Aunque existió un tiempo en el que vivieron tiempos de bonanzas, los comerciantes que ahí permanecen, sobreviven apenas con ventas mínimas.
Allá por el Poniente de Torreón, un grupo de comerciantes mantienen vivo, a base de pura voluntad, el mercado conocido como “El Torreoncito”.
Ubicado entre la avenida Morelos y la calle 5 de Mayo, este tradicional espacio comercial concentra, desde hace años, a comerciantes de artículos de segundo uso, como ropa, herramientas o artículos para el hogar.
Aunque existió un tiempo en el que vivieron tiempos de bonanzas, los comerciantes que ahí permanecen, sobreviven apenas con ventas mínimas, o amparados sólo por la esperanza de que mañana será un mejor día.
Hace décadas, el movimiento era constante en la zona. Los antiguos camiones rancheros llegaban desde comunidades como La Loma, San Agustín, o La Concha. Cientos de personas que subían y bajaban del transporte aprovechaban la vuelta para llevarse un artículo de ese mercado y las ventas de los comerciantes les alcanzaba para sostener a sus familias. Hoy, la realidad es otra.
Borrosa quedó aquella imagen. Además de la violencia que estigmatizó al Poniente de Torreón, actualmente existen muchas colonias que ofrecen ese mismo mercado tipo fayuquero donde todo lo que se vende es de segunda mano.
Por eso cada vez más al “El Torreoncito” llega menos gente. A través de las voces de quienes permanecen, se revela que es a base de pura voluntad lo que sostiene este mercado popular que, aunque agoniza, se resiste a desaparecer.
"A VECES ME VOY SIN VENDER UN PESO"
A sus 75 años, Juana Zúñiga sigue llegando puntualmente poco antes de las nueve de la mañana. Lleva alrededor de cuatro décadas vendiendo ropa, zapatos, tenis y botas de trabajo.
Su historia comenzó mucho antes de que existiera El Torreoncito. Sus padres fueron de los comerciantes ambulantes que se instalaban en las inmediaciones del lugar.
"Allá empezaron mis papás. Ellos ya fallecieron. Todos los puestecitos estaban afuera y luego nos trajeron para acá", recuerda.

Como dato, el Mercado “El Torreoncito” se construyó para reubicar a cerca de 40 comerciantes de fierro y herramienta usada que trabajaban sobre la calle 5 de Mayo en el Sector Alianza. El retiro de sus puestos ocurrió en agosto del 2019.
Con la enseñanza de sus padres y reubicada en el nuevo espacio, Juana con ese oficio sacó adelante a sus cinco hijos. Y desde hace más de tres décadas nunca ha dejado de trabajar.
"Trabajo de lunes a domingo. Nomás cierro cuando voy al Seguro. Ya estoy muy impuesta aquí; empecé cuando estaba joven y todos mis hijos eran chiquillos."
Sin embargo, la clientela desapareció.
"Antes sí se vendía. Ahora esto está muerto, muerto de plano. Hay veces que nomás vendo un par de zapatos y otras veces me voy sin nada. Pero ¿qué vamos a hacer? Tenemos que sacar para los frijoles."
Cada jornada representa un gasto antes de generar un ingreso. La mujer mayor vive en los Arenales, sector que queda aproximadamente a 15 kilómetros del centro de Torreón, y debe pagar transporte de ida y vuelta. Además de desembolsar todos los días 40 pesos para la cuota que exige el municipio a través del departamento de Plazas y Mercados.
"El sábado vendí un solo par de zapatos, a 200 pesos. De ahí todavía hay que pagar los 40 pesos de Plazas y Mercados."
Su voz no transmite resignación, sino costumbre. "La vida está muy dura, pero aquí seguimos."
UN MERCADO QUE SE QUEDA VACÍO
Mientras algunos comerciantes acumulan décadas en el lugar, otros apenas intentan comenzar. Hace apenas dos días, Héctor Martínez instaló su pequeño taller de reparación de televisores, hornos de microondas y licuadoras en un local del mercado.
Después de trabajar durante años sobre la calle 5 de Mayo, decidió mudarse porque la renta ya le era imposible de sostener.

