A menudo suele plantearse esta pregunta: "¿Por qué los clubes rotarios limitan la afiliación a un hombre por cada negocio o profesión?" Porque nuestro experimento ha demostrado en términos reales que fomenta el compañerismo, elimina de antemano los celos y la envidia entre competidores, promueve la ayuda mutua, estimula el orgullo de ejercer la propia ocupación y contribuye a percibir con amplitud y solidaridad los logros y problemas de quienes desempeñan otras ocupaciones.
My Road to Rotary
SÉNECA…un rotario de hace 2000 años
Antes de alcanzar la felicidad, Séneca sostenía que el ser humano debía aprender a gobernarse a sí mismo. Para el gran filósofo estoico, la felicidad no dependía de la riqueza, del prestigio o de los honores, sino de vivir conforme a la virtud. En su obra De Vita Beata (Sobre la vida feliz), escribió una idea que sigue vigente después de casi dos mil años: "No es feliz quien tiene más, sino quien necesita menos." Esa frase resume una filosofía basada en la serenidad, la moderación y el servicio.
Los rotarios podemos encontrar en las enseñanzas de Séneca una extraordinaria guía para nuestra vida dentro y fuera del club. Rotary nació para servir a los demás y para formar líderes éticos, precisamente el tipo de persona que el filósofo romano admiraba. Para Séneca, la verdadera riqueza consiste en compartir lo que somos y lo que tenemos, una idea que coincide plenamente con el ideal rotario de Dar de Sí Antes de Pensar en Sí.
El filósofo afirmaba que la felicidad nace cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros principios. De poco sirve ocupar un cargo importante, recibir reconocimientos o dirigir grandes proyectos si perdemos la honestidad, la humildad o la compasión. Un rotario no mide su éxito por el número de medallas que recibe, sino por las vidas que logra transformar mediante el servicio.
Séneca también enseñó que el tiempo es el bien más valioso del ser humano. En su obra De la brevedad de la vida escribió que no es la vida la que es corta, sino que desperdiciamos gran parte de ella. Esta reflexión invita a los rotarios a valorar cada reunión, cada comité y cada proyecto comunitario como una oportunidad irrepetible para dejar una huella positiva. El tiempo dedicado al servicio nunca es tiempo perdido; es una inversión en el bienestar de la comunidad y en nuestro propio crecimiento.
Otra enseñanza fundamental de Séneca es el dominio de las emociones. Las dificultades, las críticas o los fracasos forman parte de la vida, pero la diferencia está en cómo respondemos a ellos. En Rotary también existen diferencias de opinión, desafíos organizativos o proyectos que no alcanzan los resultados esperados. El verdadero líder mantiene la calma, escucha con respeto, aprende de la experiencia y continúa trabajando con entusiasmo. Esa serenidad fortalece al club y genera confianza entre sus integrantes.
Séneca consideraba que la amistad era uno de los mayores tesoros de la existencia. Los amigos virtuosos nos ayudan a crecer y a convertirnos en mejores personas. Rotary ofrece precisamente ese espacio privilegiado donde hombres y mujeres de diversas profesiones construyen amistades sinceras basadas en la confianza, el respeto y el deseo de servir. Esas relaciones enriquecen nuestra vida mucho más que cualquier éxito material.
Finalmente, el filósofo recordaba que la felicidad no es una meta lejana, sino una manera de vivir cada día. Para un rotario, la felicidad se manifiesta cuando un estudiante recibe una beca, cuando una familia recupera la esperanza gracias a un proyecto comunitario, cuando un joven descubre su vocación de servicio o cuando un club trabaja unido por un propósito común.
Si Séneca visitara hoy nuestro club rotario, probablemente nos diría que la felicidad no se encuentra en los aplausos ni en los reconocimientos, sino en la tranquilidad de haber actuado con rectitud y de haber servido generosamente a los demás. Porque, al final, la vida más feliz no es la que acumula más bienes, sino la que deja más beneficios en el corazón de las personas. Esa es también la esencia de Rotary: vivir con virtud, cultivar la amistad y transformar el mundo a través del servicio.
Séneca vivió del 4 a.C. al 65 d.C. fue contemporáneo de Jesucristo, él en Roma y Jesús en Judea.
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Bancos de leche materna: cuando la solidaridad alimenta la vida En un mundo donde con frecuencia las grandes noticias hablan de conflictos, crisis y desafíos, existen historias silenciosas que representan lo mejor de la humanidad. Una de ellas es la de los bancos de leche materna, instituciones que permiten que la generosidad de una madre pueda convertirse en la esperanza de otra familia y, en muchos casos, en la diferencia entre la vida y la muerte de un recién nacido.
Aunque el concepto de compartir leche materna existe desde hace siglos, cuando las nodrizas alimentaban a hijos ajenos, los primeros bancos de leche organizados aparecieron a principios del siglo XX. Desde entonces, esta práctica ha evolucionado hasta convertirse en uno de los programas de salud pública más importantes para la atención de bebés prematuros, de bajo peso o con enfermedades que les impiden recibir la leche de su propia madre.
