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Minuto Rotario

GDA ANGEL F. MORALES MORALES

Dos siglos antes de que surgiera y se pusiese en práctica la idea de Rotary, existía un club social en Londres cuya base era el sistema de clasificaciones profesionales. A su vez, Benjamín Franklin fundó en Filadelfia la organización "Junto", también sobre la base de un sistema de clasificaciones. Hace muchos años, "La Sosieté des Philantropes", entidad con sede en Estrasburgo, Francia, era casi idéntica a Rotary en cuanto al idealismo y los propósitos que la animan.

My Road to Rotary  

LA BIBLIOTECA DE LA IMAGINACIÓN DE DOLLY PARTON La alfabetización cambia vidas.

Antes de convertirse en "la señora de los libros" para millones de niños, Dolly Parton tenía una convicción muy sencilla: todo niño merece la oportunidad de enamorarse de la lectura.

Con esa idea nació Dolly Parton's Imagination Library, un programa que, en colaboración con Rotary, ha llevado millones de libros a hogares de todo el mundo, sembrando imaginación, conocimiento y esperanza, una historia a la vez.

En 2010, Rotary tuvo el privilegio de recibir a Dolly Parton en el escenario de la Convención Internacional, donde compartió un mensaje que sigue vigente: la alfabetización abre puertas, rompe ciclos de pobreza y ofrece a cada niño la posibilidad de construir un mejor futuro.

Para los rotarios, este compromiso refleja uno de nuestros ideales más profundos: servir a través de la educación. Cada libro entregado es mucho más que papel y tinta; es una oportunidad para despertar la curiosidad, fortalecer los valores y transformar vidas.

Hoy, tras el reciente fallecimiento de Dolly Parton, el mundo no solo despide a una extraordinaria artista, sino también a una incansable promotora de la educación y la lectura. Su legado trasciende los escenarios y permanecerá vivo en cada niño que descubra el placer de leer gracias a un libro recibido a través de su programa.

En Rotary nos unimos al reconocimiento mundial por una mujer que comprendió que el verdadero éxito no se mide por los premios recibidos, sino por las vidas que se transforman. Su ejemplo nos recuerda que el servicio más perdurable es aquel que siembra conocimiento, esperanza y oportunidades para las nuevas generaciones.

Descanse en paz, Dolly Parton. Su voz seguirá escuchándose en sus canciones, pero su corazón seguirá latiendo en cada libro que llegue a las manos de un niño. Ese será, sin duda, su legado más hermoso.

Dolly Rebecca Parton (Sevierville, Tennessee, Estados Unidos; 19 de enero de 1946) es una de las cantantes, compositoras, empresarias y filántropas más influyentes de la música estadounidense. Su trayectoria, que abarca más de seis décadas, la convirtió en un ícono de la música country y en una de las figuras más queridas por su labor humanitaria.

 Labor filantrópica Su obra benéfica es tan reconocida como su carrera artística. En 1995 fundó Dolly Parton's Imagination Library (Biblioteca de la Imaginación de Dolly Parton), un programa que regala libros gratuitamente a niños desde su nacimiento hasta los cinco años de edad para fomentar el hábito de la lectura.

Gracias a este programa se han distribuido más de 300 millones de libros en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia e Irlanda, convirtiéndose en una de las iniciativas de promoción de la lectura más exitosas del mundo.

La tecnología también puede cambiar el mundo Vivimos una época en la que la tecnología avanza a una velocidad impresionante. La inteligencia artificial, la robótica y las comunicaciones digitales están transformando nuestra manera de vivir, trabajar y aprender. Sin embargo, para millones de niños en el mundo, una computadora conectada a internet sigue siendo un lujo inalcanzable. La verdadera brecha ya no es solamente económica; es una brecha de oportunidades.

Hace unos días leí una historia publicada en la revista Rotary que me hizo reflexionar profundamente. No hablaba de un gran descubrimiento científico ni de un invento revolucionario. Era la historia de una joven llamada Hareesha, originaria de una zona rural del estado de Andhra Pradesh, en la India, quien sueña con convertirse en cardióloga para salvar vidas y ayudar a erradicar la pobreza de su comunidad.

Lo extraordinario de esta historia es que su sueño comenzó a tomar forma cuando un grupo de rotarios decidió que aquellas niñas merecían las mismas oportunidades que cualquier estudiante del mundo.