"Me vine porque aquí es barato. Allá era excesiva la renta. Llevo diez años reparando aparatos y esto mantiene a mi familia."
Aunque algunos clientes ya comenzaron a buscarlo, reconoce que el panorama es complicado.
"Donde quiera está difícil, pero aquí la gente ya se fue de estos mercados. Está desapareciendo todo. Está muy olvidado. Y eso que aquí empezó a crecer Torreón".
"LO ÚNICO QUE QUEREMOS ES SACAR EL CHIVO"
En otro de los locales, Carlos Díaz continúa elaborando llaves como lo ha hecho desde hace cuatro décadas. A sus 72 años asegura que la experiencia es lo único que mantiene vivo su negocio.
"Si entra una persona nueva sí batalla mucho. Yo todavía sobrevivo porque me busca la gente que me conoce desde hace años."
Para él los ingresos que obtiene son cambiantes: "Hay días que me llevo 200 pesos, otros 300, unos 400... pero hay otros que nada"

Carlos conoce la historia del sector porque nació ahí. Recuerda que la actividad comenzó a disminuir cuando desaparecieron las terminales de los camiones rurales y, posteriormente, con la violencia que golpeó al poniente.
"Cuando comenzaron los balazos la gente dejó de venir. Antes todo esto era un movimiento muy fluido. Ahora lo único que queremos es sacar el chivo."
Considera que el abandono también pasa por la seguridad y el mantenimiento urbano. "Se necesita más vigilancia. Apenas últimamente volvimos a ver policías pedestres rondando."
Antes de despedirse hace una petición sencilla: "Que venga la gente. Aquí seguimos haciendo las llaves."
LA BONANZA QUEDÓ EN LOS RECUERDOS
Para Arturo Muñoz, quien continuó atendiendo el negocio de su hermano, el deterioro no puede atribuirse únicamente a la economía.
"Las cosas se complicaron desde las mentadas balaceras. Desde entonces mucha gente ya no quiso entrar al poniente."
El local que atiende ofrece herramientas, rines, fierros y artículos para el hogar. La mayoría de sus compradores son clientes de muchos años. Recuerda que su hermano, que falleció, se dedicó más de tres décadas a este comercio que él decidió continuar a pesar de las bajas ventas.

En ese sentido, el comerciante considera que rescatar El Torreoncito requiere coordinación entre autoridades, propietarios y comerciantes.
"No se trata nomás de cobrar rentas. Necesitamos involucrarnos los tres: gobierno, dueños de los locales y nosotros. Si esto se levanta, también crece la plusvalía. Para criticar hay que proponer ideas".
"CON LO QUE DIOS NOS DÉ”
La misma esperanza sostiene a Félix Mancillas Salas, comerciante desde hace 35 años. Aunque enfrenta problemas en una rodilla y cada día representa un esfuerzo físico, continúa abriendo su local de herramientas, sanitarios, lavabos y artículos usados.
"Aquí nos conformamos con lo que Dios nos dé. A veces vendemos y a veces no, pero mientras salga para comer y mantenernos, con eso".

Padre de ocho hijos y viudo desde hace algunos años, continúa trabajando con la misma constancia.
"No nos olviden. Aquí encuentran desde zapatos hasta herramientas, cucharas de albañil, planchas para tortillas y lo que anden buscando."
UN OFICIO HEREDADO
En un local ubicado por la calle 5 de Mayo, Patricia del Río también permanece. Aprendió el oficio de su madre, quien fuera una antigua fayuquera.
Más de cuatro décadas después continúa vendiendo, aunque las cifras ya no son las mismas.
"Del uno al diez, las ventas bajaron hasta un cuatro. Antes vendíamos mil pesos; ahora, si acaso, 300 o 400. Dependemos de ese dinerito. A veces ni la cruz hacemos."

Para ella, además de la situación económica existe otro obstáculo: la percepción.
"Mucha gente se quedó con la idea de que el poniente era muy peligroso, pero eso ya tiene años. Hoy aquí está todo tranquilo."
RESISTIR LOS MALOS TIEMPOS
“El Torreoncito” ya no es el mercado lleno de bullicio. Los pasillos vacíos contrastan con las historias de quienes levantaron familias enteras vendiendo zapatos, herramientas, ropa o reparando electrodomésticos. Todos coinciden en algo: el mercado aún tiene vida, pero necesita volver a ser visto.
Cada mañana abren sus locales con la esperanza de vender lo suficiente para llevar comida a sus casas. Algunos se ganan apenas unos cuantos pesos; otros, simplemente esperan a que por lo menos a su local entre aunque sea un sólo cliente.
