¿Gozará de vida eterna esta entidad a la cual llamamos Rotary o al igual que todas las cosas de este mundo se limitará a vivir, crecer, florecer y prosperar, y más adelante enfermarse, envejecer hasta la senectud y la parálisis, y finalmente morir?
THE ROTARIAN, agosto de 1926
Camina con personas que te obligan a subir de nivel: una reflexión para los rotarios Existe un proverbio que dice: "Camina con personas que te obligan a subir de nivel." Lejos de entenderse como una invitación a competir con los demás, este pensamiento nos recuerda la importancia de rodearnos de personas que nos inspiren a ser mejores. Para nosotros, los rotarios, esta idea adquiere un significado aún más profundo, porque Rotary no es simplemente una organización de servicio; es una escuela permanente de liderazgo, amistad y crecimiento personal.
Cada vez que ingresamos a un Club Rotario encontramos mujeres y hombres con diferentes profesiones, experiencias y talentos. Algunos han dedicado décadas al servicio, otros aportan nuevas ideas y entusiasmo. Todos ellos representan una oportunidad para aprender. Un buen rotario nunca deja de crecer, porque siempre encuentra en sus compañeros un ejemplo que lo impulsa a mejorar.
Subir de nivel como rotarios no significa ocupar cargos más importantes ni recibir mayores reconocimientos. Significa elevar nuestro compromiso con el servicio, fortalecer nuestra ética profesional, desarrollar nuestra capacidad de escuchar, trabajar en equipo y comprender mejor las necesidades de la comunidad. Cada proyecto exitoso, cada reunión bien preparada y cada acción solidaria nos invita a ser una mejor versión de nosotros mismos.
Paul Harris soñó con reunir personas de diferentes ocupaciones que compartieran ideales elevados. Comprendió que, al convivir con individuos íntegros y comprometidos, todos crecerían como personas y como ciudadanos. Ese espíritu sigue vivo en Rotary. Cuando caminamos junto a rotarios ejemplares, y aquí recuerdo con mucha estimación a Carlos Canseco, a Frank Devlyn, a José Antonio Salazar, a José Alfredo Sepúlveda y tantos rotarios que han dejado profunda huella en mí, de quienes aprendí disciplina, generosidad, humildad y perseverancia. Ellos nos motivan, no porque nos exijan competir, sino porque nos muestran con su ejemplo que siempre podemos dar un poco más.
Este proverbio también nos recuerda la importancia del compañerismo. En Rotary nadie crece solo. Los grandes proyectos nacen de la colaboración, del intercambio de ideas y de la confianza entre los socios. Cuando un club reúne personas comprometidas, el entusiasmo se contagia, la participación aumenta y los resultados benefician a toda la comunidad.
Sin embargo, el desafío es doble. No basta con caminar junto a personas que nos hagan crecer; nosotros también debemos convertirnos en esas personas que elevan a los demás. Cada rotario debe preguntarse: ¿Estoy inspirando a mis compañeros? ¿Mi actitud motiva a otros a servir con mayor entusiasmo? ¿Estoy compartiendo mis conocimientos con los socios más jóvenes? El verdadero liderazgo consiste en ayudar a otros a descubrir su propio potencial.
En un mundo donde con frecuencia predominan el individualismo y la búsqueda del éxito personal, Rotary nos propone un camino diferente: crecer para servir mejor. El nivel al que aspiramos no se mide por la posición que ocupamos, sino por el impacto positivo que generamos en la vida de los demás.
Por ello, este proverbio puede convertirse en una filosofía para nuestra vida rotaria: caminemos junto a personas que nos inspiren a servir con mayor entrega, a actuar con mayor integridad y a soñar con proyectos cada vez más ambiciosos para nuestras comunidades. Y, al mismo tiempo, procuremos ser nosotros quienes impulsemos a otros a subir de nivel. Ese es el verdadero espíritu de Rotary: crecer juntos para hacer el bien y dejar una huella permanente en el mundo.
-0- Samantha Cristoforetti: una rotaria con la mirada puesta en las estrellas La historia de Samantha Cristoforetti demuestra que los sueños más grandes comienzan con la curiosidad de una niña y se consolidan con disciplina, preparación y espíritu de servicio. Astronauta de la Agencia Espacial Europea, ingeniera, piloto militar y socia del Club Rotario de Köln am Rhein, Cristoforetti representa una extraordinaria combinación de excelencia profesional y compromiso humanitario. Su vida confirma que el liderazgo no consiste únicamente en alcanzar metas personales, sino en poner el talento al servicio de los demás, un principio que coincide plenamente con el ideal rotario de Dar de Sí Antes de Pensar en Sí.
