Imagen: EFE / Sebastiao Moreira .
Escribe porque se siente heredero de un legado: sus muertos son sus raíces. En el pasado reciente de su país existe una herida abierta por donde brota la poesía. Noventa años han transcurrido desde el inicio de la Guerra Civil española y Luis García Montero (Granada, 1958), actual director del Instituto Cervantes, acude a una memoria amenazada por el fascismo. En ella habitan los poetas que con sus versos hicieron frente a las balas: Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y otros más que, ante el odio, defendieron la fuerza de la razón.
En 1976, tras el fallecimiento del dictador Francisco Franco, Luis García Montero participó en el primer homenaje público que se le realizó a Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, el pueblo natal del poeta. En ese entonces, García Montero y un grupo de jóve nes universitarios luchaban por el restablecimiento de la democracia. Al llegar al pueblo, se percataron de que la policía lo había rodeado. Manuel Fraga Ibarne, entonces ministro de la Gobernación, pretendía suspen der el homenaje, pues lo consideraba un mitin contra el gobierno dictatorial que representaba.
“Como había tanta gente y no pudo, dio permiso para que el homenaje a Lorca durase media hora. Había actores, había poetas, había gente de la cultura en general. Y recuerdo perfectamente que apareció el sobrino de García Lorca, Manuel Fernández Montesi nos, hijo del alcalde (de Granada) socialista fusilado por Franco. Se subió al escenario y dio la noticia: ‘Después de cuarenta años de dictadura, nos dan media hora de libertad’. Se había llegado a un acuerdo con la policía para que no reprimieran y permitieran el homenaje, tenía que durar sólo media hora”.
En el alba del 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue fusilado por los golpistas. Se sabe que sepul taron su cuerpo en un paisaje granadino del barranco de Víznar, pero hasta ahora se desconoce su paradero. Cuando Luis García Montero formalizó su relación con Almudena Grandes (fallecida en 2021), llevó a la escritora hasta ese barranco y le dijo: “Aquí están mis muertos, estas son mis raíces”.
El presente diálogo tuvo lugar en noviembre de 2025, durante la trigésima novena edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Recién se habían cumplido cincuenta años del deceso de Fran cisco Franco y en una sala del Hotel Barceló los poetas de la guerra resucitaron por un momento para versar contra el olvido. En una actualidad donde la intoleran cia embiste, cabe citar frases como la que Miguel de Unamuno desplegó contra los fascistas en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936: “Venceréis, pero no convenceréis”. Bien lo dice Luis García Montero en Mañana no será lo que Dios quiera (2009), su no vela sobre la vida del poeta Ángel González: “Quizá sea eso la memoria, o la literatura de la memoria, un reloj que sigue funcionando después de haberse perdido”.

Hay una frase en la biografía de Antonio Machado escrita por Ian Gibson. Machado dice: “La guerra nos arrebató los sueños”. ¿Qué soñaba la poesía española antes de la guerra?
Mira, la poesía española, antes de la guerra, soñaba con la cultura y con la modernidad de un país. Por ejemplo, desde un punto de vista poético, un poeta como Luis Cernuda o como Federico García Lorca, lo que deseaba era poder desarrollarse socialmente sin guardar en secreto su propia condición; eran homosexuales. Y cuando hablo de una España conservadora, hablo de una España que veía de muy mala manera la homosexualidad. Federico García Lorca se va a Nueva York en 1929 —acompañando al que después sería ministro de cultura de la República, un catedrático de la Univesidad de Granada: Fernando de los Ríos—, porque su familia intenta separarlo de los escándalos homosexua les que en torno a él estaban surgiendo en Madrid. Otro ejemplo, en el tema de la mujer, que el amor tenga que ver con la libertad y no con el autoritarismo. Si uno lee la literatura de la época, si uno lee a María Teresa León, uno lee a una mujer que se considera con derecho a se pararse de su marido porque su matrimonio no funcionaba y ella quería ser libre. Y de hecho después se busca otra pareja con la que vive, que es el poeta Rafael Alberti. Y cuando uno lee la poesía amorosa de la época, es una poesía que quiere ser libre y vivir el amor con libertad. Y eso tiene que ver con el deseo de una democracia, con el apoyo que poetas como Machado o Federico García Lorca dieron a la Segunda República; con el intento de transformar la universidad española para hacer la institución democrática donde el saber está en libertad, con el acuerdo que los poetas de la Generación del 27 —o antes Juan Ramón Jiménez— tuvieron con la institución de enseñanza libre, frente a una educación que quería ser muy caciquil y muy restringida; y esto tiene que ver con el intento de hacer una modernidad que recupere las tradiciones españolas, pero que dialogue con la cultura universal. Por eso Federico García Lorca viaja a Nueva York y quiere ver qué significa Nueva York como nueva metrópoli. Eso significa que estos autores entren en con tacto con la cultura internacional, con la prosa, la novela y la poesía internacional, y que establezcan diálogos con Francia, con Alemania, con Italia, y quieran hacer una literatura española, pero enclavada en las relaciones internacionales.
