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‘México es el país de la desigualdad’

JOSÉ NARRO ROBLES
JOSÉ NARRO ROBLES

Esa es la frase que utiliza Alejandro de Humboldt en un pasaje del Capítulo VI del Libro Segundo de su “Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España”, obra que recoge observaciones producto de su estancia en México entre el 23 de marzo de 1803 y el 7 de marzo de 1804. Conviene recoger la opinión del visitante para ubicar lo que vio hace 223 años y lo comparemos con nuestras condiciones actuales. La obra se publicó por vez primera en francés en 1808 y en español 14 años más tarde. Procedo a presentar la selección que formulé, en el entendido de que mayormente recojo sus dichos de manera prácticamente textual.

“México es el país de la desigualdad.

Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo de la tierra y población. En el interior del Reino existen cuatro ciudades a solo una o dos jornadas de distancia…que cuentan 35 mil, 67 mil, 70 mil y 135 mil habitantes… (mientras coexisten) terrenos yermos, donde apenas se encuentran de diez a doce personas por legua cuadrada. La capital y otras muchas ciudades tienen establecimientos científicos que se pueden comparar con los de Europa. La arquitectura de los edificios públicos y privados, la finura del ajuar de las mujeres, el aire de la sociedad; todo anuncia un extremo de esmero que se opone extraordinariamente a la desnudez, ignorancia y rusticidad del populacho. Esta inmensa desigualdad de fortunas no solo se observa en (el grupo) de los blancos (europeos o criollos), sino que igualmente se manifiesta entre los indígenas”.

“Los indios mexicanos, considerándolos en masa, presentan el espectáculo de la miseria. Confinados aquellos naturales en las tierras menos fértiles, indolentes por carácter y aún más por consecuencia de su situación política, viven solo para salir del día. En vano se buscaría entre ellos uno u otro individuo que gozase de una cierta medianía; en vez de una comodidad agradable, se encuentran algunas familias cuya fortuna aparece tanto más colosal, cuanto menos se espera hallarla en la última clase del pueblo. En las intendencias de Oaxaca y Valladolid a, en el Valle de Toluca, y sobre todo en las cercanías de la gran ciudad de la Puebla de los Ángeles, viven algunos indios que bajo la capa de miseria, ocultan riquezas considerables”.

“Casi todas las propiedades y riquezas del reino están en manos (de blancos o españoles). Los indios y las castas cultivan la tierra; sirven a la gente acomodada, y solo viven del trabajo de sus brazos. De ello resulta entre los indios y los blancos esta oposición de intereses, este odio recíproco, que tan fácilmente nace entre los que lo poseen todo y los que nada tienen, entre los dueños y los esclavos. Así es que vemos de una parte los efectos de la envidia y de la discordia, la astucia, el robo, la inclinación a dañar a los ricos en sus intereses; y de la otra, la arrogancia, la dureza, y el deseo de abusar en todas ocasiones de la debilidad del indio. No ignoro que estos males nacen en todas partes de la grande desigualdad de condiciones. Pero en América son todavía más espantosos porque no hay estado intermedio; es uno rico o miserable, noble o infame de derecho y de hecho. Efectivamente, los indios y las castas están en la mayor humillación. El color de los indígenas, su ignorancia y más que todo su miseria, los pone a una distancia infinita de los blancos…” Toca al lector identificar lo que dos siglos después hemos evolucionado.

@JoseNarroR

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