Desde muy pequeña desarrolló una imaginación extraordinaria. Creció en un pueblo de los Alpes italianos, donde disfrutaba de la naturaleza, el esquí y las aventuras con sus primos. Sin embargo, fueron los libros los que despertaron definitivamente su vocación. En sus lecturas viajaba a la Luna, acompañaba a Marco Polo en sus expediciones y vivía grandes aventuras que alimentaban el deseo de explorar lo desconocido. Más tarde, siendo estudiante de intercambio en Estados Unidos, descubrió un campamento espacial que le permitió experimentar por primera vez la vida de un astronauta. Aquella experiencia confirmó que su sueño podía convertirse en realidad.
El camino hacia el espacio estuvo lejos de ser sencillo. Estudió ingeniería, se convirtió en una de las primeras mujeres piloto de combate de la Fuerza Aérea Italiana y se preparó durante años para una oportunidad que parecía casi imposible. Cuando la Agencia Espacial Europea abrió una convocatoria para nuevos astronautas en 2008, más de ocho mil aspirantes compitieron por un reducido número de plazas. Samantha superó exigentes pruebas físicas, médicas, psicológicas y académicas hasta ser seleccionada. Su historia demuestra que el éxito rara vez depende de la suerte; es el resultado de la preparación constante y la perseverancia.
Después vino un entrenamiento intenso que incluyó simulaciones bajo el agua para aprender a trabajar en condiciones de ingravidez, preparación para emergencias y adaptación a complejos sistemas espaciales. Fue durante este periodo cuando conoció a Bernd Böttiger, destacado médico de emergencias y socio del Club Rotario de Köln am Rhein, quien quedó profundamente impresionado por su inteligencia, serenidad y capacidad de concentración. Aquella amistad sería el inicio de una relación con Rotary que años después tendría un significado muy especial.
En noviembre de 2014 llegó el momento del lanzamiento. Tras años de preparación, Samantha despegó rumbo a la Estación Espacial Internacional a bordo de una nave Soyuz. Apenas nueve minutos después del encendido de los motores, ya orbitaba la Tierra a casi 28 000 kilómetros por hora. Horas más tarde ingresó a la estación espacial, convirtiéndose en una de las pocas personas que han vivido fuera de nuestro planeta. Más adelante participó en una segunda misión y se convirtió en la primera mujer europea en comandar la Estación Espacial Internacional, además de realizar la primera caminata espacial efectuada por una astronauta europea.
Su trabajo en el espacio va mucho más allá de contemplar la Tierra desde la ventana. Cada jornada está dedicada a experimentos científicos relacionados con la medicina, la osteoporosis, la pérdida de masa muscular, la física de materiales y otras investigaciones que benefician directamente a la humanidad. Además, los astronautas realizan mantenimiento, limpieza, reparaciones y ejercicios físicos diarios para conservar su salud. Samantha ha explicado que, en ocasiones, el trabajo es tan intenso que incluso olvida que se encuentra en el espacio.
Pero quizá uno de los momentos más emotivos de su historia ocurrió cuando, desde la propia Estación Espacial Internacional, participó virtualmente en una reunión de su club rotario. Mientras respondía preguntas flotando en gravedad cero, mostraba a sus compañeros la impresionante vista de la Tierra desde la cúpula de la estación. Entre los pocos objetos personales que podía llevar consigo, debido al estricto límite de peso permitido, eligió transportar el banderín del Club Rotario de Köln am Rhein. Aquel pequeño emblema simbolizaba que, incluso a 400 kilómetros de altura, seguía formando parte de la familia rotaria.
Posteriormente aceptó la invitación para integrarse formalmente al Club Rotario de Köln am Rhein. Explicó que veía en Rotary un espacio para convivir con personas que desean vivir con propósito y contribuir al bienestar de la sociedad. Esa afirmación resume perfectamente la esencia de Rotary: reunir líderes de distintas profesiones para poner sus conocimientos al servicio de las comunidades.
Además de astronauta, Samantha ha encontrado formas innovadoras de acercar la ciencia a las nuevas generaciones. A través de redes sociales comparte experimentos, explica cómo funciona la vida en el espacio y demuestra que la exploración científica puede ser apasionante y accesible para todos. Con ello inspira a miles de jóvenes, especialmente mujeres, a estudiar ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, rompiendo estereotipos y demostrando que no existen límites cuando existe preparación y determinación.
Para los rotarios del mundo, Samantha Cristoforetti representa mucho más que una astronauta. Es un ejemplo de liderazgo basado en el conocimiento, la humildad, la cooperación internacional y el servicio. Su trayectoria confirma que la ciencia y la solidaridad no son caminos separados, sino complementarios. Mientras explora el universo, también construye puentes entre las personas, promueve la educación y fortalece los valores que Rotary impulsa desde hace más de un siglo.
Su historia nos recuerda que el verdadero horizonte no está limitado por la gravedad ni por las fronteras. Los sueños pueden llevarnos desde un pequeño pueblo alpino hasta la inmensidad del espacio. Sin embargo, por más lejos que lleguemos, siempre habrá algo que nos mantenga unidos a la Tierra: el deseo de servir a los demás. Ese es el verdadero espíritu de Rotary, y Samantha Cristoforetti lo ha llevado, literalmente, hasta las estrellas.
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