¿Por esa razón el franquismo comenzó a perseguir a los poetas?
Bueno, el franquismo identificó enseguida la cultura con el republicanismo, y cuando el franquismo quiso impo nerse, estableció una censura muy rotunda. Y claro, en distinta situación, los poetas, los escritores, se quedaron del bando republicano y en contra del franquismo. Fíjate, por ejemplo, Miguel Hernández fue un poeta que nace en Orihuela, en una familia conservadora, en un orden muy católico y en principio escribe a favor de la Iglesia católica y el conservadurismo. Pero bueno, se enamora, viaja a Madrid, ve cómo se reprime la libertad del amor y ve de qué manera hay un clasismo donde a él, por ser campesino y de origen no elitista, pues es maltratado. Entonces, se compromete con la Segunda República y en la Guerra Civil toma las armas, se pone uniforme y se pone claramente a defender la Segunda República frente al golpe de Estado. Antonio Machado había representado en su generación una poesía cívica que transformase culturalmente a la sociedad, y entonces se identifica con la Segunda República y cuando hay un golpe de Estado se pone a trabajar en favor del gobier no. Y además, hay una conciencia que me parece muy importante: cuando de pronto se comprende que el caso de España no es un caso aislado, sino que en el mundo está en juego un futuro democrático. Y hace que, por ejemplo, poetas como Antonio Machado ayuden a organizar en España el Congreso de Intelectuales Antifascistas, porque comprenden que el golpe de Estado y el franquismo tienen que ver con lo que ha ocurrido en Alemania con el nazismo o con lo que ha ocurrido en Italia con el fascismo de Mussolini. Y García Lorca, en el año 1929 —y eso lo considero significativo— escribe desde Nueva York un poema que se titula “Grito hacia Roma”, que es un poema que recoge después en Poeta en Nueva York, una denuncia al pacto que el papa de Roma ha hecho con Mussolini para apoyar el fascismo. Y él escribe un grito de libertad donde está su deseo de libertad siendo homosexual, está su denuncia al machis mo y a la opresión de las mujeres, y su denuncia al racismo y clasismo contra los negros de Nueva York; frente al discurso del odio, defiende la palabra amor, porque dice “queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra que da sus frutos para todos”. Toda la libertad sentimental que hay en su poesía se identifica con una conciencia de igual dad económica y de derecho económico a que la Tierra dé sus frutos para todos y no para una élite. Creo que eso resume muy bien lo que fue el sueño de estos poetas y por qué se enfrentaron al racismo y por qué se organizó en España el Congreso de Intelectuales Antifascistas en Barcelona, donde, aparte de todos los poetas españoles del 27, vinieron los poetas del surrealismo francés o se involucra un joven Octavio Paz, que viene a España con Elena Garro, o se involucran César Vallejo o los poetas latinoamericanos que en ese momento estaban en contra del autoritarismo y el fascismo.

