Martha Bátiz, la escritora mexicana que recorre el camino de las Cervantas
Miguel de Cervantes Saavedra, el máximo representante de la literatura en lengua española, tuvo una hija: Isabel de Saavedra. Ella fue fruto de la relación extramatrimonial que el escritor sostuvo con Ana de Villafranca. Nació en Madrid, en 1584, y fue reconocida por su padre natural hasta que cumplió 15 años de edad. Murió en 1659, en esa misma ciudad, y formó parte de Las Cervantas, el nombre despectivo que se le dio a las mujeres que rodearon al creador de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha.
La historia de Isabel ha sido recopilada y ficcionada por la escritora mexicana Martha Bátiz en la novela Las Cervantas (Hachette, 2026), publicada recientemente en español. El volumen de 448 páginas se adentra en ese espacio temporal comprendido entre los siglos XVI y XVII, donde además de Isabel, aparecen otras mujeres de la historia cervantina como Catalina de Salazar (esposa del escritor y madrastra de Isabel), Magdalena y Andrea (hermanas) y Constanza (sobrina).
“Todo fue una casualidad. Yo estaba haciendo mi doctorado en la Universidad de Toronto. Estaba enfocándome en teatro y como parte de mi subespecialización estaba haciendo comedia del teatro del Siglo de Oro y releyendo algunas obras de Cervantes, ya ves que él escribió comedias, pero no se presentaron. Estaba leyendo Numancia (1858) para mi tesis. Y al estar leyendo material de soporte para entender mejor la obra y contextualizarla, me encontré con un ensayo de alguien que decía que Miguel de Cervantes habría escrito más si no fuera por su ‘hija ingrata’, quien le había quitado mucho tiempo”, comenta Martha Bátiz en enlace virtual desde Canadá.
Descubrir la existencia de Isabel de Saavedra sorprendió en demasía a Martha Bátiz. Como mujer, también le pareció interesante que la culparan de hostigar a Miguel de Cervantes y causarle un sinfín de problemas. Así que decidió investigar, adentrarse en la historia y reivindicar la figura de Isabel y las mujeres que rodearon al poeta.
“Me puse a averiguar justo eso, cuál era la otra cara de la moneda. Y tuve suerte porque mi asesor de tesis en la Universidad de Toronto era cervantista. Entonces, cuando llegué a expresarle mi inquietud y a decirle que esto era algo que quería investigar sólo por mí, por algo personal que no tenía nada que ver con la tesis, que quería bibliografía donde encontrara información específica de la hija de Cervantes. Él me dio una primera lista que me sirvió muchísimo para luego irme encadenando a otras. Así descubrió la vida de Isabel y eso me llevó a acercarme a Constanza, la sobrina de Cervantes, a las hermanas del escritor y a la relación tan cercana que tenían”.
Si bien Martha Bátiz tenía conocimiento de la existencia de las hermanas de Miguel de Cervantes, ignoraba que ellas se habían esmerado en trabajar y reunir el dinero que liberó al escritor de su cautiverio en Argel. Su investigación duró más de doce años y, cuando la pandemia de covid-19 detuvo al mundo, tomó la responsabilidad de escribir la novela.
“Ya era una necesidad; conocía tan bien a estas mujeres, había estado viviendo con ellas en mi cabeza durante doce años, que dije: ‘las voy a dejar salir ya’, porque las traía como Hamlet a su fantasma, nada más que yo traía cinco”.
LA FICCIÓN COMO DIFUSORA DE LA HISTORIA
En la vida cervantina, el andar de las Cervantas es un camino del que la mayoría de los cervantistas no han querido acordarse y que hoy la ficción histórica visibiliza como si fuesen esos gigantes molinos de viento descritos en la novela de Don Quijote.
“Traté de ser lo más fiel posible a los hechos históricos, porque a pesar de que mi novela es ficción, esta gente existió. Y hay datos específicos, históricos, que son comprobables, que tenía que respetar obviamente. Entonces, esos espacios negros donde no había ninguna referencia, ninguna pista, nada que me diera pie a recrear algo que fuese verídico, lo que hice fue construirlo utilizando mi intuición y mi sentido común lo más precisamente posible”.
Si Martha Bátiz se encontraba con un hueco entre un suceso y una consecuencia en la historia de las Cervantas, se preguntaba cómo pudo haber pasado y qué tuvo que haber sucedido para llegar de un punto a otro de manera lógica. Para ello tomó en cuenta las restricciones de la época y los juegos morales.
“Haciendo un poco más de investigación para ver cómo se castigaban ciertas afrentas, fui rellenando espacios. Tuve mucha suerte, porque grandes académicos recorrieron este camino antes que yo. A pesar de que mi labor fue unir las piezas del rompecabezas para tener un mapa donde aparecieran todas, esas piezas ya estaban ahí. Ya tenía acceso a esa información, tenía los libros, la bibliografía, tuve la oportunidad de ir a las casas donde vivieron, de caminar esas calles, sólo era cuestión —y lo digo como si fuera muy fácil— de poner esas piezas del rompecabezas juntas, en una secuencia que fuera dramáticamente interesante para el lector”.
Para Martha Bátiz es importante recalcar que Miguel de Cervantes Saavedra no hubiera podido escribir El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha sin la ayuda de estas mujeres. Si sus hermanas pagaron el rescate para liberarlo en Argel junto a su hermano Rodrigo, las otras también lo apoyaron en diversas situaciones.
“Exactamente esa es mi tesis alrededor de esta novela. Justo, si la familia, es decir, las hermanas, la sobrina, la madre de Cervantes, que son las que estaban en Madrid, no hubieran hecho lo imposible por juntar el dinero del rescate por la libertad de Miguel y de su hermano Rodrigo —por una recompensa estratosféricamente alta, porque Cervantes traía unas cartas que lo hacían parecer un hombre importante—… la familia tuvo que trabajar muy duro cinco años, cinco años se tardaron en juntar el dinero para poderlo rescatar. Si no lo hubieran juntado, si no lo hubieran pagado, lo hubieran montado a él en un barco en Constantinopla para venderlo como esclavo”, concluyó.