En muchas aldeas de la India, las niñas todavía enfrentan una realidad que parece pertenecer a otro siglo: pobreza extrema, discriminación, analfabetismo y matrimonios a edades muy tempranas. Aun cuando existen escuelas, muchas carecen de computadoras, acceso a internet o laboratorios que les permitan desarrollar las habilidades que exige el siglo XXI. Sin esas herramientas, el futuro queda limitado antes siquiera de comenzar.

Fue entonces cuando apareció Rotary.

Un rotario nacido precisamente en esa región regresó a su tierra después de una exitosa carrera profesional en Estados Unidos. Descubrió que el talento seguía ahí, pero las oportunidades no. Con el respaldo de clubes rotarios de dos continentes, de La Fundación Rotaria y de organizaciones civiles, emprendió un proyecto para modernizar las escuelas, instalar laboratorios de computación y STEM, capacitar maestros y garantizar energía eléctrica e internet en comunidades remotas.

El resultado fue mucho más que la instalación de equipos.

Los índices de aprovechamiento escolar aumentaron notablemente. Más alumnos terminaron sus estudios y, sobre todo, cientos de niñas comenzaron a creer que podían aspirar a una profesión, a una carrera universitaria y a una vida diferente. Entre ellas estaba Hareesha.

Su historia nos recuerda que la educación no cambia únicamente la vida de una persona; modifica el destino de generaciones enteras. Una niña que estudia tiene mayores posibilidades de acceder a un empleo digno, formar una familia con mejores condiciones, romper el ciclo de la pobreza y convertirse en agente de cambio dentro de su comunidad.

Pero hay otro aspecto que me parece aún más importante.

Con frecuencia pensamos que Rotary construye escuelas, perfora pozos de agua o entrega becas. Todo eso es cierto. Sin embargo, la verdadera obra de Rotary no son los edificios ni las computadoras. Su mayor contribución consiste en despertar esperanza donde parecía haberse perdido.

Las computadoras instaladas en esas escuelas no representan solamente tecnología. Representan confianza. Le dicen a cada niña: "Creemos en ti". Le recuerdan que nació con el mismo talento que cualquier otro ser humano y que su lugar de origen no debe determinar el tamaño de sus sueños.

Esa filosofía ha acompañado a Rotary durante más de ciento veinte años. Primero fue la lucha contra el analfabetismo. Después vinieron el agua potable, la salud materno-infantil, la paz, el desarrollo económico y la erradicación de la polio. Hoy la alfabetización digital se ha convertido en un nuevo desafío, porque quien no domina la tecnología corre el riesgo de quedar excluido del mundo moderno.

Esta historia ocurre en la India, pero podría repetirse en muchos rincones de México. Todavía existen comunidades donde los niños recorren largas distancias para asistir a la escuela, donde el acceso a internet es limitado y donde una computadora sigue siendo un privilegio. Allí también existe un enorme campo para servir.

Como rotarios, debemos preguntarnos si nuestros proyectos responden a las necesidades del presente o si seguimos pensando con la mentalidad del pasado. Tal vez el próximo gran proyecto no sea únicamente construir un aula, sino llenarla de herramientas que preparen a los jóvenes para competir en un mundo global.

Hareesha dice que quiere ser médica para que ninguna familia vuelva a sufrir la pérdida de un ser querido por falta de atención. Sueña con combatir la pobreza y ayudar a desarrollar su país. Sus palabras tienen la fuerza de quienes han descubierto que los sueños pueden hacerse realidad cuando alguien cree en ellos.

Al final, comprendemos que Rotary no entregó únicamente computadoras. Entregó algo mucho más valioso: la posibilidad de imaginar un futuro distinto.

Y cuando una organización logra que una niña cambie su manera de ver el mundo, también está cambiando el mundo mismo.

Porque el verdadero progreso no se mide por la velocidad de nuestros avances tecnológicos, sino por el número de vidas que somos capaces de transformar con ellos.

Y ahora una historia real de nuestra región lagunera: septiembre está dedicado a la educación básica y alfabetización. Ayer se entregaron 25 computadoras y material escolar para 6 poblados de la zona candelillera. Principalmente el poblado de Mala Noche, las Damas Rotarianas del Club Rotario de Torreón fueron las donatarias de este material tan necesario y valioso.

UNIDOS PARA HACER EL BIEN… Y GENERAR UN IMPACTO DURADERO

SALUDOS Y SALUD

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