García Lorca es muy importante para usted. Recuerdo la anécdota de cuando encontró sus antología poética editada por Aguilar y la biografía escrita por Ian Gibson. Otra imagen que me impactó fue cuando usted llevó a Almudena Grandes al barranco de Víznar y le dijo: “Aquí están mis muertos, estas son mis raíces”. ¿Cómo lo habitan esas raíces?
Mira, yo me formo, me deslumbro por la poesía y quiero ser poeta y empiezo a estudiar para ser profesor de literatura. Y para mí, en ese momento, en los años setenta, ser estudiante de literatura era buscar la poesía de García Lorca, de Cernuda, de Antonio Machado. Y me siento heredero de todo ese esfuerzo hasta el punto que pienso que la poesía es inseparable de un compromiso humano. No con un partido político, sino con las ideas de la democracia, de la dignidad, de los derechos humanos. Y entonces, yo escribo porque me siento heredero. La poesía y las humanidades me han enseñado una cosa: vivimos en una época que lo mercantiliza todo. Incluso al concepto del tiempo lo convierte en una mercancía de usar y tirar; todo es rápido, todo es rápido y eso lo afecta todo. En el periodismo, por ejemplo, la información está sufriendo la agresión de los bulos, de la comunicación barata y de la mentira. Y cuando se descubre que una cosa es una mentira ya no tiene importancia, porque al día siguiente han estallado otros mil puntos de información; hacen que la responsabilidad sólo dure un instante. Y eso también con la literatura, con la poesía. Y a mí me gusta el tiempo como una experiencia humana compar tida y yo me siento heredero de un pasado que elijo para entender mi presente y para imaginar mi futuro. Esa anécdota que recuerdas fue así. Cuando empezamos a vivir juntos Almudena y yo, bajamos en coche desde Madrid a Granada, porque le iba a presentar a mi familia. Y antes de llegar a Granada para comer en casa de mis padres, me desvié, fui al barranco de Víznar, donde está enterrado no sólo García Lorca, sino más de cinco mil granadinos. Fíjate lo dura que fue la guerra, que en una ciudad que casi no estuvo en guerra, porque el golpe de Estado triunfó, no fue como en otras ciudades donde hubo batallas… pues en una ciudad donde al día siguiente había triunfado el golpe de Estado, no sólo ma taron a Lorca, sino a cinco mil y pico de granadinos: re presentantes de la vida republicana, de la universidad, del ayuntamiento. El cuñado de Federico García Lorca, casado con su hermana Concha, era alcalde socialista de Granada y fue fusilado. Yo me desvié y llevé a Almude na al barranco de Víznar, a las fosas comunes de las víc timas de la guerra, y le dije: “Mira, te he dicho que te iba a presentar a mi familia... aquí hay parte de mi familia, me siento heredero de estas víctimas republicanas”.
Usted editó la antología de Antonio Machado publicada por el Fondo de Cultura Económica. ¿Qué emociones lo abordan al leer el poema “El crimen fue en Granada”?
Es un poema de Antonio Machado muy conmovedor, porque es en Granada, en su Granada y en su ciudad. Yo siento varias cosas. Por una parte, conozco la historia. Federico García Lorca tenía miedo, sabía que podría haber un golpe militar, incluso tenía programado un viaje para el extranjero y pensó que en su ciudad iba a estar más protegido. Y todo lo contrario: en su ciudad fue donde enseguida se le buscó para asesinarlo. Bue no, si no hubiera venido a Granada, Federico García Lorca no hubiera sido asesinado. A veces, uno toma decisiones que no son correctas, uno se cree seguro en su propio ámbito y su propio ámbito se vuelve enemigo. Y a mí me emocionó mucho que un poeta como Antonio Machado se fijase en lo que había sido la muerte de Federico García Lorca y escribiese uno de los poemas más conmovedores. Federico García Lorca se convir tió en un símbolo de la República y en un símbolo de la cultura. Y yo lo que siento también es lo siguiente: fíjate, muchas veces, cuando hay golpes de Estado y dictaduras, se utiliza el nombre de “patria”, porque parece que es lo que se quiere defender, una patria, y defender unos valores culturales muy nacionales frente a la invasión del enemigo, de la identidad ajena. Bueno, como sabía Antonio Machado, Federico García Lorca representaba lo más moderno de la cultura española; escribía sobre el cante jondo, sobre el flamenco, había escrito el Romancero gitano, la poesía de tradición más hispánica, era lo más hispánico y lo más español en la poesía contemporánea y eso lo escribió Antonio Machado también para denunciar (después lo hizo en Valencia) que quienes utilizaban el nombre de España para dar el golpe de Estado, estaban falsificando el nombre de España porque estaban asesinando lo mejor y lo más vivo de España.