Durante la década de los años ochenta, la epidemia del VIH puso en riesgo la continuidad de estos programas. El temor al contagio obligó al cierre de numerosos bancos de leche en distintos países. Sin embargo, la investigación científica permitió desarrollar estrictos protocolos de seguridad que hoy garantizan la calidad del producto donado. Cada madre donante pasa por un proceso de evaluación médica similar al de los donadores de sangre, mientras que la leche es sometida a un proceso de pasteurización que elimina microorganismos dañinos sin afectar significativamente sus propiedades nutricionales. Gracias a estos procedimientos, la leche materna donada es actualmente uno de los alimentos más seguros para los recién nacidos que la necesitan.
Los beneficios son extraordinarios. Para un bebé prematuro, la leche humana representa mucho más que alimento. Contiene anticuerpos, enzimas, factores inmunológicos y nutrientes que disminuyen el riesgo de infecciones, favorecen el desarrollo del sistema digestivo y fortalecen el crecimiento durante las primeras semanas de vida. Por ello, cada litro donado puede beneficiar a varios recién nacidos y ofrecerles mejores posibilidades de recuperación.
Pero detrás de cada banco de leche existe una historia profundamente humana. Las mujeres que donan no reciben ninguna compensación económica. Lo hacen por solidaridad. Algunas producen más leche de la que su propio hijo necesita; otras fueron beneficiarias de leche donada cuando sus bebés estuvieron hospitalizados y ahora desean corresponder ese apoyo; incluso hay madres que, después de perder a un hijo, encuentran en la donación una manera de transformar el dolor en esperanza para otras familias. Como señalan los responsables de estos programas, los bancos de leche no sustituyen la lactancia materna; por el contrario, la promueven, la apoyan y ayudan a que cada vez más madres puedan amamantar con éxito.
El crecimiento de estos programas es evidente en todo el mundo. Brasil se ha convertido en un referente internacional al integrar más de doscientos bancos de leche dentro de su sistema nacional de salud. Su modelo ha servido de inspiración para diversos países latinoamericanos, entre ellos México y Colombia. Mientras tanto, en Estados Unidos y Canadá, durante 2024 se distribuyeron aproximadamente 325 mil litros de leche materna donada, reflejando el crecimiento constante de esta red de solidaridad.
Un aspecto especialmente relevante de esta historia es la participación de Rotary International. Desde hace muchos años, clubes rotarios de distintas partes del mundo han comprendido que la protección de la infancia comienza desde los primeros días de vida. En Australia Occidental, los clubes rotarios de Belmont y Thornlie impulsaron la creación del primer banco moderno de leche materna del país. Posteriormente, diversas subvenciones globales de La Fundación Rotaria han contribuido al fortalecimiento de numerosos bancos de leche, especialmente en Brasil, donde Rotary ha sido un aliado importante para ampliar la cobertura de estos servicios.
Quizá uno de los ejemplos más inspiradores provenga de Christchurch, Nueva Zelanda. Allí, la partera y rotaria Yvonne Hiskemuller observó que muchas madres quedaban sin apoyo al abandonar el hospital, ya que el banco de leche existente únicamente atendía a los bebés internados en la unidad neonatal. Convencida de que la comunidad podía ofrecer una mejor solución, recurrió a Rotary. Con el respaldo de la entonces gobernadora de distrito Liz Courtney y un grupo de voluntarias, emprendió un proyecto que durante cuatro años reunió recursos, venció obstáculos administrativos y logró crear un banco comunitario de leche materna inaugurado en 2018. Hoy funciona gracias al trabajo conjunto de rotarios, enfermeras, especialistas y voluntarios comprometidos con la salud infantil.
Este tipo de iniciativas refleja con absoluta claridad el ideal de Rotary: "Dar de Sí Antes de Pensar en Sí". No existe recompensa material para quienes participan en estos proyectos. La verdadera satisfacción consiste en saber que un recién nacido tendrá mayores oportunidades de sobrevivir y desarrollarse gracias a la generosidad de personas que probablemente nunca conocerá.
En tiempos donde la tecnología avanza a pasos acelerados, los bancos de leche materna nos recuerdan que algunos de los recursos más valiosos siguen naciendo de la solidaridad humana. Cada madre donante, cada profesional de la salud, cada voluntario y cada rotario forman parte de una cadena invisible de servicio que comienza con un acto de amor y termina salvando vidas.
Los bancos de leche representan mucho más que un programa médico. Son un ejemplo de cómo la ciencia, la organización comunitaria y el espíritu de servicio pueden unirse para ofrecer esperanza a quienes más la necesitan. Son también una invitación para que las organizaciones de servicio continúen impulsando proyectos que, aunque muchas veces pasan desapercibidos, producen un impacto profundo y duradero en la sociedad.
Porque, al final, pocas acciones expresan mejor la grandeza del ser humano que compartir aquello que da vida para que otro pueda comenzar la suya.