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México cortesiano

Una de las tantas trampas del sistema político fue inventar la etiqueta de “invasor” para ponérsela tanto a Cortés como a todos los peninsulares que llegaron con él y se establecieron forjando familia y patria en estas tierras.

México cortesiano

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DR. ENRIQUE SADA SANDOVAL

Bastó que Isabel Díaz Ayuso, presidente de la comunidad madrileña, viniera a México como invitada a un evento privado y una misa en Catedral Metropolitana por parte del personal de la obra musical Malinche, del legendario Nacho Cano, para que quienes intentan echar un manto sobre las serias acusaciones que el gobierno estadounidense ha hecho contra el desaparecido exgobernador de Sinaloa y varios de su staff aprovecharan la situación, desgarrándose las vestiduras por el homenaje teatral al “Inventor de México”, como le llamara Juan Miralles a Hernán Cortés en su obra clásica.

Atendiendo al llamado del poder en turno, la titular de la Secretaría de Cultura, la misma que prefirió que la Colección Gelman saliera de nuestro país y se perdiera para siempre en manos españolas, trató de hacer eco en favor de sus superiores, pero acabó haciendo agua con la difusión de un video sobre supuestos “crímenes” cometidos por Hernán Cortés, basados en una acusación montada por uno de sus más grandes enemigos personales.

El pasquincillo virtual empezaba dando traspiés desde su pobre redacción, refiriéndose al extremeño en cuanto a su “legado como invasor”. En primer lugar, quien se supone dirige Cultura debería saber que en el momento mismo en que se habla del legado de alguien, se le está refiriendo en términos positivos respecto a sus méritos propios.

Ciertamente el sistema político mexicano, a partir del régimen cardenista, intentó explotar un falso sentimiento indigenista y patriotero que negaba trescientos años de acrisolamiento de nuestra nacionalidad en lo cultural y religioso, enarbolando una impostura racista, centralista y xenófoba que no sólo vilipendiaba nuestra herencia hispánica, sino que traicionaba nuestra identidad mestiza al vender que todos en el país éramos indígenas y aztecas.

Una de las tantas trampas del sistema político fue inventar la etiqueta de “invasor” para ponérsela tanto a Cortés como a todos los peninsulares que llegaron con él y se establecieron forjando familia y patria en estas tierras, lo cual es absurdo, puesto que un invasor obedece a un plan preconcebido por una autoridad real para suplantar por completo a la población de otro reino con el fin de adueñárselo; nunca para casarse, enraizarse o mestizarse armónicamente con los que se pretende invadir.

Cabe señalar que el autor de la denuncia contra el padre de nuestra identidad mestiza la hizo nada menos que uno de los personajes más execrables en la historia del Virreinato: Nuño de Guzmán, militar ambicioso que emprendió marchas al norponiente de la Nueva España, donde fundó la Nueva Galicia atravesando los territorios de Sinaloa y Durango, violando las Leyes de Indias —masacrando y esclavizando indígenas—— a su paso y siendo denunciado debido a sus crueldades por sus propios hombres, que prefirieron desertarlo. Por estos crímenes fue juzgado severamente por la Corona Española, que le encarceló, confiscó todos sus bienes y condenó a sufrir castigos forzados en las galeras de España hasta su muerte —castigo que ya quisiéramos ver los mexicanos se aplicara contra ciertos políticos— a diferencia de Cortés, quien fuera defendido por el gran evangelizador fray Toribio de Benavente “Motolinía” y que terminó compensado con el título nobiliario de marqués del Valle de Oaxaca.

Otra de las mentiras que se repitieron fue que sus restos están aquí en México por haber sido rechazados en la madre patria, cuando en realidad fue el deseo personal de Cortés ser sepultado aquí por el amor que le tuvo a la tierra que forjó y que le diera no sólo fama, sino al más querido de sus hijos: don Martín Cortés Malintzin, combatiente en Flandes y en la Heroica Batalla de Lepanto, al igual que Cervantes.

México, como país, es fruto cortesiano, le guste o no a quienes desde la ignorancia dolosa todavía comulgan con el catecismo de la SEP o con las otras mentiras de la mal llamada Nueva Escuela Mexicana —responsable del rezago educativo que hoy nos aqueja—, con todo lo que implica no saber de historia ni tener sentido común.

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Escrito en: Nueva España Hernán Cortés Conquista de México

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