Otros poetas de la guerra son Miguel Hernández y Vicente Aleixandre. Hay una carta donde Miguel escribe a Vicente precisamente sobre la herencia: “Cada poeta que muere deja en manos de otro una herencia, un instrumento que viene rondando de la nada a nuestro corazón esparcido”.
Vicente Aleixandre jugó un papel muy importante en la poesía española. Él estaba enfermo, fue de los poetas republicanos del 27 que no salieron al exilio y se quedó en Madrid. Su casa se convirtió en un ámbito de la poe sía, en la medida de las posibilidades de entonces, donde se guardó la memoria de lo que había sido la cultura re publicana. Vicente Aleixandre trató muy bien a Miguel Hernández en su juventud. Y en la época donde Miguel Hernández vivió en Madrid y se hizo republicano, él lo ayudó. Después ayudó a la familia de Miguel Hernán dez para superar el ámbito de desamparo y de pobreza en la que había quedado después de la muerte de Her nández en la cárcel. Y en ese sentido, Vicente Aleixandre se convirtió en un faro de la cultura democrática, de la poesía en libertad y de la poesía cívica. Por eso su propia poesía pasó también de una apuesta surrealista muy interesante a un compromiso cívico que marcó el desarrollo de la poesía española. En ese sentido, la soli daridad de Vicente Aleixandre con Miguel Hernández se llenó de valor, porque fue un apoyo humano frente a un poeta que había acabado detenido, que no pudo salvarse y que hubo que rescatar su memoria al mismo tiempo que se rescataba su familia.
A noventa años del inicio de la Guerra Civil española, ¿siguen resonando las palabras de Miguel de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”?
Fíjate, te cuento porque en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, tuvimos la suerte de que la Uni versidad de Salamanca nos diera un legado, y en ese le gado están unas notas que se tomaron en el discurso de Millán Astray y en el discurso de Unamuno. Unamuno empezó a hablar y vio… porque al principio había esta do dudoso de su opinión sobre el golpe de Estado, pero vio que estaba ahí Millán Astray. Y Millán Astray había sido uno de los represores del ejército español en contra de Filipinas, que había participado en el fusilamiento de escritores importantes. Y Unamuno empezó a meterse con la represión de Filipinas, a decir que la democracia y el prestigio de España no podían estar en la represión de las colonias. Entonces, Millán Astray se sintió inter pelado, se levantó y gritó: “¡Muera la inteligencia!”. Y José María Pemán, que estaba ahí en representación de la cultura fascista, dijo: “Muera la inteligencia no, ¡mue ran los malos intelectuales!”. Fue cuando Unamuno, como rector de la Universidad de Salamanca, tomó la palabra para decir el 12 de octubre de 1936: “Venceréis, pero no convenceréis. Tenéis la fuerza bruta de las ar mas, os falta la fuerza de la razón”. Bueno, yo creo que esa es una lección muy, muy importante de valentía. No podemos caer en la cobardía de guardar silencio cuando se ponen en duda los valores de la democracia, aunque eso te puede costar incluso la propia muerte. Después de eso, Unamuno fue encerrado en su propia casa y allí murió aislado, no se sabe si envenenado o no, pero frente a la barbarie, frente al odio, frente a la fuerza de las armas, hay que seguir defendiendo la fuerza de la razón, y por eso Unamuno se convirtió en un referente fundamental en el recuerdo de la cultura democrática española.

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