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Matamoros, ciudad centenaria

CARLOS CASTAÑÓN CUADROS

Matamoros nació a balazos. Su historia es un auténtico western donde la disputa, el conflicto y la búsqueda de la libertad definieron la identidad de su gente. Hacia 1830 un grupo de rancheros se establecieron en los fértiles parajes del Nazas, especialmente en la Vega de Marrufo y San Juan de Nepomuceno de la Carrera. A la larga esa población se conoció como el rancho de Matamoros, en honor a Santiago, el santo patrono de los tlaxcaltecas. Los matamorenses fueron rancheros libres que buscaron trabajar la tierra ellos mismos, sin estar sometidos a un hacendado. Aquellos pobladores salieron adelante no obstante las dificultades del entorno e incluso los enfrentamientos ocasionales con los indios. Pero al tiempo chocaron con el principal terrateniente de la región, Leonardo Zuloaga, quien consideró que esos rancheros invadían sus tierras y se le hizo fácil desalojarlos por la fuerza, sin saber que se topó con gente brava e independiente, orgullosa y valiente que no se arredró ante el poderoso. El conflicto agrario escaló hasta la violencia y contó con la intervención del gobernador Santiago Vidaurri en contra de los rancheros. Como tantas veces sucede: el poder protege al poder. De aquellos años, 1864, el hacendado describió los sucesos como "revolución" e incluso quedó un antiguo corrido: "Tulises de Matamoros, que de todos son asombro, ya les quemaron sus casas, les dejaron los escombros".

Circunstancias de la vida, el presidente Benito Juárez huía de la invasión francesa, y en su paso por la región lagunera lo protegieron los matamorenses y como es bien sabido, guardaron con celo y con sus vidas, el archivo de la nación en la cueva del Tabaco. En ese encuentro los pobladores enteraron al presidente del problema. Juárez respondió a la legítima demanda de los lugareños y por medio de un decreto el presidente reconoció como villa a Matamoros y expropió las tierras de Zuloaga. Al final ganó la valentía e independencia popular.

El afamado escritor, político y militar estadounidense, Lewis Wallace pasó por la región en 1867 e hizo un elogio de los pobladores de Matamoros: "Los laguneros eran de su pertenencia, fieros, ociosos, republicanos independientes, a los cuales ni los franceses pudieron domar, a pesar de que los azuzaron con el fuego y la espada". En esos tiempos se libró la defensa de la tierra con Winchester, Smith & Wesson, escopetas, rifles y hasta trabucos. Al respecto, recuerdo una magnífica conferencia del profesor Roberto Treviño Rodríguez sobre aquellas disputas, donde develó ante el público un revólver que utilizó uno de los protagonistas de esa historia. El gran historiador Sergio Antonio Corona Páez demostró que el rancho y posterior villa de Matamoros, Coahuila, constituye un puente e´tnico y cultural que conecta el pasado colonial con la Comarca Lagunera de los siglos XIX y XX. Herederos de esa digna tradición, este mes la ciudad de Matamoros cumple cien años. El día 17 de febrero de 1926 el Congreso de Coahuila emitió el decreto número 108 donde elevó la villa a la categoría de ciudad. Era gobernador Manuel Pérez Treviño y alcalde Tomás Rodríguez de la Fuente. Había cerca de 6 mil habitantes y se vivía el auge de la economía algodonera. El profesor Humberto Luna documentó 21 despepitadoras de algodón, 20 molinos de nixtamal, 3 ladrilleras, 7 panaderías, 9 peluquerías, 20 sastrerías, 8 carpinterías, 3 herrerías y 5 zapaterías.

Desde entonces pienso que Matamoros da garbanzos de a libra. Menciono algunos: Benjamín Argumedo, revolucionario conocido como el "León de la Laguna"; José Santos Valdés, escritor y gran referente de la educación rural en México; Manuel Muñoz Olivares, pintor de talla internacional que plasmó una obra notable; Horacio "el ejote" Piña, brillante jugador de las Grandes Ligas de Béisbol campeón.

Se nos acaba el espacio, pero muchas felicidades a los orgullosos matamorenses por los cien años que pronto cumplirá la ciudad.

Nos vemos en @uncuadros

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