El antropólogo Martín Salinas Rivera visitó Torreón para compartir sus investigaciones sobre los pueblos originarios del noreste mexicano. (ENRIQUE CASTRUITA)
En su memoria se recrea una escena en la que solía visitar el rancho de sus abuelos y explorar las tierras del noreste. Si la búsqueda era fructífera, el hallazgo de pedernales y puntas de flecha le despertaba preguntas relacionadas con el pasado. El maestro Martín Salinas Rivera, actual cronista de Reynosa, Tamaulipas, tuvo desde entonces un olfato antropológico que se agudizó con la experiencia.
En su reciente visita a Torreón, con motivo de impartir el módulo 2 del Diplomado en Historia del Noreste, titulado Historia antigua del noreste, Salinas Rivera conversó con El Siglo sobre su carrera como antropólogo. Entre las carpetas de documentos históricos del Archivo Municipal, el maestro cita los aportes del filósofo y etnólogo alemán Paul Kirchhoff sobre las definiciones de Aridoamérica y Mesoamérica. También habla de los primeros estudios que, en los años sesenta, se hicieron sobre los pobladores originarios de la región. Y aunque hay avances, el trabajo por delante todavía es inmenso.
“A través de la antropología sabemos más o menos el comportamiento. Ya todo eso se viene a aplicar en los setenta, en los ochenta. Se va a cambiar un poco el enfoque de la antropología clásica, que fue donde yo empecé. Todavía no se divulgaba esto de cómo se comporta el humano como cazador-recolector. El 99 por ciento del periodo de la existencia humana está relacionado con la caza y la recolección a nivel mundial”.
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¿Cómo vivían los pueblos originarios del noreste mexicano?
Con un posgrado en Antropología por la Universidad de Texas en Austin, Salinas Rivera considera que el noreste ha sido estudiado desde una mirada occidental. Contrario a lo que se piensa, los pobladores originarios de esta región no eran bárbaros ni salvajes, mucho menos incivilizados; tenían sus propias culturas, lenguas, usos y costumbres y cosmovisiones.
“El sedentarismo tampoco lo comprenden. El nomadismo es una cosa muy específica en la vida del humano, que sí existió aquí en la región, pero la mayoría de los grupos vienen a ser sedentarios siendo cazadores y recolectores. Y en el continente hay cazadores y recolectores cuya sociedad es mucho más compleja que inclusive aquellas sociedades que estaban construyendo pirámides. Es un tema que se necesita divulgar”.
El investigador citó los montículos prehispánicos que existen en Texas. Habló de las distintas lenguas que existieron y sus variantes. También advirtió que no todos los grupos eran nómadas, sino que algunos cambiaban de zona cada cierto tiempo, dependiendo de las lluvias y otros fenómenos climatológicos. Sus investigaciones han documentado la presencia humana en la región del río Bravo desde hace más de 11 mil 500 años y registrado alrededor de 49 grupos originarios desde el río San Juan hasta la costa del Golfo de México, entre los cuales se hablaba la lengua comecrudo.
“Falta mucho trabajo por hacer, una barbaridad. El problema que tengo es que no hay apoyo, no hay gente que nos siga […] Este diplomado es una buena iniciativa para que tengan las bases, para que conozcan la alternativa de la antropología”, concluyó.