo de Quintana Roo estimó que 40 por ciento de los visitantes internacionales del Mundial entraría por el aeropuerto de Cancún y que al menos un millón se hospedaría en sus hoteles, por lo que la apuesta oficial era por las playas del Caribe, sin embargo, el efecto fue el contrario, ya que la ocupación fue de 56 por ciento en la primera semana mundialista, y el promedio mensual de ocupación en junio en la Costa Maya fue de 31 y 66 por ciento en Cancún, una cifra de diez puntos menos en comparación con el mismo mes de 2025, cuando se alcanzó un 76.2 por ciento.
Las aerolíneas estadounidenses reasignaron su capacidad hacia sus rutas domésticas para conectar sus once sedes mundialistas, por lo que recortaron cerca de 900 mil asientos hacia Cancún durante este verano, es decir, el Mundial no solo no llenó las playas mexicanas, sino que compitió contra ellas por los aviones.
Robert Baade y Víctor Matheson en su análisis sobre la economía de los mega eventos deportivos documentaron que los impactos que se observan suelen ser apenas una fracción de las proyecciones, debido un efecto de sustitución, donde el residente que gasta en el Fan Fest dejará de gastar en el cine o el teatro, otro efecto de desplazamiento, ya que el turista mundialista ahuyenta a los viajeros regulares y de negocios e incluso compite por los asientos de transporte; y, por último, el efecto de las fugas, porque gran parte de los gastos realizados por los aficionados salen del país, como por ejemplo, a los bolsillos de la FIFA, a las cadenas globales y a las plataformas no domiciliadas en el país.
El Mundial no fue un fracaso, ya que dejó entre 45 y 50 mil millones de pesos, así como miles de empleos temporales, una vitrina internacional para el futuro y obras públicas que permanecerán para la población. También la fiesta en las calles fue real y millones de mexicanos pudieron disfrutar del evento y de reuniones memorables con familiares y amigos.
Pero la brecha de 15 mil millones de pesos y de cinco millones de turistas sí es significativa. Con estas expectativas infladas se justificaron gastos, exenciones fiscales secretas, promesas de infraestructura incumplidas, desilusiones de empresarios y hasta el sufrimiento por la eliminación de la selección. Por lo que la pregunta para los próximos eventos no es si México sabe organizar la fiesta, que como vimos nadie nos supera, es si sabremos exigir, antes del silbatazo inicial, los números auditables en lugar de ilusiones, ya que los goles se olvidan pronto, pero las cuentas y el dolor en la cartera no.